Pepe Mendoza, o cómo ver la vida como una Feria

Fiestas

El conocido columnista llenó la caseta de Helo-Libo con un pregón lleno de nostalgia

El pregonero invita a disfrutar de la Feria y a no perder "el afán por celebrar"

“En la Feria de El Puerto, los días de fino y de rosas devuelven la confianza en la vida”

Pepe Mendoza, durante el pregón de la Feria en la caseta de Helo-Libo.
Pepe Mendoza, durante el pregón de la Feria en la caseta de Helo-Libo. / Julio González

La caseta de Helo-Libo se llenó en la noche del lunes hasta la bandera para asistir al pregón de Pepe Mendoza, uno de los columnistas más célebres de la ciudad que sin duda, no defraudó.

La también columnista de Diario de Cádiz Belén Domínguez fue la encargada de su presentación, definiendo a Pepe como "un embajador de lo portuense" y destacando su enorme sentido del humor y su gran conciencia social. "Inteligente, vivo, crítico y comprometido" fueron algunos de los adjetivos que utilizó en su presentación, dando paso al protagonista cuyas primeras palabras fueron para Miguel Bohórquez Duque, un joven que sufrió un grave accidente de moto el pasado mes de diciembre y que permanece en coma, y al que dedicó su intervención.

El pregón de Pepe Mendoza estuvo plagado de referencias conocidas, entre ellas el comienzo de la novela Cien años de soledad, que parafraseó diciendo: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el funcionario Mendoza había de recordar aquella tarde remota en que su madre lo llevó a conocer la Feria".

Con alusiones a Menesteo, el caudillo griego que fundó lo que hoy es El Puerto, Mendoza hizo un recorrido por la historia de la ciudad, pasando por Cristóbal Colón, Fernando VII, las tertulias de los ilustrados del siglo XVIII, la proclamación de la II República o los gritos del Penal, deteniéndose también en las estampas cotidianas como la vida en los patios. "La belleza de la ciudad permanece, sólo hay que saber mirar", dijo, dejando paso a su primera colaboradora, la escritora Paqui Ayllón, autora de 'La lectora ciega', que hizo un repaso por las referencias literarias de la ciudad.

A partir de ese momento el pregonero estructuró su intervención en cuatro pases, los cuatro lances de las sevillanas, dedicando el primero a la Feria de los años 70. Recordó en concreto la Feria de 1975 en Crevillet, con alusiones a personajes conocidos como Antoñita la de las Flores, y a enclaves como Las Puntilla o los pinares. recordó también aquella célebre caseta, Tierra Mar y Vino, que definió como "la esencia de lo que somos". Entre otras frases alusivas a poemas, películas o canciones, arrancó las risas de los presentes asegurando que "mi infancia son recuerdos de un baño en La Puntilla".

El público llenaba la caseta en la noche del lunes.
El público llenaba la caseta en la noche del lunes. / Julio González

Entre pase y pase el público disfrutó de la actuación de Verónica Reyes y Nono García, llegando entonces la segunda sevillana, que el pregonero dedicó a su etapa de adolescente. Habló entonces del turronero, que anunciaba la Feria antes de la llegada de las redes sociales, de la primera Feria celebrada en el recinto de Las Banderas, en 1981, y de la caseta de Safa, donde trabajó con sus compañeros para pagarse el viaje de estudios a Italia, con un especial recuerdo para el profesor José Matiola. "Dios la tenga en su despacho", dijo de su vieja máquina de escribir, a la que le debe su vida laboral en la administración pública.

La tercera sevillana se la dedicó a la paternidad, allá por el año 2000, cuando ya tenía tres hijos, reconociéndose entonces en algunas de las frases que le decía su padre años atrás: "Una cosa es la libertad y otra el libertinaje".

Habló también del temido Efecto 2000, que luego quedó en nada, y de la llegada de los teléfonos móviles a nuestras vidas, y también de la dura crisis económica de 2008, rememorando una conversación inventada entre la canciller alemana, Ángela Merkel, y el entonces concejal de Fiestas, Fernando Gago, diciéndole a la germana desde El Rempujo, por teléfono, que de recortes en la Feria, nada.

Llegó entonces un número mímico de Álvaro Galán, que se puso morado, con parsimonia, mientras el respetable esperaba expectante a que dijera algo, aunque solo abrió la boca para comer y beber. Y después llegó ya la cuarta, con la Feria de la madurez, en la que Mendoza desgranó una retahíla de estampas de Feria, jugando con los dobles sentidos y los juegos de palabras.

Sacar brillo a los recuerdos y descorchar las alegrías

Como dijo el pregonero "en la Feria conviven todas nuestras contradicciones, nos reconocemos en los otros". La sevillana 'Pasa la vida' se escuchó en ese punto del pregón en el que Pepe Mendoza invitaba a dejar a un lado los problemas, por unos días, recordando que la vida es como una Feria, con cuatro pasos: naces, creces, te reproduces y en la cuarta los lances definitivos".

Tuvo también unas palabras de recuerdo para el ex alcalde Rafael Gómez Ojeda, recientemente fallecido, e insistió en la felicidad que da el disfrutar en compañía, hacer cosas juntos, como ocurre con la amistad o el amor. "Vamos a sacar brillo a los recuerdos y a descorchar las alegrías", invitó, insistiendo en que la Feria "nos devuelve la confianza en la vida. Que nunca perdamos el afán de celebrar".

El público le premió con un largo aplauso, al que siguieron unas palabras de la hermana mayor de El Olivo, Ana Ortega, del concejal de Fiestas, David Calleja, y del alcalde, Germán Beardo, antes de que los asistentes brindaran con una copa de fino.

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