Fallece el artista gaditano Luis Quintero

obituario

El creador de esculturas como el Pájaro-jaula o la estatua de Fernando Quiñones ha muerto a la edad de 54 años

Luis Quintero con una de sus obras, el 'Pájaro-Jaula'
Luis Quintero con una de sus obras, el 'Pájaro-Jaula'

Luis Quintero ya no está, se fue anoche rodeado de amor, cuentan sus amigos más cercanos, tras los padecimientos de un cáncer contra el que estuvo lidiando en los últimos tiempos. Luis Quintero ya no está pero hoy recorremos esta ciudad, Cádiz, trufada con su obra y sabemos que un poquito de este artista nacido en nuestra tierra se ha quedado con nosotros.

De sus manos y su cabeza salieron el monumento a la Constitución (pájaro-jaula) que nos espera al cruzar las Puertas de Tierra, el tributo a la Libertad de Expresión (Candado) que significa tanto para nuestro oficio y que se levanta en la glorieta de los periodistas, el Ory travieso de la Alameda y el Quiñones vigilante de la puerta de La Caleta.

Pero Luis Quintero Brea (Cádiz, 1963) fue un artista de formación autodidacta y multidisciplinar que no sólo desarrolló su actividad creativa a través de la escultura. La fotografía, la pintura y el collage también fueron terrenos cultivados con solvencia por el autor de otros monumentos públicos como la Pirámide homenaje a los desplazados de Cádiz, en el cementerio de Chiclana, o el homenaje a Carlos Castilla del Pino en San Roque.

Los restos del artista serán incinerados a las once de esta noche

Quintero, que fallecía anoche en su casa de Chiclana y cuyo cuerpo fue trasladado al tanatorio de esta ciudad donde sus restos serán incinerados a las once de la noche de hoy viernes, fue un artista prolijo, además de una persona muy querida por todos aquellos que lo conocieron. Buena cuenta de ese amor se refleja hoy en las redes sociales con palabras de cariño y recuerdo de parte del mundo cultural gaditano. Una de sus últimas apariciones públicas fue el pasado mayo cuando fue recibido por el alcalde de Cádiz, José María González, en el Ayuntamiento durante una reunión en la que hablaron de la obra del artista.

La obra de Luis Quintero no sólo la podemos encontrar por las calles de nuestra ciudad, también en instituciones públicas como la propia colección de arte del Ayuntamiento de Cádiz (colección Hércules), la de arte contemporáneo de Diputación (colección Aduana), en el Museo del Dique en Puerto Real, en la Galería Sen, en la colección de Cajasol en Sevilla o en el Museo Cruz Herrera o el propio Museo de Cádiz al que, por ejemplo, hace más de 10 años donó su obra ‘Cadenas’, una pieza realizada en bronce y acero que representa a un hombre atado mientras ve el televisor y que tanto se erigía como una crítica a los medios de comunicación como un reflejo de la propia postura del artista ante el arte contemporáneo, según explicaba el propio Quintero en la presentación de aquella obra que, paradójicamente, fue escogida por Televisión Española como imagen de su felicitación navideña en su cincuenta aniversario.

Exposiciones en la provincia de Cádiz, Sevilla, Málaga, Madrid, Bilbao, Santander o en países como Holanda y Finlandia han llevado su producción por diferentes partes del país y de Europa erigiéndolo como uno de los artistas andaluces más interesantes de su generación. Además, Quintero también participaba en iniciativas culturales populares y de raigambre ciudadano como aquella primera Ruta Quiñones para la que Quintero hizo su cartel, el primer cartel.

“Siempre he estado interesado en aprender. Creo que siempre se asimilan cosas nuevas si uno se conserva en un estado de observación adecuado, y por otra parte me aterra pensar en esa otra postura del que cree que ya sabe lo suficiente. La realidad es algo que hay que ir desentrañando y no algo que se absorbe de golpe. Soy un eterno aprendiz. El arte, tal vez a diferencia de otras disciplinas, no progresa, sino que evoluciona”, dejó dicho este constante buscador de impresiones, este hacedor de sensaciones que desde pequeño se dio cuenta de su habilidad para el dibujo al que se dedicó “con todas mis fuerzas y debilidades”, dijo, cuando quedó libre de sus obligaciones académicas. “A los 18 años, conseguí algo de dinero vendiendo mi colección de discos y una flauta travesera y me fui a Holanda. Aquello fue determinante para mí: pude visitar museos y conocer a gente que vivía de lo que creaba. Resistí unos meses por allí, vendiendo algunos dibujos e incluso me editaron un par de posters. Cuando volví, entré de aprendiz en una marmolería, donde estuve tres años aprendiendo los entresijos de la piedra y, en el tiempo libre pintaba, participaba en conciertos y devoraba todo lo que caía en mis manos que guardase relación con el arte”. Y ya no soltó al arte, ni el arte soltó a Quintero que lo abrazó para reflexionar sobre la libertad, la opresión, el paso del tiempo, la vida y la muerte. Para, si acaso, abrir más preguntas (¿qué otra cosa se puede hacer cuando no hay respuesta posible?) en los lienzos en blanco que han inquietado al hombre desde el principio de los tiempos (¿no es acaso éste el cometido del arte y el pensamiento?). Luis Quintero se fue, y no se ha ido.

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