Enrique / García-Máiquez

Igualdad no es machismo

Su propio afán

08 de diciembre 2015 - 01:00

IGUALDAD no es machismo, del mismo modo que feminismo no es igualdad. Lo segundo está a la vista a cuenta de la discriminación positiva de leyes como la de violencia de género, que castiga más la del hombre contra la mujer que viceversa, basándose en que la primera es más frecuente, como lo es, y olvidando que ambas son igual de graves, como lo son. Pero eso está ya muy dicho, y también las tímidas protestas a las cuotas y las listas cremalleras, que imponen a las mujeres por su género y no por su valía.

Así que hoy vengo a lo de hoy, que es asombrarme de que se tilde de machista a Pablo Iglesias porque haya llamado en público (tal vez antes lo hizo García-Margallo por la espalda) "menina" a doña Soraya Sáenz de Santamaría. Se califica de un acto imperdonable de rancio machismo; pero humildemente lo veo como un signo de modernidad y normalidad. ¿Acaso no llaman "naranjito" a Rivera, "coletas" a Iglesias o "don Tancredo" o "estafermo" a Rajoy y Brey, y no hay escándalo? Si Soraya o Susana o Teresa Rodríguez van a ejercer la política en el plano de igualdad que todos queremos y en que tienen que hacerlo, no podemos poner cara de susto decimonónico y ñoño cada vez que algún rival les falte del mismo modo que hacen todos -incluidas ellas- con los contrincantes varones. Ni siquiera para los insultos de peor estilo, como el de ése que ha llamado "fondona" a Begoña Villacís, habría que salir con lo del machismo: basta con señalar su mal gusto. ¿O alguien acusó a nadie de "feminismo" cuando les dio a todos por reírse de las tetillas caídas de Rajoy haciendo running?

Recurrir corriendo al feminismo resulta, encima, contraproducente. Si el pueblo soberano no percibe (y el pueblo percibe más de lo que parece) que ellas juegan con el mismo grado de implicación y riesgo, no acabará de verlas como auténticas candidatas a ocupar la primera línea de la política, como deberían y no están, que sólo tenemos candidatos varones a la presidencia.

Resulta más ridículo aún acusar de machista a Pablo Iglesias porque lo de "menina" no era un insulto que se agotase en sí mismo, sino un nombre novelesco puesto sibilinamente al servicio de la denuncia de un posible pacto postelectoral. Los que se quedan gritando: "¡Machismo, machismo!", se pierden las sutilezas políticas de la denuncia de la "Operación Menina" (que encuentro magistrales) y tampoco analizan su veracidad (que juzgo escasa).

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