Enrique Gª-Máiquez

¿Cómo estás?

Su propio afán

No soy capaz de oír que me preguntan "¿Cómo estás?" sin un temblor, como si se pidiera examen de conciencia

18 de abril 2017 - 02:02

La Semana Santa es tan corta que parece una ducha escocesa. De golpe: vacaciones, vienen los veraneantes (¿semanaseantes?), los recibimos, se despiden, volvemos al trabajo, saludamos a los compañeros… Pasamos estos días diciendo "hola" y "adiós". Lo que nos aboca al peliagudo tema del "¿Cómo estás?"

En el pedagógico ensayo colectivo Noblesse oblige, Nancy Mitford sugiere que no es nada aristocrático contestar "Muy bien". Hay que repetir la pregunta, como un loro, que es algo muy de señora inglesa. "How do you do?", te dicen, y tú vas y replicas: "How do you do?" En esto, al menos, son admirables. ¡Cuánto saber estar!

A los españoles, tan ceremoniosos, nos resulta muy grosero esquivar la respuesta como un político en una rueda de prensa. Ignoramos que, en realidad, lo importante de los saludos es mostrar la alegría de verse y el interés más o menos sincero en el bienestar del reencontrado. No caemos en que, si te pones a contestar cómo estás, parece que no te interesa nada el otro, exceptuando su entrañable interés por ti. Como aquel escritor que, tras media hora comentando, en efecto, cómo estaba, le dijo al fin a su interlocutor: "Y ahora hablemos de ti, dime, ¿qué te ha parecido mi libro?"

Luego está el problema de la sinceridad de la respuesta, que los británicos resuelven haciendo el eco y ya está. Pero nosotros, ¿qué contestamos, eh? Hay una finura de espíritu que no entiende fronteras ni de usos sociales y que instintivamente rehúye la tesitura con una media verónica o con una revolera de humor. Por ejemplo: "¿Que cómo estoy? Peor que tú, como salta a la vista". O mi preferida: "Muy bien… ¿o te lo cuento?" Y la tétrica: "Un poquito mejor que muerto". A los menos salerosos, siempre nos quedará el gerundio, que se dice rápido: "Tirando" o "Luchando". Qué curioso, por cierto, que cuando uno responde "muy bien", nadie cuestiona nada, conscientes todos de la fragilidad del bienestar y la dicha. En cambio, como alguno responda "regular", está abocado a un interrogatorio minucioso.

No olvidemos la dimensión metafísica del "¿Cómo estoy?" No soy capaz de oírlo sin un temblor, como si fuese una llamada al examen de conciencia. Ríete del "Ser o no ser" hamletiano. Que soy, ya lo sé; lo inquietante, desde un punto de vista existencial, es "¿cómo estoy?". Que en estos días se concentren tantos, de ida y vuelta, de turistas y compañeros de trabajo, nos pone en un brete.

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