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La Junta de Andalucía en Cádiz. Una de cal y tantas de arena

Letras Capitulares

La Corporación se felicita por desbloquear el proyecto de la Ciudad de la Justicia a la espera de que la Junta aborde el resto de cuestiones pendientes

¿Debía el Ayuntamiento haber pedido alguna contraprestación o permuta por el espacio cedido?

El antiguo almacén de tabaco, que será una de los edificios de la Ciudad de la Justicia / Julio González

La Ciudad de la Justicia está un paso más cerca. Lo que era un mero trámite de meses se ha alargado año y medio, lo cual lleva a la incertidumbre de pensar cuánto no podrá tardar aún la redacción del proyecto y las posteriores obras para rehabilitar y levantar los 20.000 metros cuadrados que la ciudad regaló el viernes a la Junta de Andalucía. Pero es cierto que este proyecto demandado y anunciado desde hace más de quince años se puede decir que está ya encarrilado; la Junta ya tiene el suelo donde desarrollarlo, y los presupuestos andaluces ya contemplan y, a priori, van a seguir contemplando partidas para su ejecución.

La Corporación se felicitaba el viernes por cerrar, al fin, esta cesión a la Junta. Una de cal frente a tantas de arena. Porque el desarrollo que está teniendo la Ciudad de la Justicia, no exento de dificultades y de incertidumbres que obligaron al alcalde a presionar hasta conseguir el sí definitivo de Juan Marín, contrasta con el olvido, la parálisis e incluso la negativa del ejecutivo andaluz a actuar, intervenir o desarrollar otros proyectos que la Junta sigue teniendo en el ‘debe’ de Cádiz. Del que más se habla últimamente es de Valcárcel, al que parece evidente que han echado el cerrojazo y donde quizás habría que preguntarse si conviene buscar un nuevo uso antes de que Diputación reclame la devolución del edificio y antes de que el histórico edificio termine por perderse por ruina. Pero tampoco se puede olvidar el nuevo hospital sobre el que la Junta tampoco está siendo muy clara, diciendo algo así como que lo hará pero ya veremos cuándo.

También están pendientes en el Ayuntamiento de que se le busque un nuevo emplazamiento al Centro de Arqueología Subacuática para dejar libre el Balneario de La Palma y poder darle un uso mucho más ciudadano y atractivo. Por no hablar de las actuaciones de vivienda que esperan desde hace años y que siguen sin recibir el impulso definitivo, especialmente la remodelación del Cerro del Moro o la segunda fase de Matadero.

En otro bloque de esta difícil relación entre Cádiz y la Junta habría que enumerar todos esos solares, edificios y espacios que duermen el sueño de los justos; que sobreviven o se mantienen no ya sin actividad actual, sino lo que es peor en una ciudad sin suelo, sin un futuro definido. ¿Qué quiere hacer la Junta con la antigua sede de Náutica? ¿Y con el enorme solar de la calle Tolosa Latour? ¿Y el Chalé de San Luis? ¿Qué pasa con el edificio de la Plaza de Mina que antes era sede de Educación?

Demasiados metros cuadrados a la deriva de una ciudad que no rebosa, precisamente, espacios donde construir viviendas o desarrollar proyectos. Por eso, llegados a este punto, salta la pregunta de si el Ayuntamiento ha hecho bien regalando a la Junta de Andalucía 20.000 metros cuadrados de los antiguos depósitos de tabaco valorados en más de 6,8 millones de euros. ¿Debía haberse negociado algún tipo de acuerdo o de permuta? ¿Podría la Junta haber cedido a la ciudad algunos de los edificios o solares que mantiene sin uso y sin ningún tipo de proyecto de futuro para que el Ayuntamiento desarrolle allí alguna operación? Esta opción podría haberse convertido en una oportunidad para algunos de esos espacios que no tienen presente y sobre los que la propia administración autonómica (la de antes y la de ahora) reconoce no tener idea de qué hacer.

En una ciudad con tantas necesidades, con tantos problemas sociales y económicos, y con tan poco suelo, la Junta de Andalucía ha cerrado en los últimos meses dos grandes operaciones: en la primera se embolsó 11,8 millones de euros por vender Tiempo Libre a un privado que lo está transformando en un hotel que, eso sí, dará vida, trabajo y actividad económica a esa zona del Paseo Marítimo; y en la segunda se ha ahorrado 6,8 millones de euros incorporando un espacio de 20.000 metros cuadrados de manera totalmente gratuita. Hasta ahí la cal; el resto, la arena que es mucha, sigue a la espera.

Y ahora, Falla

Solo en materia de Cultura y de Patrimonio, es mucho también lo que la Junta tiene pendiente o no está apoyando con decisión. Ahí está el Museo del Carnaval, cuya aportación andaluza no es directa sino de la ITI por medio de una convocatoria de subvención a la que concurrió el Ayuntamiento; un camino que no recorren otros proyectos cercanos dedicados al vino o al flamenco. O el Teatro Romano, con una escueta partida de 47.571 euros para obras en 2021. A la espera de una intervención anunciada por la consejera están en el convento de Santa María, que pese a conservar edificaciones del siglo XVI se está cayendo ante la inacción de las administraciones.

La ampliación del Museo Provincial no avanza un milímetro entre otras cosas porque la Junta ni siquiera ha devuelto aún las llaves de la antigua escuela de danza, en el Tinte; el centro de interpretación del Doce languidece junto al Oratorio; y de la Factoría de Salazones de Sacramento (abierta dos horas al día) y los columbarios de General Ricardos (directamente cerrados) casi mejor ni hablar.

Con todas estas cuestiones pendientes de una gestión decidida por parte de la Junta, hace unos días se anuncia un proyecto para convertir la Casa de Pinillos en un centro permanente dedicado a Falla. Un proyecto cultural más que sumar a un listado ya de por sí exigente. Y paralizado.

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