Normalidad taurina para la Plaza Real

Corrida de toros en la Plaza de Toros de El Puerto por su 140 aniversario

Corrida de excepción por la pandemia, sin rotundidad en lo artístico y condicionada por el levante

Oreja por coleta para Enrique Ponce, Morante y Pablo Aguado

Imágenes de la corrida del 140 aniversario del coso taurino

La plaza de toros de El Puerto vive su 140 aniversario.
La plaza de toros de El Puerto vive su 140 aniversario. / Fito Carreto
Francisco Orgambides

06 de agosto 2020 - 21:46

El Puerto/Tarde de excepción en la plaza de toros de El Puerto, marcada por la pandemia, en un festejo de aniversario en el que se volvía a una normalidad taurina tan poco común que parecía anormal.

Y fue una tarde de emotivo arranque, porque por megafonía el periodista Javier Bocanegra avanzó, una vez que sonaron los clarineros, el protocolo inicial y dijo que la plaza de El Puerto “tenía el honor de ser real”, lo que arrancó la primera ovación de una tarde que tuvo mucho de reencuentro.

Una larga ovación antes del himno nacional, solemnemente interpretado por la banda de la plaza, vivas al Rey y a España, el desfile de cuadrillas y una nueva nota de emoción: el minuto de silencio dedicado a las víctimas del Covid tras el paseíllo, las cuadrillas desmonteradas, el público otra vez en pie y el toque de oración, sobrecogedor, de la banda Maestro Dueñas.

Y más sonoras ovaciones y vítores en ese prólogo de un festejo salpicado por avisos de megafonía recordando medidas de prevención contra el virus, una tarde que en lo artístico no fue rotunda, aunque cada espada cortó una oreja de ley por coleta.

Los pasajes de calidad, llegaban espaciados, pero el público embozado los celebraba con alborozo. Tardes más triunfales se han vivido en El Puerto, sobre el albero, pero ayer triunfó el público, la afición, que no se quitaba la máscara ni para fumar “lo menos posible”, como rogaba la locución.

Eso sí, la animación en las colas para pasar los controles de temperatura, acceso y geles, era de tarde grande y los aficionados codearon los reencuentros gratamente, hasta con entusiasmo. Después de todo la Plaza Real en agosto es un símbolo del verano portuense, de ocio, de celebración, de fiesta y de alegría.

Por tanto triunfo de la Concejalía de Plaza de toros, de la empresa Lances de Futuro y de la colaboración de la Concejalía de Fiestas, que dejó la plaza de dulce en su exorno, con un golpe de vista extraordinario.

No faltó ni el levante, rancheando y molestando a los toreros y condicionando gravemente el festejo, sobre todo en los primeros toros, los mejores, obligando a la lidia en contra querencia y moviendo las telas para desconfianza y peligro para los toreros.

Bien que lo padeció Ponce en su primero, un toro como toda la corrida que no se aplaudió de salida pero si en el arrastre, que fue bueno y noble pero con poco fuerza y que propició, pese al viento, el buen trabajo del Valenciano aunque la espada dejó el premio en ovación. Su segundo, un jabonero que tardó en emplearse pero al que Ponce metió en la canasta con tesón, sí que permitió que el nuevo torero mediático tocara pelo al son de del Concierto de Aranjuez, como el año pasado, y cerrando su buena labor con Poncinas.

Morante rompió su racha de ocho años sin orejas en El Puerto y se la cortó a su primero, con el que se empleó mucho regalando ráfagas de toreo muy caro. Y no fue un toro fácil ni mucho menos pero el de la Puebla tiró de talento y oficio, que le sobran, y mereció la oreja a ley. Ante su segundo, castaño incierto y descastado, se mostró hasta perplejo. Se empeñó en pararlo con una larga con tres intentos sin resultado y oyó como las palmas que recibió por bulerías antes de salir el toro sonaron a tango y abrevió. Todos los días no es fiesta, eso sí que es normalidad.

Y Aguado, la estrella de la tarde. También se prodigó con excelencia en su labor ante su primero, toro lindo y bueno que permitió al Puerto ver la madera y calidades del sevillano, pleno de torería. Sin embargo su segundo, probón, distraído, sin casta y rajado, no le sirvió para nada más que intentarlo y despenarlo rápido. Ahí quedaron esos mecidos, esas pinceladas y soberbios naturales a su primero de un torero que no, tampoco es normal.

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