Enrique / García-Máiquez

Humanidades urgentes

de todo un poco

17 de julio 2013 - 01:00

EXISTE un desprestigio de las Humanidades que viene de lejos y que se deja sentir por todas partes. Con estos ojos he visto a padres tratando de evitar que sus hijos estudien letras, como si fuese una maldición o un oprobio. Yo, que tiendo a epicúreo, me he reído y he lamentado los placeres que esos progenitores vedaban a sus hijos.

El caso Bárcenas, por ejemplo, se llena de interés con cierta cultura literaria. La mismísima clave de nuestras sospechas late en El Lazarillo de Tormes, en la escena de las uvas y el ciego. Nadie discute que Bárcenas es un pícaro, pero el hecho de que el PP estuviese ciego, ¡ciego!, durante 23 años, ¡23!, mientras el tipo se levantaba 48 millones, ¡48!, nos trae a la memoria el silogismo del clarividente patrón de Lázaro: "Si yo comía de dos en dos y no protestabas, tú, ¿de cuántas en cuántas uvas comías?". No es argumento jurídico, desde luego, pero ahí está, en el subconsciente de la opinión pública, minando la credibilidad de las protestas de ahora del PP contra "el presunto delincuente", ¡ahora!

Hay otro detalle que se entiende mejor acompañado de un buen fondo de lecturas. Ha declarado el pícaro en sede judicial que, por su silencio, el PP le ofreció la cabeza de Gallardón. Una cabeza en bandeja de plata tiene siempre un sabor bíblico que no se lo salta ni Salomé. En este caso, tiene también tintes shakesperianos. No sólo porque algo de la cabeza de Gallardón recuerda a Otelo, sino por el golpe de daga veneciana que su enmarañada intriga a tres bandas supone. Sabiéndose que Rajoy ha metido en un cajón la reforma del aborto por desavenencias personales con su ministro de Justicia, la cuestión (verdadera o falsa) tiene verosimilitud. Por otro lado, rebota contra Rajoy, al que deja retratado como alguien ya predispuesto a amañar el proceso, si pudiera. Y finalmente, coloca, con un leve giro de muñeca, a Gallardón el Insobornable en primera línea para suceder a Rajoy, se amedrenta a éste con un acreditado fantasma, se echa carnaza a la ambición de aquél y se espolea a Esperanza Aguirre.

Más a fondo, sólo un conocimiento profundo y milenario del alma humana y de los engranajes del poder nos permitirán al final entender lo que ha pasado. Incluso quizá podría haberse evitado todo este espectáculo con la escala de valores que proporciona la recta filosofía. Ahora al menos las humanidades nos ayudan contemplarlo todo con mejores vistas.

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