La puesta a punto del Real Carenero
El primer arsenal de la Bahía ultima su rescate con el grabado en negro del avitolado entre los sillares y la consolidación de los restos arqueológicos correspondientes a la zona más antigua del histórico complejo

A punto de concluir la primera fase de intervención en el histórico baluarte conocido como 'Lugar de la Puente', el Real Carenero espera impaciente a poder lucir, en todo su esplendor, el aspecto con el que los habitantes de la Bahía lo concibieron hace ahora más de dos centurias.
Los problemas burocráticos surgidos tras aprobarse la partida presupuestaria para la primera fase del proyecto -400.000 euros destinados a la recuperación del Carenero y las baterías circundantes- provocaron un parón que ha mantenido al primitivo astillero en el limbo hasta la reanudación de los trabajos durante el pasado mes de junio. Un total de 20 meses que los isleños han aguardado con impaciencia para poder admirar los resultados de este rescate patrimonial programado incialmente de cara a los eventos del Diez, y que ha alargado su recta final hasta el Bicentenario de La Pepa.
Así, el ocre ha invadido la cal de unos muros aún pendientes del último paso: el grabado en negro del avitolado entre los sillares -esto es, el espacio resultante de la formación de las juntas-, así como el arreglo de los desperfectos surgidos por la acumulación de agua en la zona.
Esta fase estará cerrada una vez se consoliden los restos arqueológicos identificados como la casa del maestranza y de los que, sin embargo, no se prevé reconstrucción alguna. Dichos restos, además, forman parte de la zona más antigua del Carenero (siglo XVI) junto con el puente y la armería; una construcción cuadrangular que, en tiempos, albergó también la capilla y la casa del capellán.
Queda descartada, por tanto, la teoría que ubicaba a la iglesia en lo que en realidad no es más que el portalón de acceso al astillero. Si bien está documentado un intento infructuoso para hacer de éste un edificio parroquial ya entrado el siglo XIX y de ahí los vestigios de arcos fajones que se disponen en su interior. La iniciativa, desechada ante el inmintente ataque de los franceses, relegó al olvido su única huella cuando esta cubierta desapareció para llevar a cabo la instalación en el lugar de diversos negocios no vinculados a la actividad carenera.
El portalón, que responde a un programa de ampliación materializado en el siglo XVIII junto a los almacenes que lo flanquean, será protegido con una cubierta de alabastro para conservar el aspecto conocido por todos pero recordando, al mismo tiempo, sus funciones en el proyecto original.
La buena noticia es que los Ayuntamientos de San Fernando y Puerto Real estarían de acuerdo en solicitar a Defensa la cesión de una placa que antaño perteneció a esta fachada y hoy se expone, junto al escudo original del frontispicio, en los jardines del término municipal de San Carlos. Así mismo, el Consistorio isleño repondría los relieves en piedra que flanqueaban el citado escudo hasta su inclusión en el inventario del Museo Histórico Muncipal, y que fueron vistos por última vez durante la exposición organizada hace ya varios años en la casa Lazaga.
Nada nuevo se sabe, por contra, de la segunda fase del proyecto, concerniente a la rehabilitación del puente Zuazo, desde que el regidor isleño, José Loaiza, confirmara la intención de no continuar los trabajos dada la situación económica actual y lo elevado de la inversión requerida (18 millones)
Los isleños seguirán esperando, por tanto, a que la construcción más señera de San Fernando despierte de su eterno letargo.
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