La torre mirador de San Antonio recupera su antigua imagen

Una rehabilitación ha eliminado el mirador que remataba la estructura

El antes (abajo) y el después de la restauración de la torre mirador de San Antonio.
El antes (abajo) y el después de la restauración de la torre mirador de San Antonio.
Ángeles M. Peiteado / Cádiz

24 de marzo 2009 - 01:00

La torre mirador situada en el número 10 de la plaza de San Antonio, a la izquierda de la iglesia, ha cambiado de imagen radicalmente tras su restauración. El mirador (primero de madera y después de mampostería) rematado con un techo a cuatro aguas ha desaparecido. La torre es, ahora, más baja y sencilla.

La rehabilitación, efectuada por particulares, ha contado con el visto bueno del Ayuntamiento gaditano. La arquitecta que redactó el proyecto presentó un informe en que se argumentaba que ese mirador -que estaba en muy mal estado- no era original de la torre, sino un añadido posterior. Eliminándolo la torre mirador recuperaba su primer aspecto.

La justificación se basa en varios argumentos. En primer lugar, en la maqueta de Cádiz del Museo de las Cortes está la torre sin mirador: era una torre de tipo sillón pura. La maqueta, según recuerda el informe, refleja el Cádiz de intramuros del último cuarto del siglo XVIII.

También se hace referencia a un extracto del libro Las torres miradores de Cádiz de Juan Alonso de la Sierra Fernández. En él se cita que durante el siglo XIX fue costumbre construir galerías de madera y cristal, como indicaban las ordenanzas municipales de 1845. "Con esta forma las torres pierden su carácter de vigía característico del siglo anterior. En muchos casos se reforman torres antiguas como el número 6 de la plaza de Mina y el número 10 de San Antonio a las que se colocó un cierro de cristales con cubierta a cuatro aguas sobre la terraza superior", explica el libro.

El informe hace alguna referencia más a esa normativa de 1845. En ella se prohibe la construcción de nuevas torres, aunque se ofrece la posibilidad de hacerlas en madera. Además, se conocen proyectos de arquitectos isabelinos sometiéndose a estas normas, aunque esas construcciones se relacionan con la crisis en la que se sumió la ciudad en aquella época.

Como tercer argumento está el hecho de que en el interior de los pretiles de la zona superior de la torre hay unas agarraderas metálicas. Este elemento, que aún se conserva en muchas azoteas gaditanas, sirve para colgar los andamios cuando se pintan las fachadas. La existencia de las argollas en la torre, concretamente en los pretiles que coinciden con los muros de carga de apoyo de los forjados de madera, da a entender que lo que está sobre él es un añadido.

stats