Descifrar el código de la realidad

La Asociación Asperger cuenta con presencia en centros de la capital, Jerez y Los Barrios La pronta detección, entre los 7 y 8 años, clave en el buen desarrollo del síndrome

Un momento del taller de Relaciones Sociales impartido en el local del TEA en Cádiz.
Un momento del taller de Relaciones Sociales impartido en el local del TEA en Cádiz.
Pilar Vera Cádiz

22 de febrero 2015 - 05:01

El código Matrix existe. La realidad al completo está formada por líneas y líneas de programación que flotan en el aire, listas para ser descifradas. La mayor parte de nosotros leemos el código como si tuviéramos un chip de implantación de serie. No siempre es tan fácil: basta con alterar un poco las coordenadas geográficas para que no sepamos interpretar el programa (o el programa no nos integre). Tal vez en otro lugar hablar de dinero sea tabú, o el buen tiempo sea el mal tiempo, o se diga sí negando con la cabeza. Si uno lo piensa, no es tan difícil perderse.

Algo parecido es lo que les ocurre a los afectados de Asperger. No es un enfermedad ni una discapacidad, no es -tampoco- una forma débil de autismo, aunque está clasificado dentro de los trastornos de espectro autista (TEA). Un Asperger tiene dificultades, por ejemplo, para interpretar el lenguaje no verbal, para pillar los dobles sentidos, para concentrarse en tareas rutinarias. Si algo llama su atención, sin embargo, pueden destacar muchísimo en ese campo.

Para L.M.R. el gran problema es la dispersión, el pasar mucho tiempo concentrada en una misma tarea. También se distrae cuando alguien está hablando. Algo que puede parecer tan simple como seguir una receta de cocina, a L. se le hace un mundo. Esa es parte de su tarea cotidiana, seguir listas y pasos. En una línea parecida, A.A.M. se aburre enseguida de hacer siempre lo mismo.

Para Simón, la principal dificultad está en coger el hilo del discurso. "La gente habla muy rápido -dice- y en voz muy alta". Encuentra difícil vencer la timidez pero, cuando lo hace, dice que habla mucho. Javi apunta que le cuesta ser el primero en empezar a hablar y que también se distrae mucho: "Aunque de pequeño, en el colegio, no hablaba nada de nada".

Todos ellos forman parte del taller de Relaciones Sociales que imparte la Asociación Asperger y TEA en Cádiz. Unos talleres en los que se les enseña a tener objetivos y en los que hacen roleplay, se graban, obtienen claves de empatía o se les explican los dobles sentidos del lenguaje. "Gran parte de todo este esfuerzo -dice una de las psicólogas al cargo, Yolanda Amar- está encaminado hacia el mercado laboral pues la meta primera, la que desean todos, es la de la autonomía. "Algo de lo que son más que capaces", señala Yolanda.

Por supuesto. Javi hace Administración de Sistemas Informáticos en el Instituto Fernando Aguilar y le encantan los juegos de ordenador. A.A.M. está en un módulo de cocina de El Puerto y le apasiona el cine; L.M.R -a la que le encantaba perderse en un libro cuando era pequeña- estudia Filología Hispánica y Simón (que insiste en aparecer como Simón Harukaze) hace Administración y Finanzas en el Manuel de Falla de Puerto Real. Las psicólogas apuntan que saca muy buenas notas, pero lo que a él realmente le gusta es el manga, al que se dedica desde hace tiempo (Harukaze es su nick). Dibuja muy bien, dicen todos. "¿Sabes que el creador de Pokemon también era Asperger? Le encantaban los arcade y los insectos".

"Yo quiero ser capaz de hacer cosas que hace la gente corriente -dice Simón Harukaze-. Demostrar que no soy un inútil. Sobre todo, a la gente que lo piensa".

Todos ellos comentan lo difícil que fue encajar durante la infancia. La mayoría se van dando cuenta de que hay algo que no funciona de manera progresiva: "Si me veían en el recreo sola, hablando, moviendo las manos o alguna cosa así, se reían -cuenta L-. Sufrí rechazo y acoso escolar. Por eso me gustaba más meterme en un libro y perderme en mi propio mundo que cualquier otro plan". "Igual que yo -la secunda Simón-. No paraba de hablar de cosas que aburrían a la gente y parecía molestarlos". A Simón y A.A.M los diagnosticaron pronto, pero tanto en el caso de L. como en el de Javi -al que definieron como Asperger a los 18 años- tardaron más en dar con la clave. De hecho, la tardía o errónea detección ha sido durante mucho tiempo la bestia negra del SA. "Afortunadamente -dice Yolanda Amar-, esto es cada vez menos frecuente. Nosotros tenemos talleres con muchos niños de siete u ocho años, y vemos cómo avanzan. A partir de esa edad se puede ir evolucionando mucho en el aspecto social. Ellos mismos también ven que pueden tener amigos en los que apoyarse. Ahora hay más información y también está el trabajo de los orientadores. Cuando tratas a un autista y a un Asperger -continúa-, sí que aprecias las diferencias y ves a qué nivel tan distinto funcionan cada uno. Por eso es tan importante la detección, el pronóstico y la evaluación".

Los siete u ocho años suelen ser la franja en la que pueden aparecer las señales más obvias: es la edad en la que se concreta la socialización. ¿No tiene el niño amigos de su edad? ¿Está solo en el recreo? ¿Sufre acoso? ¿La clase de gimnasia es problemática? ¿No le invitan a cumpleaños?

"De adolescente -comenta Simón-, ya me daba un poco lo mismo y quería ser igual que los demás, así que empecé a decir a los amigos que era Asperger ".

Lo social sigue presentando dificultades. L. tiene su pequeño círculo de amigos pero Simón asegura que, a pesar de todo, a veces nota "cierto pasotismo. Parece que los problemas no importan mucho". A.A.M. comenta que en su módulo los alumnos son mayores y eso lo hace "más difícil". Javi no está muy seguro de que sus compañeros lo entiendan: "Si pido ayuda, sí que me ayudan", admite.

En los últimos años, tal vez fomentado por la protagonista de Millenium, el síndrome se ha colado en la narrativa de libros y televisión. Asperger es también, por ejemplo, la detective protagonista de The Bridge (Bron). Sheldon Cooper es un Asperger pasado por el matiz de la comedia. Incluso el Sherlock de Benedict Cumberbatch incluye en su perfil rasgos de aspie. Yolanda y Begoña Rodríguez, las responsables del grupo, opinan que esta visualización tiene un efecto positivo: "Obviamente, algunos personajes presentan unos rasgos de Asperger y otros, otros. Puede que no sean cien por cien exactos -explican-. Pero creemos que es algo bueno respecto a lo que tiene de normalización. De hecho, nosotros los ponemos muchas veces como ejemplos en los talleres. Que se popularice sirve para que, tal vez, después de ver un episodio, uno busque Asperger en Google y se haga una idea de lo que estamos hablando".

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