Diego Ruiz Mata: “Cuando crees en las cosas siempre esperas el milagro”

Entrevista

El arqueólogo afincado en El Puerto no tira la toalla y espera poder ver algún día cumplido su sueño de convertir Doña Blanca en un gran parque cultural

El arqueólogo Diego Ruiz Mata, en su lugar habitual de trabajo, en su domicilio portuense.
El arqueólogo Diego Ruiz Mata, en su lugar habitual de trabajo, en su domicilio portuense. / Andrés Mora Perles

Si hablamos del yacimiento arqueológico de Doña Blanca automáticamente se nos viene a la cabeza la figura del arqueólogo Diego Ruiz Mata, el hombre que más ha luchado para que este enclave de origen fenicio pase a la historia ocupando el lugar que se merece. A sus 75 años de edad este sevillano afincado en El Puerto desde hace ya más de 30 años no escatima esfuerzos para que su sueño, convertir este espacio de la Sierra de San Cristóbal en un enclave lúdico y cultural de primer orden, vea la luz más pronto que tarde.

—¿Cuándo comenzó su interés por el yacimiento de Doña Blanca?

—Fue en Madrid el último día de curso de 1978. Yo daba clases entonces en la Universidad Autónoma y esa tarde, ya despidiéndome de los alumnos, se me ocurrió decir en voz alta de que ojalá existiera algún asentamiento en el que poder trabajar y que nos reflejara lo que fueron los orígenes de Cádiz. Entonces se levantó una mano, la de Juan Ramón Ramírez Delgado, un estudiante gaditano que me dijo que él conocía un lugar junto al Castillo de Doña Blanca en el que podía haber restos, fue pura casualidad. Esa fue la primera vez que oí hablar de Doña Blanca. Ese alumno después se convirtió en mi amigo y me enseñó unos fragmentos de cerámica fenicia que tenía en una caja de zapatos, él había estado allí con otro profesor de Historia pensando que podía haber restos romanos. Yo cuando vi esos fragmentos le dije: “mañana estamos en El Puerto”, y así fue. Entonces era alcalde Antonio Álvarez, el primer alcalde de la democracia en El Puerto. En aquel entonces se conocía la torre, pero no había demasiado interés. Cuando yo vi aquello ya presentí que era algo importante, pensé que era el paraíso del arqueólogo. En Madrid estuve hablando con el director general de Bellas Artes, Manuel Fernández Miranda, que nos concedió un permiso para excavar y empezamos a trabajar en agosto de 1979. Excavamos donde nos dejaron y nos quedamos impresionados por la magnitud del yacimiento.

"Cuando llegué por primera vez a Doña Blanca, en 1978, pensé que aquello era el paraíso del arqueólogo”

—¿Y cómo y cuándo decide trasladarse a la Universidad de Cádiz?

—Pues yo tenía mi plaza en Madrid y estaba muy a gusto, pero una vez estando en Jerez la también arqueóloga Rosalía González, que fue alumna mía, me dijo que habían salido unas oposiciones en Cádiz y decidí trasladarme, con tal de estar cerca del yacimiento, ese era mi objetivo.

—¿Cuántas campañas de excavación ha realizado en Doña Blanca?

—Pues en total han podido ser cerca de veinte excavaciones, la extensión abarca unas cien hectáreas, que es una barbaridad. Por Doña Blanca han podido pasar más de 2.000 arqueólogos, algunos de ellos de una gran talla y de todas las partes del mundo. Yo he dirigido todas las campañas, lo hacía sobre todo en verano hasta que me trasladé aquí, ya a principios de los años 90.

Diego Ruiz Mata en el sótano de su casa, observando unas diapositivas del yacimiento de Doña Blanca.
Diego Ruiz Mata en el sótano de su casa, observando unas diapositivas del yacimiento de Doña Blanca. / Andrés Mora Perles

—¿Qué supone este enclave para la cultura fenicia?

—Cuando los fenicios llegaron aquí venían siguiendo una ruta ya conocida. Supone el paradigma o el estandarte de lo que es un yacimiento fenicio de Occidente que se puede excavar en su totalidad. Se sigue aquí el esquema de la ciudad de Tiro, con grandes aspectos simbólicos. En Gadir hay tres partes que se complementan: por un lado está el corazón del casco antiguo de Cádiz, por otro la ciudad amurallada de Doña Blanca y en tercer lugar el templo de Melkart. Era una trilogía que se complementaba. Estaríamos hablando de una antigüedad de unos 2.800 años.

—Entonces esta investigación supuso un cambio en la historia conocida de Occidente, temblaron los cimientos de lo que se sabía hasta entonces.

—Claro, son 2.000 años repitiendo lo mismo y esto fue un cambio sustancial. Antes solo se hablaba de Gadir y cuando sale algo nuevo siempre surgen reticencias. En Doña Blanca hay seis o siete ciudades superpuestas en un periodo de 500 años. No había ningún ejemplo parecido de una acumulación así de vestigios en tan poco tiempo.

—¿Se ha sentido arropado por la administración en todo este tiempo de investigación y divulgación?

—Pues ha habido altibajos. Recuerdo que al principio tuve un gran apoyo de Alfonso Sevillano, del PSOE, que fue delegado de Cultura de la Junta de Andalucía y después director general de Cultura. Entonces era alcalde el socialista Juan Manuel Torres y su concejal de Turismo, Miguel Marroquín, se tomó un gran interés por este proyecto, ha sido de las personas que más ha creído en esto. La Diputación también nos ayudó mucho en los años 80 y principios de los 90.

"La historia que cuenta Doña Blanca es una historia universal, que se entiende en todo el mundo”

—Usted siempre ha apostado por la creación de un gran parque cultural y lúdico, que englobara las maravillosas cuevas cantera. ¿Por qué se ha dejado pasar ese tren durante tantos años?

—Pues no lo sé. Quizás el momento en el que se podía haber impulsado el proyecto coincidió con el boom inmobiliario, El Puerto entonces no tenía tanta necesidad de buscar recursos porque se pensaba que el desarrollo urbanístico iba a durar para siempre, cuando son cosas cíclicas. Yo siempre he creído que El Puerto estaba abocado a ser una ciudad turística, pero también cultural. La historia que cuenta Doña Blanca es una historia universal, que se entiende en todo el mundo. Siempre quise que El Puerto se convirtiera en el centro de los estudios fenicios mundiales y sigo con esa idea. Cada ciudad tiene que vender lo que tiene y hoy en día la historia vende mucho, porque la gente viaja, sobre todo en la etapa de la jubilación. ¿Por qué no atraer a ese público potencial? El que crea que la historia no interesa se equivoca. En Doña Blanca confluyen elementos como el mirador de la Bahía, la bodega más antigua de Occidente, las cuevas cantera... Es un lugar muy simbólico, tiene un enorme potencial.

—Muchos políticos y empresarios han mostrado interés por el proyecto de parque cultural pero hasta ahora poco se ha hecho. ¿Es un problema de titularidad de los terrenos?

—No, la Junta compró los terrenos del yacimiento de Doña Blanca en 1988. Hay terrenos que son aún del Ministerio de Defensa, que se los expropió a la ciudad en 1976. Son en total 71 hectáreas, con una docena de canteras. La cueva de la Mujer, que es donde estaban las municiones, está muy bien conservada. No se trataría de recorrer todas las cuevas, pero algunas son muy emblemáticas.

—La desafectación de los terrenos se inició hace unos años, pero el Ayuntamiento se echó para atrás por el gasto que suponía hacerse cargo del mantenimiento de esos terrenos.

—Sí, puede ser que fuera al final un problema presupuestario. Por aquí han venido muchos arquitectos y empresarios... desde César Manrique hasta otras iniciativas que han mostrado interés.

Diego Ruiz Mata, durante la entrevista concedida a Diario de Cádiz.
Diego Ruiz Mata, durante la entrevista concedida a Diario de Cádiz. / Andrés Mora Perles

—Su afán por sacar adelante el proyecto le ha llevado incluso a participar activamente en política. Militó en el PSOE 14 años y ahora lo hace en el PP. ¿Le dan ganas a veces de tirar la toalla?

—Bueno, siempre esperas el milagro, sobre todo cuando crees en las cosas. Yo milité en el PSOE y ahora en el PP desde hace poco. Siempre entendí la política desde el punto de vista de la acción, tengo una gran conciencia social. Por aquí han pasado para hablar conmigo todos los partidos. Yo no tengo aspiraciones políticas, no es lo mío, pero he visto la posibilidad de transmitir las ideas del proyecto a quienes están ahora gobernando, tras el cambio en la Junta y en el Ayuntamiento. Ha sido una cuestión de oportunidad.

—Su último proyecto es la Fundación de Estudios Fenicios Mediterráneos. ¿Cómo está respondiendo la administración hasta ahora?

—Hemos tenido la mala fortuna de la llegada de la pandemia, que nos ha impedido hacer el congreso internacional previsto. Se va a hacer finalmente en El Madrugador pero será ya en la primavera de 2022. Sería la puesta de largo de la Fundación y vendrá mucha gente, pero no podemos hacerlo aún con las actuales restricciones.

"Pido disculpas porque no se entendieron bien mis palabras sobre el teatro romano de Cádiz”

—El último disgusto que se ha llevado fue la no inclusión de Doña Blanca en las Jornadas Europeas de Patrimonio. Llegó a hacer unas duras declaraciones contra el “catetismo gadita”, hablando por ejemplo del teatro romano de Cádiz. ¿Quiere matizar aquellas palabras?

—Sí, pido disculpas porque hubo mucha gente que se molestó, pero creo que no se entendieron bien mis palabras. Gadir es una realidad compartida y de ese burro no me bajo. El teatro de Cádiz claro que es importante, pero no es algo único, cada ciudad tenía un teatro. Solo dije que no creía que fuera la manifestación genuina de la cultura de un pueblo. En un evento internacional se tiene que mostrar algo que sea muy significativo, solo quise decir eso, nada más.

—La cultura es una gran generadora de empleo, pero eso no siempre lo tienen claro los que mandan...

—Porque entonces no tienen claro lo que es la cultura. En Sevilla la gente paga por visitar el Alcázar y todos sus monumentos. ¿Qué sería Córdoba sin la mezquita?. En Málaga han abierto museos internacionales. Hay un potencial turístico enorme, la cultura occidental es muy atractiva porque aquí surgió la democracia.

—Usted no tira la toalla. ¿Qué elemento sería clave para poder arrancar su proyecto para Doña Blanca? ¿Tal vez alguna ayuda europea?

—Puede ser, hay programas europeos pero de momento no se han pedido ayudas para esto. En esta última etapa creo que la palanca de Arquímedes puede ser la necesidad. La pandemia ha traído consigo un desastre para la economía. Esto puede suponer una oportunidad para buscar nuevos nichos de empleo. Doña Blanca está en El Puerto y sería un tremendo revulsivo para la promoción de la ciudad. Tan solo la cueva cantera puede tener un enorme potencial, la estructura está hecha y está todo pensado. Si se ceden finalmente los terrenos puede tener una gran afluencia y se pueden vivir experiencias únicas, es algo muy atractivo. Cada vez que voy allí con algún grupo la gente se queda impresionada. Esa cantera y otra más pequeña donde podría ir un restaurante podrían ser esa palanca de Arquímedes. Un buen ejemplo es lo que se ha hecho en Atapuerca, que haya una expectación y se generen noticias constantes. Otra iniciativa sería poder excavar la bodega, que es otro gran foco de atracción, o poner en marcha el mirador de la Bahía, con la instalación de una plataforma. Son cuestiones que no se tienen por qué hacer a la vez, pero sí van creando interés. Esa es la palanca, y con eso ya viene el resto como fichas de dominó.

—¿Con qué se daría por satisfecho el día de mañana, después de toda una vida dedicada a la investigación y la divulgación de un espacio único en el mundo?

—Me daría por satisfecho con verlo en funcionamiento, si llega a accionarse la palanca de Arquímedes. Me gustaría que el proyecto tuviera un carácter internacional donde se valorara la excelencia y el entusiasmo. Creo que un pueblo que pierde su historia está llamado a desaparecer. Yo vivo para la cultura, el arte y la belleza.

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