Muere Jon Monasterio, el alma del restaurante Atxuri de Cádiz
OBITUARIO
Al frente de Atxuri elevó la calidad de la comida vasca en pleno corazón de Cádiz
"Por los años pasados, ya soy más gaditano que vasco", decía en 2008 con motivo de su jubilación"
Un chiquito para Jon Monasterio
Jon Monasterio, uno de los grandes referentes de la hostelería gaditana al frente del restaurante Atxuri, ha fallecido a los 90 años de edad tras una larga lucha con la enfermedad, ejemplo de su tesón por la vida y sus ganas de disfrutar de la misma, minuto a minuto.
Vasco de nacimiento, de Demiku (una aldea cercana a Bermeo situada entre el municipio vizcaíno y Mundaka), no tardó en hacerse con la idiosincrasia gaditana, a pesar de que en aquel 1951 de su arriba al sur del sur Cádiz era una ciudad llena de ciudadanos del norte del país, piezas fundamentales de nuestra economía en esos años tan duros.
Llegó atraído a nuestra ciudad, como muchos jóvenes norteños, por un tío suyo, Antonio Anasagasti, para trabajar en el restaurante Pontevedra-Atxuri, regentado entonces junto a su socio, el gallego Juan Frende, que posteriormente se iría a El Sardinero. En plena calle Plocia, epicentro de pescadores y armadores. Y de otras cosas.
Apenas sabía español. Como recordaba en una entrevista con este diario en 2008, cuando abrió el renovado Atxuri en la misma calle Plocia de siempre. "Fue aquí, en Cádiz, donde practiqué el castellano, y donde me fui soltando. Por los años pasados, ya soy más gaditano que vasco, pero también donde se nace, se nace".
Y es que no todo fue fácil para la vida de Jon Monasterio, como para todo aquel que se va de su tierra. Lo pasó realmente mal con su traslado: “Al principio he hasta llorado, porque amoldarme aquí tenía guasa, porque yo allí ya tenía amiguitas, amigos, salíamos en fiestas, ferias, la cuadrilla. Al principio fue terrible. A mí me decían, pero chiquillo, tú por qué estás así con lo alegre que tú has sido. Y sí, sí, fue duro para mí. Ya después no hay quien me eche de aquí ni con agua caliente”, decía el propio hostelero durante un encuentro con este periódico con motivo del 70 aniversario del Atxuri. Entonces, su hija Marián ya le apuntaba a la frase que Jon ya había dejado dicho “claramente” que “cuando llegue el momento”, ese momento que tristemente llegó ayer, no quiere que lo lleven para el País Vasco. “Parece mentira, pero con todo lo vasco que es, él es muy de Cádiz, y aquí quiere quedarse para siempre”.
Porque en Cádiz encontró Jon Monasterio arraigo y, poco más de una década de su llegada, a los 28, a una chiclanera con la que tuvo hijos, tres nietos... Para entonces, ya había aprendido a ser de Cádiz.
Empezó en la cocina, sus anchoas se hicieron famosas (y el bacalao, la merluza, las cocochas...). Pasaron los años, su tío Antonio se quedó con el restaurante completo y el Atxuri era el lugar donde paraba todo el mundo.
Jon se hizo con el restaurante, ya dejó la cocina y empezó a regentarlo y, desde la calle Plocia, su buque insignia aguantó tiempos buenos y no tan buenos, pero siempre resistió con sus buenos productos, su buen humor, su buen servicio y un respeto máximo al cliente que es el que su hija Marian siempre ha destacado como una de las grandes lecciones que le ha dado su padre.
Jubilado aquel año, pero siempre en contacto directo con la evolución del restaurante, por donde nunca faltó su "vueltecita", y sobre todo en la calidad del producto ofrecido al comensal y de la atención a estos, Jon dejó el control de su establecimiento en manos de su hija y, a finales de 2016, de su nieto, Marian y Julen, que se había licenciado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos, pero que decidió seguir la tradición familiar. Ambos, con el mismo tesón de Jon, han sabido mantener a Atxuri en lo más alto de nuestra gastronomía.
Aunque la carta del Atxuri se concentra, evidentemente, en lo mejor de la comida vasca, Jon Monasterio defendía el producto gaditano. “Lo del litoral gaditano es irrepetible, el pargo, la urta, la corvina, esos besugos de la pinta que nos traía Elías, las pijotas y merluzas que había en la Bahía, las gambas como manos que se cogían por aquí... Vaya, el día que se termine ese pescado, estamos arreglados, aunque todavía queda, sí que queda”, tal y como queda constancia en la hemeroteca de este periódico donde también hay páginas en las que el hostelero recuerda los nombres de los grandes buques que atracaban en el muelle como el de los propios clientes.
Clientes y amigos, muchísimos, que lo echarán de menos, que echarán de menos su “acento extraño” como decía su hija, ese deja que en Cádiz revela norte y que en Bermeo, o en su querida aldea Demiku, se transformaba en “un euskera con acento andaluz”. Porque nunca dejó de ir al País Vasco durante su vida, pero Cádiz, al final, lo atrapó, tanto como Jon Monasterio y su Atxuri atraparon a Cádiz.
El creador de una dinastía, los Monasterio
El restaurante Atxuri del siglo XXI se sigue sustentando en los valores familiares que desde el inicio de esta aventura inculcó Jon Monasterio, el hombre que elevó la comida vasca desde Cádiz y que ha fallecido a los 90 años de edad.
Así, Jon Monasterio, todo un vasco-gaditano, se despide de este mundo dejando un legado, siendo el creador de una dinastía, Los Monasterio, que sigue al frente del negocio de la calle Plocia. Actualmente con la tercera generación a los mandos, es decir, con Julen Monasterio, como responsable y encargado de transmitir ese cuidado y cariño hacia la materia prima y los clientes que visitan el restaurante. “Yo quiero ser como mi abuelo”, dijo en una entrevista con este periódico cuando tomó el testigo del Atxuri.
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