
Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Insostenible
Tribuna libre
QUE Manolo Garrido es muy buena persona y muy buen cofrade, no solo era sabido por todo Cádiz, sino que se ha puesto de manifiesto estos días con motivo del Premio Emilio Bartus por la Cofradía de Jesús de la Paz. Galardón merecidísimo. Era de justicia y nos congratulamos por ello.
También se ha reiterado su trato afable y su carácter alegre, además de su "sorna gaditana", como alguien ha dicho de él. Pero creo, y lo afirmo desde mi experiencia personal, que Manolo Garrido además de todo eso es un gran maestro de cofrades, o un maestro cofrade, que es lo mismo en cuanto aquí interesa.
Tras mi llegada al Consejo, hace ya cinco años, con la primera persona que tuve el gusto de charlar largo y tendido en la sede, cada vez que me acercaba a la calle Cobos, era con Manolo, que allí, por la cercanía, pasaba largos ratos junto al mostrador de entrada con Antonio Gallarín, haciendo gala de esa prosa fácil y alegre que le caracteriza, recordando y rememorando anécdotas y curiosidades de tiempos pasados, que solo unos pocos conocen y guardan, acerca de nuestras hermandades.
Lógicamente siempre terminaba con un perdón, o con una cita al buen ladrón, o al ladrón malo, pues las figuras de su querida cofradía son para él la referencia en sus dichos y ocurrencias, con las que nos deleita la conversación.
Recuerdo en un acto cofrade, en el que el orador varias veces equivocando la disertación pidió perdón al público; al concluir el mismo Manolo, con esa gracia que le caracteriza, le dijo "Sólo has citado a mi cofradía, y además hasta cinco veces".
Pero Manolo no solo es un buen comunicador y un ameno dialogante, sino que atesora conocimientos y sapiencia cofrade como nadie, y además la difunde y propaga con la palabra y con el ejemplo.
Por esto, creo de justicia que a todas sus muchas cualidades personales recordadas estos días con motivo del Premio Bartus, añadamos la de su docencia cofrade, de la cual me considero un alumno, pues ciertamente corren tiempos difíciles en el mundo cofrade, y nos queda mucho por aprender a todos para no caer en los errores que todos los días estamos viendo de quienes confunden una hermandad con otra cosa.
Docencia con el ejemplo de su vida consagrada a sus hermanos en la fe, haciendo realidad la palabra hermandad día a día, y docencia con su palabra escuchando y animando a seguir tras la Cruz de Cristo, invocando su Perdón para todos.
Gracias Manolo, gracias Maestro. Cuídate, te necesitamos.
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