Enrique Gª-Máiquez

Wonder Woman

Su propio afán

Wonder Woman es tan buena que, a pesar de sus poderes, no minusvalora nunca al sexo débil

23 de julio 2017 - 02:08

Jane (Austen) y yo lo comentábamos hace unos días: los hijos pequeños son una carcoma para los muebles; pero tienen sus compensaciones. No la mayor, aunque también se cuenta entre ellas, que nos lleven al cine a ver películas infantiles. Algo así como lo que decía Camba de los perros que sacaban a pasear a sus amos. Gracias a mis hijos, he visto películas estupendas que me han hecho olvidar el desfondamiento de la rejilla de las hamacas.

La última, Wonder Woman. El título hace honor a la protagonista y viceversa. Lo de menos en las películas de superhéroes son sus superpoderes. Al principio son una facilidad que aniquila cualquier emoción de la historia, convirtiéndoles en unos abusones del bien. Hasta que aparece un supervillano con poderes terribles y se restablece la igualdad y, con ella, el peligro y, con él, la épica. La conclusión implícita es que nosotros también podemos ser superhéroes, porque nuestros malvados no tienen superpoderes y partimos, por tanto, del mismo equilibrio esforzado de fuerzas.

Wonder Woman tiene sus poderes, y su encanto. No es el menor que blanda espada, porque, como zanjó Julio Martínez Mesanza: "Hay algo noble en todas las espadas". La espada porta un poder simbólico que nos atraviesa el corazón. Tanto que se siguen desenvainando incluso en el futuro, véase La guerra de las galaxias; y siempre en los tiempos míticos de El señor de los anillos o Juego de tronos. La espada, según Cirlot, es la antítesis de los monstruos.

Espadas aparte, el atractivo de la chica maravillosa está más en el woman que en el wonder. Hay un mensaje feminista en la película, pero increíble. Equilibrio no hay con los hombres que rodean a Wonder Woman, eso sin duda, pero es tan buena que nunca minusvalora al sexo débil. Los admira y hasta se enamora muy bien enamorada de uno. Y está tan segura de sí misma que se puede permitir rasgos radicalmente femeninos, como el interés por la moda y, sobre todo, el fervor por los bebés. No se había visto una cosa así desde Elastic Girl de Los increíbles. Esperemos que el mensaje no sea que, en estos tiempos, para ser femenina y conciliar hay que tirar de superpoderes, aunque bien podría serlo. Lo de los bebés sorprende, porque el feminismo y el ecologismo y todos los ismos modernísimos han dado en una furiosa bebefobia. Wonder Woman es mucho más lógica: si ella ha venido a salvar el mundo, ha de ser para alguien, ¿no?

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