100.000 ideas sobre la unión entre Cádiz y sus muelles. Y la ciudad sin avanzar
EL PASEANTE
Vuelve el debate sobre qué hacer en el suelo portuario vacante
Se deja a un lado la visión de Bahía y, también, la visión global de la ciudad
"Dejémonos de ocio y piscinitas en el puerto de Cádiz"
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TODOS, y más en Cádiz, tenemos nuestra opinión sobre todo, aunque no entendamos del asunto debatido, aunque no tengamos información sobre el mismo, aunque nos dé igual lo que pase o deje de pasar sobre la cuestión.
Estamos como en las tertulias de la radio y la televisión, que lo mismo hablan de Ucrania que de la dana de Valencia o el recorte de la deuda autonómica.
Ahora, aquí, estamos con el debate sobre cómo desarrollar la conexión entre Cádiz y sus muelles, ahora que en nada de tiempo quedará libre la antigua (que no por años) terminal de contenedores. Un mero intermedio ciudadano, más pendientes de quiénes van a pasar a la final del concurso del Carnaval y, sobre todo, pendientes de la final.
Un grupo de antiguos concejales de la ciudad han montado un colectivo para hablar y debatir sobre la ciudad. Lo último ha sido analizar el proyecto de conexión Cádiz-Muelle y dar sus propias ideas sobre lo que hay que hacer y lo que no.
Leído y oído lo dicho ante un reducido público (con una notable ausencia de gente joven) queda claro que en Cádiz hay 100.000 ideas diferentes sobre qué hacer con este suelo. Tantas como gaditanos vivimos en esta tierra (y que ya hemos pasado los años del chupete). Y que así nos podemos llevar años y años hablando y sin que nada avance.
Por lo pronto, alerta que el concepto de Ciudad-Bahía pasase de largo durante buena parte del debate. Ni cuando se habló de la necesidad de vivienda, ni cuando se habló de la creación de empleo. Es tremendo como vemos pasar el tiempo, como escuchamos a unos y a otros, ignorando que nuestro futuro más inmediato está en la Bahía. Así de claro.
Hablaron de la apuesta por la I+d+I, con un centro tecnológico en el suelo portuario, ignorando que el suelo es el que hay y que el desarrollo futuro de este hipotético complejo quedaría comprometido por este espacio tan limitado. Ignorando también que la Zona Franca aún tiene espacio libre en la antigua Altadis, e incluso en la necesaria reordenación del polígono exterior.
Pero, sobre todo, ignorando que son las Aletas (con Lógica) y El Trocadero, los espacios naturales y bien conectados para este modelo económico.
No solo se ignora en este debate a la Bahía. También se pasa de largo por el resto de la ciudad.
Un análisis sobre las necesidades de la ciudad
Volvemos de nuevo a pensar en espacios limitados. Que tenemos un solar nuevo, un palacete vacíos, una plaza anticuada o un suelo portuario que se va a quedar sin uso... pues planteamos actuaciones pensando solo en estos suelos.
Ese es uno de los grandes errores cometidos por esta ciudad en los últimos años. Nos ha faltado una visión global de la ciudad. Desde La Caleta hasta el Río Arillo. Ver los 14 kilómetros cuadrados que tenemos para vivir, ver cuáles son nuestras necesidades y nuestro potencial. Y a partir de ese momento planificar absolutamente-toda-la-ciudad con una visión común. Una visión siempre coordinada, por supuesto, con la Bahía, para lo que sería necesario que los restantes municipios de este área estuviesen en la misma onda.
Pero no vamos por ahí. Hablan del complejo tecnológico y parecen que desconocen el resto de la ciudad. Hablan de aparcamientos y parece que desconocen por donde deben ir las tendencias de movilidad y sostenibilidad urbana (y aquí también comenzamos a ir con retraso). Hablan del número de bares, de las salas de fiestas, de los espacios de atracción del turismo y la cultura ignorando datos y sin visión de futuro.
Y así estamos. Nos hemos llevado unos cuantos años convocando mesas de debate con otras universidades, con especialistas. Con estudiantes de Arquitectura de medio país pintando cómo verían la conexión muelle-ciudad (muchos sin tener ni idea de cómo es esta ciudad, por cierto). Se ha cambiado lo pintado sobre el papel según gobernase la izquierda o la derecha. Unos que quieren viviendas, otros que quieren aparcamientos; los hay que defienden los espacios de ocio y los que quieren mantener el uso portuario.
Tal vez habrá que decir: “hasta aquí hemos llegado”. Quienes gobiernan tienen la obligación de gobernar y de tomar decisiones sobre la ciudad. Para unos serán acertadas y para otros un error. Pero lo que no se puede es tener todo parado mientras que otras capitales de nuestro entorno van al alza, y nosotros nos podemos quedar más estancados de lo que ya estamos.
Asumamos (y aquí usamos eso de las 100.000 ideas) que este no es suelo para más viviendas; que el acceso del coche debería de estar más limitado, sobre todo si alguna vez el Ayuntamiento es capaz de sacar adelante la Zona de Bajas Emisiones en el casco antiguo; que sí es esencial una red de transporte público potente, con autobuses y con tranvía, y con una red de carril bici adecuada.
Asumamos que nuestra zona de desarrollo económico (más allá del muelle y el astillero) está en el recinto fiscal de la Zona Franca y los espacios de expansión en Puerto Real.
Asumamos que Cádiz necesita de una vez por toda reinventarse, como lo ha hecho en infinidad de ocasiones a lo largo de su extensa existencia.
Este Cádiz del primer cuarto del siglo XXI nada tiene que ver como el que hace 60 años aún vivía de su equipamiento industrial, de su muelle pesquero e incluso de su comercio de toda la vida.
Hemos cambiado, como todo lo que nos rodea, pero sin tener claro el rumbo que deberíamos de tomar.
Hoy somos una ciudad donde gana peso el turismo, la cultura y la defensa de su patrimonio histórico, pero sin ser capaces de dar pasos esenciales que garanticen un crecimiento sostenible en defensa de nuestros vecinos y de nuestro propio entorno.
Hay que dar pasos valientes para ordenar el turismo, evitando la aún lejana masificación. Hay que volcarse en inversiones que nos permitan recuperar nuestro patrimonio (las fortificaciones militares como gran polo de atracción), y contar con una programación cultura ambiciosa.
Hay que defender el comercio singular, que necesita para su subsistencia vecinos con buena capacidad adquisitiva. Y para ello hace falta empleo bien remunerado.
Y hay que evitar, de nuevo en clave Bahía, que se nos vaya el talento. Que los jóvenes bien formados tengan que irse a otras provincias, a otros países simplemente porque aquí no somos capaces de avanzar. O porque en la Bahía no hay viviendas.
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