Julio Ceballos : “En China tienen un plan”

Julio Ceballos | Escritor

El consultor y escritor Julio Ceballos.
El consultor y escritor Julio Ceballos. / Juan Carlos Vázquez
Miguel Lasida

04 de abril 2025 - 04:59

Después de casi media vida como abogado economista especializado en internacionalización y estrategia de mercado en China, Julio Ceballos (Reinosa, 1979) ha irrumpido en el mercado editorial como un notable analista del país asiático, sobre el que ha publicado dos ensayos: Observar el arroz crecer (Ariel), que recorre la sexta edición y “es el libro sobre China más vendido en España en los últimos veinte años”, y El calibrador de estrellas (Ariel), cuya “primera edición se ha agotado en 24 horas”, explica el autor cántabro.

–El emperador chino Shih Huang Ti empezó en el siglo III a. C. a levantar la gran muralla y llevó a cabo una quema indiscriminada de todos los libros.

–Decidió eliminar el pasado, que la historia comenzara con él. Pero levantar un muro en un país de las dimensiones que tiene China y borrar la historia previa es una cosa que raya lo absurdo.

–Ahora es el abanderado del comercio global.

–Correcto.

–Menos información, arte y libros, les interesa comprar y vender de todo.

–Saben que son los más fuertes del mundo, comerciando también. China ha aprendido que cada vez que se cierra sobre sí misma se empobrece.

–¿Qué puede aprender de China un español corriente?

–Que no improvisan, que tienen un plan; que todo lo que ha sucedido en China en los últimos cuarenta años es fruto de la planificación, de premiar el mérito y del fomento de la educación.

–Hay artistas chinos que han denunciado la represión social y la falta de libertad de expresión. ¿No es incoherente con ese fomento de la educación y el aprendizaje?

–Quien quiera aprender y acceder a cualquier tipo de información en China puede hacerlo. Hay herramientas con las que puedes saltarte el cortafuegos estatal y acceder a contenidos en Internet, como Facebook, Instagram o lo que sea. Lo que nadie puede hacer en China, ni el ciudadano de a pie ni los artistas ni los intelectuales, es socavar el poder del Estado.

–¿Y no protesta la gente?

–La gente critica, se queja, se manifiesta, porque no existe libertad de expresión ni libertad de prensa pero sí una opinión pública volcada en las redes sociales. Y el gobierno tolera esas expresiones para tomar el pulso de la sociedad y ver cuál es el impacto de las políticas que se aplican. Cuando eso empieza a convertirse en un clamor o en un disenso, lo cortan.

–Conozco a un señor de Mali, emigrante en Sevilla, que critica agriamente a Macron y a Putin pero no a Xi Jinping. ¿Por qué?

–Muy sencillo. China está haciendo lo que dejó de hacer Occidente, le está dando a África financiación, tecnología e infraestructura sin exigencias políticas. Porque Occidente y Rusia esquilmaron y no dejaron nada donde llegaron. Los chinos llegan, se aprovechan de los recursos, pero dejan puentes, escuelas, vías de ferrocarril e infraestructuras.

–¿A cuánto poder aspira China?

–No aspira a que el mundo sea chino sino a que no sea contrario a lo chino. Y se convertirá en un país lo suficientemente poderoso como para que no le impongan las reglas. El poder lo quieren de un modo preventivo y protector. Están construyendo una especie de Suiza china, quieren prosperidad, seguridad y paz intramuros. La estrategia para ello es sencilla y compleja al mismo tiempo, lograr que el mundo dependa de China y que China no dependa del mundo.

–¿Veremos antes a un francés en una trinchera en Europa del Este o a un chino en una trinchera en Taiwán?

–Creo que ni lo uno ni lo otro, pero la experiencia histórica nos dice que es más probable lo primero que lo segundo.

–¿Qué se habla en China sobre la vuelta de Donald Trump al gobierno estadounidense?

–Los chinos se toman muy en serio a sí mismos y piensan en ciclos de cien años. No se toman en serio a Trump, porque parten de la idea de que también Trump pasará.

–¿Cuál es el estereotipo del ciudadano chino medio?

–En China hay 56 etnias, pero más del 90% pertenece a la etnia han y, por tanto, el chino medio puede definirse como miope, de baja estatura y muy trabajador, obsesionado por la educación, el dinero y la continua mejora.

–¿Y son espirituales?

–Son más supersticiosos que creyentes. Se rodean de ritos, de abalorios y de gestos que, de alguna manera, creen que los protegen y les son propicios. No es raro ver a un chino con un crucifijo, una pulsera de jade, un signo del Fu y que va al templo budista a hacer su rito.

–¿Y cómo ve esa mayoría china a las minorías?

–Todos forman parte de la gran nación pero la etnia han se sabe heredera de una estirpe milenaria con una historia gloriosa a sus espaldas, cosa que las minorías no tienen.

–¿Tiene un musulmán o un cristiano en China los mismos derechos y los mismos deberes que la etnia han?

–Las religiones se toleran pero no se promocionan. Las diferentes iglesias se consideran asociaciones culturales y disponen de templos en los que ejercitar su fe, pero siempre supeditados a la política del Estado. La iglesia no representa un poder independiente en China.

–¿Cómo son tratadas las minorías homosexuales o las transexuales?

–China sigue siendo un país profundamente tradicional y su conservadurismo no gestiona de manera muy moderna las minorías. No visibiliza en exceso a la comunidad LGTBI, que existe y tolera, pero no integra demasiado a quienes no representan la norma.

–El filósofo Chuang Tzu, cuenta Borges, soñó que era una mariposa. Después de despertar no estaba seguro de si era un hombre que soñó que era una mariposa o una mariposa que estaba soñando que era Chuang Tzu. ¿Qué inseguridades embargan a un chino?

–Un chino solamente duda de si el momento le es suficientemente propicio. Es todo un poco esotérico, pero así es. Es gente que le presta muchísima atención a los ciclos astrales, a las fases de la luna, a los momentos vitales... En el largo plazo apenas dudan. Saben que con un plan, con tesón y con paciencia lo acaban logrando todo. Si no ellos, sus hijos; si no sus hijos, sus nietos.

stats