
El Alambique
María González Forte
Reforestación
La hermandad de Villamanrique de la Condesa presume de ser la más antigua y primera hermandad del Rocío. Esta villa sevillana de apenas 4.000 habitantes y ubicada a escasos 15 kilómetros de la aldea de El Rocío cuenta con una tradición rociera inmensa. La historia oficiosa establece que fue un manriqueño, Gregorio Medina, quien en torno al siglo XV se encontró una imagen de la Virgen del Rocío de unos 85 centímetros de altura en el interior de un viejo árbol donde, al parecer, había sido ocultada siglos antes durante la Reconquista para preservarla de los ataques de los ejércitos nazaríes. En el lugar donde se encontraba ese árbol, la zona conocida como Las Rocinas, fue el lugar donde posteriormente se edificó la ermita y la aldea.
La vinculación de Villamanrique con El Puerto data desde los inicios de la refundación portuense. No en vano, cuando en junio de 1959 se postró por primera vez el simpecado portuense ante la matriz lo hizo acompañado de la de Villamanrique, que aceptó amadrinarla. Hoy, 50 años después, se repetirá aquella misma estampa con ambos simpecados (aunque el de El Puerto no es el original ya que el actual llegó a la hermandad en los sesenta).
Hay un detalle que no debe pasar desapercibido. En uno de los faldones de la carreta de Villamanrique aparece el escudo de la filial portuense, junto a la de Triana, Sevilla (El Salvador) y Bollullos de la Mitación, todas ellas amadrinadas por la primera filial. Su hermano mayor estuvo presente el pasado 25 de abril en el pregón de la hermandad del Rocío.
Pero la hermandad portuense también puede presumir de antigüedad. Ya lo dijo el hermano número 1 de la filial, Rafael Sevilla, el pasado miércoles cuando se inició el camino. "No olvidar que somos los primeros".
De hecho, en la primitiva regla de la corporación de Almonte (que data de 1757) se apunta: "El ejemplo de la hermandad, fundada por la villa de Almonte, movió a la de Villamanrique, Pilas, La Palma y Rota, y a las ciudades de Sanlúcar, Moguer y Puerto de Santa María para instituir igualmente hermandades que anualmente concurriesen a la función que en obsequio de Nuestra Señora del Rocío se hace en la mencionada iglesia". Sin embargo, la portuense se perdió en el siglo XIX. Se recuperó en 1958 y, un año después, el simpecado portuense volvió a postrarse ante la Blanca Paloma.
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