El imperio chino
El gran dragón asiático se convierte en el mayor exportador del mundo y Cádiz es testigo de su conquista comercial

China siempre fue un gigante asiático dormido y que nunca perecía despertar. Su revolución comunista fue una escena más para los ojos del mundo. Independientes de cualquier otra cultura que les rodease, se opusieron desde el principio a seguir los mismos pasos que sus colegas soviéticos. Ahora, con un mundo en crisis, China se alza como la futura potencia mundial y, sobre todo, comercial.
Durante años hemos visto como muchos comercios de este país asiático han ido apareciendo en nuestras calles. Se dedican desde a la alimentación hasta bazares pasando por bisutería y tiendas de ropa. Tan solo tenemos que dar la vuelta a la etiqueta de nuestra camiseta o pantalón y veremos esa conocida frase que dice 'made in China'. Grandes multinacionales como Nike, Desigual o el conocido Zara fabrican muchos de sus productos en el gigante asíatico ya que les supone una mano de obra barata y que no conoce limites laborales. Y es que este país tiene una gran historia comercial que se remonta a la Ruta de la seda y se está adaptando a un nuevo mercado mundial. En algunos casos han pasado de ser fabricantes y proveedores a directamente fabricantes y vendedores.
Las cifras hablan por si solas. En el polígono industrial de Fuenlabrada, el más grande de España, el 95 por ciento del terreno ha sido ocupado por almacenes chinos y muchas son las empresas españolas que denuncian que es imposible abrir en ese lugar. Los datos estadísticos advierten un aumento de más del 80 por ciento de los negocios chinos. Pero tampoco hay que irse tan lejos, en el polígono industrial sevillano Store la gran mayoría de proveedores de productos son chinos. Sus productos no sólo se venden en las conocidas franquicias occidentales sino que están creando sus propias franquicias comerciales que compiten con los grandes con calidades parecidas y precios mucho más bajos.
Nice Girl, una franquicia china instalada en Cádiz es ejemplo de ello. Y aunque su país de procedencia sea el gran dragón asiático, nadie se lo llegaría a imaginar. Un diseño similar al de las modernas tiendas de Zara o Springfield, empleadas jóvenes, españolas y con el mismo patrón que siguen las dependientas de las otras franquicias occidentales. Sus propietarios empezaron hace ya tres años con una tienda, ahora poseen tres en varios puntos estratégicos de comercio en el centro de Cádiz.
El propietario, Luis Nhu, cambia de cara cuando se le pregunta sobre quién es el propietario de la franquicia. "Bueno, yo no soy realmente el propietario, se trata de un negocio familiar y yo contribuyo en lo que puedo. De las tiendas se ocupa mi mujer, yo suelo estar en un restaurante que tenemos en Chiclana", explica Luis Nhu. Esto nos lleva a preguntarnos sobre la forma que tienen estos negocios para financiarse inicialmente y más con una época de crisis.
Muchos, sobre todo aquellos que conforman la competencia, aseguran que el dinero que estos comerciantes asiáticos están manejando es dinero negro, es decir, que la mafia china esta detrás de toda esta financiación. Sin embargo, una de las principales razones de este gran capital inicial para abrir sus comercios es que existen grandes empresas asiáticas detrás de estos proyectos que financian muchos de los comercios que se están instalando, incluso el Gobierno chino está impulsando a que se creen comercios en el extranjero.
También el Gobierno español subvenciona a los ciudadanos chinos que empiezan en nuestro país. Muchos se preguntarán el porqué. Esto se debe a una serie de convenios entre nuestro país y China por el cual España instala empresas en el gran gigante asiático, pero a cambio de que se financie a los empresarios chinos que vengan a nuestro país para montar su negocio. Esta subvención consiste en una financiación durante los seis primeros meses en los que han abierto su establecimiento.
Con subvenciones o sin ellas, lo que está claro es que estamos ante un fenómeno que llegó a nuestras ciudades hace años y que ahora nos estamos empezando a percatar de la fuerza que tiene. Los comercios abren y cierran, y más aún cuando la crisis llama a la puerta. Pero esto no ocurre con los comercios chinos, ellos han llegado para quedarse. Empiezan, mejoran y se expanden en una actividad en la que no tienen competidor. No conocen el límite de trabajo. Abren de sol a sol y el domingo no descansan. Desde las calles del centro de la capital hasta el final de la avenida se comienza una nueva era de aquellos comerciantes con los que llevamos tratando cientos de años sin llegar a conocerlos totalmente.
Muchos son los empresarios españoles que denuncian irregularidades en los comercios asiáticos. Según estos comerciantes las facturas que presentan los ciudadanos chinos no están completamente justificadas, es decir, faltan datos como lo que se cobra por IVA o el IRPF. También denuncian el descontrol que hay a la hora de controlar estos comercios. Muchos aseguran que a estos comerciantes les resulta fácil cambiar de propietario al tratarse de un negocio familiar. "Cuando tienen algún problema, o necesitan otra subvención, lo único que tienen que hacer es cambiar el nombre de propietario por alguno de su familia y el nombre de la empresa. Con eso vale para que nadie pueda sospechar", explica José Álvarez Portillo.
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