Los alumnos del colegio gaditano Celestino Mutis aprenden a ser ciudadanos gracias al proyecto Celestinópolis

Desde hace dos meses los niños de este centro educativo desarrollan un trabajo, cobran un sueldo y se enfrentan a situaciones cotidianas de la vida adulta

La magia que no se aprende en clase

Pequeños de Educación Infantil, pasean por el Barrio Bajo de esta nueva ciudad.
Pequeños de Educación Infantil pasean por el Barrio Bajo de esta nueva ciudad. / Lourdes de Vicente

El pasado mes de diciembre el Colegio de Educación Infantil y Primaria José Celestino Mutis, de Cádiz, pasó a denominarse Celestinópolis. No oficialmente, claro, pero sí para los alumnos y profesores de este centro, que se ha convertido en una ciudad en la que los niños tienen sus derechos y deberes y son alumnos a la vez que profesionales con distintos empleos. Incluso cuentan con un alcalde y un equipo de gobierno, elegido democráticamente entre todos los estudiantes.

Su día a día pasa entre clases, recreos y trabajos que se les han designado dentro de Celestinópolis. Porque cada uno aquí tiene su función y la llevará a cabo hasta final de curso. Ana Suárez, jefa de estudios del CEIP Celestino Mutis, explica cómo se les ocurrió poner en marcha esta idea. "Este proyecto no es novedoso en Andalucía porque tiene su germen en un colegio de Puerto Banús, en Marbella, aunque sí es la primera vez que se desarrolla en la provincia de Cádiz. Pensamos que respondía a nuestra necesidad de formar a los niños de manera integral en competencias, por ello el colegio pasó a convertirse en Celestinópolis, para que los alumnos sean competentes y acumulen experiencias para la vida adulta".

Hace dos meses se fundó esta peculiar ciudad en la que no falta ningún detalle. "El colegio se divide en barrios: el barrio bajo, que es donde está el ciclo de Infantil; el centro, donde se encuentra la mayoría de clases y donde se reparten las zonas más importantes de la ciudad como el museo, la catedral o la oficina de correos; y el barrio alto, donde se ubica la última planta y el castillo".

Dos alumnos del centro miran el tablón de anuncios.
Dos alumnos del centro miran el tablón de anuncios. / Lourdes de Vicente

Cada pasillo se convirtió en una calle y cada calle tiene su propio nombre, todos relacionados con el botánico y matemático que da nombre al centro, José Celestino Mutis. Así, está la calle de Las Ciencias, la calle de Las Flores o la calle de Los Árboles, aunque tampoco faltan otras vías que se pueden encontrar en cualquier ciudad como la plaza de La Constitución, la plazuela de La Paz y la plaza Del Museo. A su vez, cada clase se ha transformado en una casa y se ha bautizado con el nombre de una planta o flor, también en honor al médico gaditano, y ahora se conocen como la Casa del Drago, la Casa Margaritas, la Casa Azucenas o la Casa del Olivo.

Para dar forma a esta ciudad, uno de los primeros actos que se realizaron fueron unas elecciones para elegir al alcalde de Celestinópolis y sus concejales. Para ello, los alumnos tuvieron que sacarse un DNI que los identificara como ciudadanos de esta urbe para poder depositar su voto. Se presentaron tres listas, las formadas por los candidatos de sexto curso, Silvio Guerrero y Jesús Fuentes, y por la estudiante de quinto, Lola Andrade. Finalmente Silvio fue elegido casi por mayoría y aunque sus dos rivales pudieron pactar para alzarse con el poder, decidieron dar validez al abrumador apoyo que sus compañeros demostraron a la candidatura formada por Silvio, Ana, Juana y Daniel.

Una de las calles del centro de Celestinópolis, con una torre del Balneario.
Una de las calles del centro de Celestinópolis, con una torre del Balneario. / Lourdes de Vicente

"Además de presentar las tres propuestas, cada equipo realizó su propio merchandising y su campaña de marketing, dieron mítines e incluso repartieron chapas. A la proclamación del alcalde acudieron la delegada de la Junta en Cádiz, Mercedes Colombo; el regidor de la capital, Bruno García; y el concejal de Educación, José Manuel Verdulla, que nos ayudaron con su presencia a dar formalidad al acto", cuenta Ana Suárez.

El equipo de Gobierno de Celestinópolis tenía varias promesas en su programa electoral, que esperan cumplir a lo largo del curso. "Dijimos que íbamos a cambiar las cortinas y de hecho parece que ya las han mejorado; propusimos traer materiales para el recreo; prometimos una recolecta de libros; estamos redactando los derechos y deberes de Celestinópolis y hemos puesto un buzón de sugerencias. Además también celebramos la fiesta de Navidad, las campanadas y ahora estamos organizando la fiesta de Carnaval", explica Silvio Guerrero, el alcalde de esta ciudad. Los ediles son Ana Barragán, de Cultura y Fiestas; Juana Carrasco, de Medio Ambiente, y Daniel Rasero, de Igualdad.

Dos niños de Sexto de Primaria acuden a su clase, situada en el centro de Celestinópolis.
Dos niños de Sexto de Primaria acuden a su clase, situada en el centro de Celestinópolis. / Lourdes de Vicente

"Las listas a alcalde y concejales se abrieron sólo para quinto y sexto curso porque son los más mayores y los que se expresan mejor", explica la jefa de estudios. Para el resto de profesiones, 11 en total, también se ha tenido en cuenta la edad y las competencias de cada alumno. En Celestinópolis hay policías, carteros, agricultores, monitores de mindfulness, monitores de ajedrez, enfermeros, cascos azules de la paz, jardineros, cocineros, guías turísticos, periodistas y fotógrafos... "Los jardineros, agricultores y cascos azules son los pequeños de Infantil; los monitores de ajedrez son niños que ya formaban parte del taller de ajedrez y por tanto ya tenían conocimiento; los periodistas, que tienen que redactar el periódico, van desde cuarto a sexto, porque tienen más soltura a la hora de escribir... Los polícias son los que tienen más éxito y es la profesión más solicitada", subraya Ana Suárez.

Antes de acceder a su empleo, los alumnos tuvieron que presentar un currículum con sus datos personales, aptitudes y preferencias. Desde principios del mes de enero hasta el 14 de febrero trabajó un primer grupo de profesionales, mientras que a partir del 16 de febrero son otros estudiantes los encargados de llevar a cabo unas labores que, por supuesto, cobran al terminar. "Una vez que acaban reciben su nómina en tinos, que es nuestra moneda oficial, y se usa de dos formas: por una parte cada casa recibe a principios de mes su asignación para hacer frente a los gastos de luz, agua y reciclaje así como a las multas por dejar la luz o las pantallas encendidas, y el dinero que sobra lo reparten entre ellos; y luego cada niño cuenta con un sueldo de 20 tinos que son para gastar en Celestinópolis o para pagar sus multas individuales por no haber cumplido las normas como ciudadanos".

Dos alumnos señalan un buzón de correos.
Dos alumnos señalan un buzón de correos. / Lourdes de Vicente

Pero Celestinópolis no para y como cualquier otra ciudad, no deja de crecer. "En mayo tenemos pensado hacer la declaración de la renta, para que los niños sepan qué son los impuestos y lo importante que son para tener servicios en la ciudad. También queremos impartir un curso de prevención de riesgos laborales; han venido enfermeros y periodistas para hablarnos de su profesión; los niños que ejercen de carteros han acudido a la oficina de Correos para ver cómo se trabaja en la vida real; estamos buscando un guía turístico para que dé una charla; tenemos pendiente una visita a la Jefatura de Policía... El año que vienen volverán a hacer su currículum y se convocarán elecciones de nuevo; queremos incrementar las profesiones e introducir la figura del trabajador autónomo, para que pongan en marcha sus propias ideas, y del banquero, para que se encargue de los pagos", cuenta la jefa de estudios del CEIP Celestino Mutis.

Celestinópolis es un proyecto ya consolidado, a pesar del poco tiempo que lleva implantado en el centro, gracias a la buena acogida de los alumnos, al trabajo del profesorado y a la implicación de las familias. "Los niños están encantados, colaboran en todo, están super motivados. Ahora estamos haciendo el casting para nuestro himno y vamos a encargar una bandera. Poco a poco vamos añadiendo cosas que van engrandeciendo nuestro proyecto estrella, porque ya nuestro cole es Celestinópolis y va a seguir así para siempre. Vemos que es un trabajo complementario con el resto de áreas y una vez que se ha puesto en marcha, solventadas las dificultades del arranque, no supone nada. Los maestros lo tenemos interiorizado y los niños también. Celestinópolis es ya parte de nuestra rutina", finaliza Ana Suárez.

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