Arquitectura más exigente

Un manual selecciona cien edificios que se adaptan a grandes desafíos

Virginia León

01 de abril 2016 - 06:46

Arquitectura en situación extrema. Arquitectura erigida en espacios imposibles hasta transformarlos en lugares perfectamente habitables. De esta ambiciosa arquitectura habla la obra El futuro de la arquitectura en 100 edificios, de Marc Kushner (Ted Books). Un manual que convierte en admirador del arte de proyectar al más profano, exhibiendo auténticas maravillas del presente y el futuro repartidas por todo el planeta. Todo un muestrario de la arquitectura más exigente.

En él desfilan, por ejemplo, un pabellón hecho de papel, una sala de conciertos infable, un laboratorio que parece caminar en la nieve, una estación de esquí construida por encima de los 3000 metros, un pabellón planeado nada menos que para observar renos salvajes en pleno centro de Noruega, un hotel en pleno Parque Nacionalo Thinvellir (Islandia) concebido para desconectar observando la Aurora Boreal o cabañas que parecen ponerse de puntillas en homenaje al escenario que las envuelve, en la baja California, México.

Son algunos de los mágicos lugares que sirven en bandeja al lector la reflexión más rotunda que hace su autor: Los nuevos medios digitales dan más poder a las personas y esto repercute en mejores edificios que hacen mejores ciudades que a su vez construyen un mundo mejor.

Por eso clama un mundo salpicado de edificios que se adapten a nosotros, como los de las magníficas fotografías de estaselección totalmente subjetiva de esta arquitectura más arriesgada, alejada de toda convencionalidad. Es su forma de decirnos que se debe demandar más a la arquitectura, tanto en el hogar familiar, como en la oficina o en la escuela a la que envías a tus hijos. Porque, según explica Kushner, "estos lugares no son sólo el trasfondo de tu vida, sino que le dan forma. Definen con quién te encuentras, qué ves y cómo lo ves".

Una arquitectura que para el autor de la obra incide en los sentimientos de las personas a diario, pues es dentro de los edificios donde pasamos buena parte del día, marcando por tanto nuestra vida. De ahí su deseo de pedir más a los edificios que nos cobijan.

Como neoyorquino que es ofrece el dato de que en EEUU pasan un 90 por ciento del tiempo entre cuatro paredes, mientras que muchos de los edificios privan de la luz natural y disponen de techos bajos, pasando por alto nuestras necesidades personales, sociales y ecológicas.

"Pero no tiene por qué ser así. Podemos pedir más a nuestros edificios", asevera, rotundo, al hilo de lo que denomina una revolución arquitectónica que ya está aquí.

Esta implicación del ciudadano de todo cuanto se construye en las ciudades, el flujo de opinión constante viene de la mano de las redes sociales. Cuesta menos hablar de arquitectura gracias a los 1.750 millones de teléfonos inteligentes vendidos por todo el mundo, "transformando nuestra manera de consumir arquitectura, convirtiéndonos a todos en fotógrafos de edificios que se comparten en estos medios". Es la forma en que actualmente se liberan los edificios de su ubicación geográfica para transportarlos a la palma de nuestras manos.

Por eso no sólo vemos arquitectura, sino que la experimentamos desde esta inmediatez sin precedentes que alienta, según el autor "el diálogo universal sobre los edificios y el impacto que tiene en nuestras vidas". Es cuando sale de los círculos de expertos y se adentra en la de todos los públicos. Se resumen en que los arquitectos tienen los conocimientos y el público voz y voto en este proceso. El de hacer una arquitectura más exigente.

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