¿Se puede quedar Cádiz sin chalés?

Apenas queda una treintena en la ciudad, ante la presión inmobiliaria

Cádiz es la capital del país con menos viviendas unifamiliares

Así es la lujosa y exclusiva vivienda que está diseñando un arquitecto en Cádiz

Uno de los chalés construidos por la familia Martínez del Cerro en La Laguna.
Uno de los chalés construidos por la familia Martínez del Cerro en La Laguna. / Colección Martínez del Cerro

La demolición en la calle Escalzo de un pequeño chalé supone un capítulo más en la desaparición de este modelo de vivienda en Cádiz.

La falta de suelo, a la búsqueda de nuevos espacios para construir más edificios residenciales, se ha llevado por delante a buena parte de los chalés de la ciudad. Este proceso se ha incrementado de forma notable en la última década. Algunas calles, siempre en extramuros, han visto como han desaparecido estas viviendas familiares de su fisonomía urbanística. Acaba de pasar en Escalzo, pero ha sido más evidente, y más duro, en vías donde proliferaban los chalés hasta no hace mucho, como en la calle Profesora Ernestina Muñoz y, especialmente, en Huerta del Obispo, donde se levantaban algunas de las grandes construcciones de la ciudad.

Hoy no se llega a una treintena el número de chalés todavía en pie en la ciudad. La mayoría están habitados y se concentran en Bahía Blanca y La Laguna. Unos cuantos, los menos, están o han estado en venta (como una peculiar finca en la barriada de La Paz y otra en La Laguna), también se pueden alquilar o se han reconvertido en residencia para estudiantes extranjeros. De nueva planta, algo extraordinario en Cádiz, es la residencia en la calle Tamarindos del jugador de fútbol Suso. Y vecina a la misma un espectacular chalé en construcción promovido por su padre en la avenida de Bahía Blanca.

En primer término, el último chalé que queda en pie en el Paseo Marítimo.
En primer término, el último chalé que queda en pie en el Paseo Marítimo. / Lourdes de Vicente

En ambos casos ha sido posible construir chalés de nueva planta por dos circunstancias. Una, porque Bahía Blanca junto a una parte de La Laguna tiene una consideración especial en el PGOU que le permite mantener este modelo de construcción, tanto si ya existe como si se derriba el antiguo chalé para construir otro en su lugar. En el resto de la ciudad ni se pueden levantar nuevas unifamiliares ni las ya existentes pueden ser sustituidas por otras similares. En estos casos están abocadas a ser sustituidas por edificios residenciales.

No pasará nunca con el antiguo chalé de la familia Varela ni con Villa Mercedes, el más antiguo de la ciudad levantado al final de la década de los 30 del pasado siglo frente al colegio de San Felipe Neri. Ambos están protegidos por el PGOU. El primero pasó a manos del Ayuntamiento tras un acuerdo con la familia del general. Esta podrá permanecer en la casa mientras vivan sus herederos directos. En el segundo de los casos, el PGOU prevé su paso a manos municipales. En el documento se indica que el extenso jardín se abriría al público y la residencia tendría un uso cultural. Nada hace prever que esto pase, debido a su elevado coste para las arcas locales y por el buen estado en el que se encuentra el chalé, perfectamente mantenido por la propiedad.

Varios de los chalés que abundaban en la Avenida.
Varios de los chalés que abundaban en la Avenida. / Colección Ramón Muñoz

Un concepto de chalé más peculiar es el que aún se mantiene en la zona de San José, la avenida de Portugal, la plaza del Árbol y lo que queda del polígono de San Juan Bautista (popularmente conocido como los Chinchorros). Son construcciones de los siglos XIX y principios del XX, algunas habitadas en su momento por los pescadores de la almadraba o por familias que viviendo en el casco histórico tenían aquí su segunda residencia para pasar el verano (especialmente en la avenida de Portugal, la antigua Adriano). La gran mayoría están cerradas y algunas están ya en manos de inmobiliarias, aunque por el momento no hay proyecto de construir en esta zona.

Con todo, lejos va quedando en la memoria de la ciudad la presencia de decenas y decenas de chalés. La Avenida, el propio Paseo Marítimo (hoy solo tiene uno en pie), Bahía Blanca (a partir de su urbanización en los años 40) y sobre todo La Laguna, donde la familia Martínez del Cerro comenzó a edificar las primeras construcciones en el inicio del siglo XX.

La presión inmobiliaria seguirá adelante. La posibilidad de nuevas viviendas en Tolosa Latour, en Casitas Bajas y en Navalips, serán insuficientes para las necesidades de Cádiz. Pendiente de que las administraciones se aclaren sobre el futuro residencial del polígono exterior de la Zona Franca, al final se acabará buscando el suelo donde se levantan los últimos chalés de Cádiz. Y en unos años la misma presión de las constructoras culminará con el final de buena parte de estas viviendas. Y al final, quedarán en pie apenas unas cuantas, aquellas cuya propiedad tenga lazos familiares muy intensos con su residencia y disponga de ingresos suficientes para su mantenimiento.

Eso sí, entre todas las capitales del país, y sus grandes ciudades, la peculiaridad física de una ciudad que no llega a los 14 kilómetros cuadrados de superficie, Cádiz es ya la que menos chalés tiene en su término urbano.

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