El Doce saca los colores al Oratorio

El ambicioso proyecto de recuperación de San Felipe Neri, templo donde se elaboró la Constitución de 1812, ha descubierto tesoros artísticos y pinturas de santos, santas y ángeles en un buen estado de conservación

José Antonio Hidalgo

06 de diciembre 2010 - 06:53

Ojo con el Oratorio de San Felipe. El templo donde los diputados aprobaron la Constitución de 1812 esconde varios tesoros en su interior. Ocultos desde hace décadas, siglos, ahora comienzan a aflorar.

La conmemoración del bicentenario del texto de La Pepa tiene la culpa. Por él se ha emprendido una costosa rehabilitación, seis millones de euros, que va a recuperar para los ciudadanos del siglo XXI lo que pudieron ver otros ciudadanos, en este caso de dos siglos antes.

Si aquel 1812 se hubiera podido captar una imagen fotográfica del interior del templo cuando se discutía la redacción del texto constitucional, más allá de los rostros de los diputados la imagen nos hubiera dejado un edificio lleno de intensos colores, un edificio donde una paleta variada de tonalidades sacaba a la luz la intensidad de una arquitectura austera y robusta acompañada de imágenes y pinturas perfectamente adaptadas al entorno.

Hasta ayer, sin embargo, teníamos del viejo Oratorio una imagen insulsa, de colores apagados. Celeste y blanco. De bote, casi para salir del paso. Mal llenando hasta el último centímetro los muros desnudos.

Y digo hasta ayer porque la rehabilitación en la que está inmerso el edificio referente del Doce desde hace un año ha provocado un cambio de 180 grados en su imagen. Nada tiene que ver con lo que veíamos meses atrás. Cuando vuelva a abrir sus puertas el Oratorio será otro. No. Será el que fue hace dos siglos, con todo su esplendor. Casi como diciendo: "Aquí estoy yo. He vuelto".

Cierto es que con la documentación existente historiadores y restauradores sabían que "algo había" bajo tantas capas de pintura que se han ido superponiendo década a década, pero no lo que finalmente se ha encontrado y dónde se ha encontrado y que El Conciso saca por primera vez a la luz.

Por orden. Nos situamos en las capillas de la Anunciación y de la Adoración de los Reyes. La primera tiene un retablo de estípites en madera dorada realizado a mediados del siglo XVIII y presidio por un relieve de la Encarnación, que talló el sevillano José Montes de Oca; en la segunda hay un gran altorrelieve de madera policromada del mismo autor que representa la Epifanía, que data de 1728.

El equipo de restauración que dirige Juan Carlos Pérez Ferrer, cuya empresa Tratamientos de Conservación y Restauración ya ha trabajado en otros templos de la capital gaditana, como la Catedral Vieja, a sabiendas de lo que podía encontrarse puso en marcha un plan de trabajo especialmente metódico que dio sus resultados cuando ya se habían retirado hasta siete capas de pinturas superpuestas hasta localizar los revestimientos originales.

Bajo todo ello comenzaron a aparecer pinturas de santos, santas y ángeles que, en el caso de la capilla de la Anunciación, se encontraban en buen estado de conservación.

Pendiente de confirmar la identidad, todo apunta a que dos de las imágenes corresponden a Santa Bárbara y a San Agustín, mientras que más difusos aparece un coro de ángeles, todo ello pintado sobre tabla.

"No es habitual la existencia de este tipo de pinturas en las capillas, con decoración parietal como éstas", destaca Juan Carlos Pérez, ya que o están tapadas en su totalidad por los altares o bien pintadas de forma monócroma. Aquí, por contra, ocupa todo el volumen, lo que ha sorprendido a todos los investigadores también por el buen estado de las mismas.

Ahora se ha iniciado un proceso muy lento. "Tras eliminarse la pintura superpuesta estamos trabajando para fijar la policromía original (que data de hace más de dos siglos)", se han estucado las lagunas existentes en la misma y se han sellando la superficie creando una base pulida mediante el aparejo para, posteriormente, reintegrar cromáticamente toda la pintura.

Cuando concluyan los trabajos de restauración se podrá fijar con más claridad la fecha de datación de lo que se ha encontrado en ambas capillas aunque se considera que corresponden a la etapa primitiva del templo, a finales del siglo XVII.

Pero no son éstos los únicos tesoros ocultos que se han encontrado durante los trabajos de restauración del Oratorio. Hasta diez capas de pintura de diferentes etapas cubrían los muros del templo hasta que el equipo de Jesús Serrano, de la empresa Gares, localizó los colores originales del mismo o, por lo menos, los más cercanos a la fecha en la que se levantó la iglesia.

"Ha sido una operación muy complicada. Da igual que se trabaje en el Capilla Sixtina o en el Oratorio, al final siempre es una labor primorosa, un trabajo arduo, casi a bisturí. Y más en un templo como éste con tantos metros de superficie. Además, si en proyectos como en la Sixtina la labor ha sido recuperar escenas, aquí estamos trabajando en la recuperación del sentido de todo un edificio", constata Serrano.

Si el templo que hoy conocemos cuenta con una decoración anodina, los colores originales ya descubiertos aportan una imagen especular que ya comienza a vislumbrarse en los muros del presbiterio: pilastras con colores ocres con muros azules intenso, rematados en los capiteles en almagra y dorado junto al rojo utilizado en los motivos decorativos en forma de palmetas y rombos.

Con los colores originales ya en las paletas, se ha comenzado a trabajar en el conjunto de los muros interiores del templo con una norma habitual en este tipo de edificios de gran altura: a medida que nos acercanos a las bóvedas el color es más tenue a fin de conseguir una sensación de amplitud en todo el conjunto. Así, la zona superior del inmueble, donde se han retirado los andamios, ya se ha pintado en su totalidad mientras que a pie de presbiterio comienzan a verse los colores recuperados.

El trabajo, en todo caso, no se centra únicamente en la pintura. El equipo de Gares está también trabajando en la restauración de los retablos e imágenes que en el caso del altas mayor está ya terminado.

Hablamos con Alonso Lorenzo de la Sierra, uno de los principales estudiosos del arte en Cádiz. No tarda en trasladar su entusiasmo con la calidad del trabajo que se está realizando en el Oratorio de San Felipe Neri. "Se está realizando una restauración estupenda. Hemos tenido mucha suerte pues se han unido empresas muy concienciadas con el tema y equipos de restauradores muy eficientes sobre todo en un trabajo como éste especialmente delicado. Creo que con todo ello el objetivo se ha cumplido: recuperar un monumento único".

Destaca Lorenzo Alonso de la Sierra que el desarrollo constructivo e histórico de San Felipe Neri ha sido "muy complejo". "Lo que parecía un edificio ya acabado y armónico es, finalmente, el fruto de muchos cambios". Tantos cambios que para volver a los orígenes "es importante ser minuciosos". Como se está haciendo.

Con las imágenes de Santa Bárbara y San Agustín, con los tonos ocres y azules en los muros, no todo está terminado en la cuna de la Constitución de 1812. Lo dicen Alonso de la Sierra, Pérez Ferrer y Serrano: aún queda mucho por hacer y, sobre todo, aún queda mucho por descubrir. En las capillas y en la cripta, en los muros y en la sacristía que aún está por tocar. Al igual que apareció el antiguo muro del templo que lo separaba de una plaza hoy inexistente y donde se levanta un edificio, futuro centro de interpretación del mismo Oratorio y como se descubrió el altar original del templo. Queda un año por delante para descubrir todo el tesoro.

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