Padre Vicente López, confesor de muchas generaciones de gaditanos

Retrato de otra época

Por su bondad, humildad y entrega a los demás, era considerado como un santo en vida

El padre Vicente saluda al obispo de Cádiz Antonio Añoveros, durante el acto de nombramiento y entrega del título de Hijo Adoptivo de Cádiz el 17 de marzo de 1968.
El padre Vicente saluda al obispo de Cádiz Antonio Añoveros, durante el acto de nombramiento y entrega del título de Hijo Adoptivo de Cádiz el 17 de marzo de 1968.
Ignacio Casas De Ciria

30 de mayo 2021 - 20:50

El padre Vicente López Uralde nació en Vitoria el 22 de enero de 1894. Desde muy pequeño quiso ser sacerdote. Su primer contacto fue en 1905 en el postulantado marianistas de Escoriaza (Guipúzcoa). Seguidamente, en 1910, ingresa en el noviciado de Vitoria y en 1911 profesa los votos y marcha a estudiar dos años al escolasticado de Escoriaza.

Llega a Cádiz en 1913, y de 1914 a 1916 se traslada a dar clases al Pilar de Jerez. Su amor a la Virgen María sigue creciendo y en 1917 profesa los votos definitivos en Escoriaza, y permanecerá en Cádiz hasta 1920. Al año siguiente se traslada a Madrid donde imparte clases y obtiene la licenciatura en Filosofía y Letras.

Más tarde cambia su residencia al seminario de Friburgo en Suiza, donde estudia teología y donde es ordenado en 1925.

Ya siendo sacerdote se traslada al colegio del Pilar en Tetuán, donde ejerce de capellán-profesor y luego, en 1926 y 1928, a Escoriaza.

En 1928 inicia su nueva etapa en Cádiz, donde permanecerá hasta su muerte en 1990. Su etapa comienza como capellán y profesor de lenguas clásicas y griego hasta 1968.

En 1961, los antiguos alumnos le organizan un homenaje por sus bodas de oro en la Compañía de María.

Desde este momento dedica todo su tiempo al Oratorio San Felipe Neri, donde atendía la iglesia desde la mañana hasta la noche.

En el año 1968 es nombrado Hijo Adoptivo de Cádiz coincidiendo con los 75 años de los Marianistas en la ciudad. En el año 1984 recibe un homenaje por sus 90 años, de los que 65 había estado en Cádiz. Y en 1985, con motivo de sus bodas de diamantes sacerdotales, es nuevamente homenajeado y recibe la bendición apostólica del Papa Juan Pablo II. El 22 de enero de 1990 celebraba sus 96 años concelebrando misa por última vez. Finalmente, el 8 de septiembre ingresa en la residencia sanitaria Zamacola. Los que le acompañaron en sus últimos días no recuerdan ninguna queja ni expresión de dolor. Los últimos momentos de vida en dicho hospital los pasó cantando a María sin perder el gesto sonriente, como contaba sor María Presentación, una de las monjas que lo atendió en aquel trance final. Falleció el sábado 15 de septiembre.

El padre Vicente López con el padre José Antonio Fernández Zubigaray y el religioso marianista Javier Alonso, en la celebración de la eucaristía con motivo de sus 96 años, en enero de 1990.
El padre Vicente López con el padre José Antonio Fernández Zubigaray y el religioso marianista Javier Alonso, en la celebración de la eucaristía con motivo de sus 96 años, en enero de 1990.

Durante toda su vida se caracterizó por la entrega y servicio a los demás, resaltando su bondad, caridad y condescendencia con todos lo que le rodeabas, lo que provocó su fama de santidad, que le acompañó toda su vida de educador y confesor.

Actualmente ha superado la fase diocesana y se ha trasladado a la Congregación la Causa de los Santos en el Vaticano. Allí lo ha presentado el postulador general de la Compañía de María, padre Antonio Gascón Aranda.

Los informes que sus superiores recogían sobre él en sus años de juventud y formación destacaban como defectos su ingenuidad, actitud risueña, excesiva indulgencia con los demás y una relación demasiado dulce, próxima y carente de autoridad con sus alumnos. Lo consideraban defectos porque antes del Concilio o Vaticano II eran caracteres infrecuentes e impropios de los religiosos dedicados a la docencia. Pero lejos de ser defectos, realmente eran los grandes valores que décadas después convirtieron al padre Vicente en un santo en vida para miles de gaditanos que por ello lo veneraban,

Agradecimiento a Carlos Aranda, perito histórico de la Causa de la Beatificación.

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