"La pandemia puso a prueba el liderazgo callado de los intensivistas"

Ángel Estella. Intensivista y coordinador de 'Cuaderno de Bitácora de la pandemia en las UCI andaluzas'

El doctor Ángel Estella. / M. G.
Cristina Valdivieso

02 de abril 2025 - 03:00

El doctor Ángel Estella es coordinador del grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas y Sepsis de la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (Samiuc), director de investigación del Área Sanitaria Jerez Cista Noroeste y Sierra de Cádiz y jefe de sección Medicina Intensiva del Hospital Jerez, además de profesor del departamento de Medicina de la Universidad de Cádiz, pero, por encima de todo eso, forma ya parte de la historia del batallón sanitario que desde las UCI andaluzas se enfrentaron hace cinco años a un desconocido virus que puso patas arriba su día a día.

Ahora, con tiempo para la reflexión, repasa los momentos más críticos de la pandemia, el papel de los intensivistas y las lecciones que dejó esta crisis sanitaria en un libro que ha impulsado desde su grupo de trabajo titulado Cuaderno de Bitácora de la pandemia en las UCI andaluzas, del que la Samiuc repartirá un ejemplar a cada UCI de Andalucía.

¿Por qué el título de Cuaderno de Bitácora?

Porque realmente no se trata de un libro al uso como pudiera parecer, es más un documento que, me atrevería a decir está diseñado por y para intensivistas con el fin de que pueda ser útil para aprender de nuestros errores y también reforzar las cosas que se hicieron bien. Se llama Cuaderno de Bitácora porque remeda al diario de a bordo que la gente de la mar escribe en sus embarcaciones en tiempos de tormenta, para dejar constancia de lo acontecido por si pudiera ser de utilidad para próximas tormentas. Aquí hemos hecho igual, están recogidos sin modificación alguna las cartas que cada domingo desde el mes de marzo de 2020 hasta el fin de la pandemia emitimos a todas las UCI de Andalucía. Se enviaron a modo de parte de guerra informando de como estábamos, la situación epidemiológica en las UCI tratando desde perfil clínico, pronóstico, nuevos tratamientos, aspectos organizacionales, éticos, desgaste profesional… Ahora se puede ver con retrospectiva real y fidedigna como actuamos en cada momento.

Habla de aspectos organizativos, ¿también contemplaban esos aspectos?

Es que durante la pandemia se atendieron en las UCI más de 7.500 pacientes con neumonía grave por SARS CoV2. De ahí mi total gratitud al grupo de responsables de todas las UCI andaluzas que en medio de los peores días informaban a diario y prácticamente en directo de los ingresos, altas y bajas a través de un grupo que permaneció muy activo ofreciendo una información muy valiosa. Otra sección está dedicada al inmenso trabajo de un intensivista del Hospital San Juan De Dios del Aljarafe, el doctor José Luis García Garmendia. En base a esos datos y su gran ncconocimienton bioestadística nos emitía informes predictivos de lo que podría ocurrir, de un valor encomiable para los clínicos.

El libro está dedicado a los pacientes, pero también a vuestros familiares...

Es importante que se sepa que muchos de nuestros compañeros dejaron de ir a sus casas tras las jornadas de trabajo por miedo a contagiar a sus familiares, los que volvíamos a casa tampoco contactábamos físicamente con nuestras familias por temor a perjudicarles. Me sigue encogiendo el alma rememorar aquello porque dejamos de visitar a nuestros padres por el mero hecho de trabajar en la UCI. Nuestras familias sufrieron estas circunstancias, y pagaron un coste que no les correspondía, que menos que reconocerlos en esa dedicatoria.

También menciona que la pandemia fue un baño de humildad para los sistemas de salud. ¿A qué se refiere?

Nos dimos cuenta de que nuestros sistemas de salud, que creíamos preparados, eran mucho más frágiles de lo que pensábamos. Era impensable que situaciones como la que ocurrió en la epidemia de polio a mitad de siglo pasado en Copenhague fueran a repetirse en nuestro tiempo. No solo escasearon respiradores y camas de UCI, sino también elementos básicos como equipos de protección en los días iniciales marcados por una gran incertidumbre. Nos vimos obligados a gestionar recursos en condiciones extremas. La población se volcó con nosotros y percibimos entonces que no estábamos solos.

¿Cómo respondió la especialidad de Medicina Intensiva a este desafío?

Con profesionalismo y entrega absoluta. Los intensivistas no sólo atendimos a los enfermos más graves, sino que también lideramos la organización de recursos, coordinamos con otras especialidades y generamos conocimiento en tiempo real participando en proyectos de investigación muy necesarios. La pandemia puso de manifiesto un liderazgo callado, centrado en la colaboración y no en el protagonismo.

Se discutió en los medios públicos sobre la falta de camas-UCI...

El concepto cama-UCI merece la pena aclarar que no es una cama física y un respirador. Este recurso precisa de personal sanitario especializado en cuidados intensivos y ha de estar integrado en esta fórmula. Sin un intensivista, sin enfermería intensiva no se puede hablar de cama-UCI, coincido con su pregunta que fue un tema mal entendido por algunos. La especialidad de Medicina Intensiva no va de intubar pacientes o ventilarlos en prono, va de tomar decisiones prudentes.

¿Cuáles fueron los momentos más difíciles en las UCI durante los picos de la pandemia?

Hubo varios. Uno de los más duros fue ver la cantidad de pacientes que ingresaban en estado crítico sin poder garantizar que todos recibirían los mejores recursos. También fue muy duro gestionar la comunicación con las familias, muchas veces por videoconferencia, y presenciar el desgaste emocional de todo el personal sanitario. Se han cumplido 5 años y parece haberse olvidado, pero los que estuvimos ahí sabemos bien de lo que hablamos..

Habla de la desinformación y el populismo en la crisis. ¿Cómo afectó esto a la labor médica?

En medio de la incertidumbre, algunas personas y medios de comunicación promovieron tratamientos sin base científica, generando confusión. Fueron tiempos en los que hubo que combatir la charlatanería porque es sencilla su difusión a través de las redes. Desde nuestro grupo de trabajo insistimos en tomar decisiones basadas en la evidencia científica y evitar la administración de tratamientos a la desesperada. El rigor científico y la prudencia han de caracterizar las buenas decisiones.

Se ha mencionado la importancia de la vacunación en la reducción de ingresos en UCI. ¿Cómo lo vivieron ustedes?

Fue un antes y un después. La llegada de la vacuna redujo no solo el número de ingresos, sino también la gravedad de los casos. Pasamos de UCI saturadas con pacientes jóvenes y graves a atender, mayormente, a pacientes inmunodeprimidos o con comorbilidades. La llegada de la vacunación se vio reflejada en nuestros informes semanales, conforme se vacunaban por grupos etarios estos disminuyeron sus hospitalizaciones.

¿Qué lecciones nos deja la pandemia para el futuro?

El cuaderno de Bitácora que ahora presentamos es un diario de a bordo de lo que aconteció en aquella época. No lo publicamos para que se nos reconozca nada sino para que sirva para analizar lo que pasó, aprender de nuestros errores y mejorar la atención sanitaria para las futuras generaciones. Sería bueno fortalecer nuestros sistemas sanitarios con una gobernanza que ahora que corren tiempos de calma prepare planes de acción ante emergencias sanitarias.

En el cuaderno de Bitácora, sus informes dominicales contemplan el cuidado a los profesionales sanitarios...

Es que no tengo palabras ni páginas de un libro para poder agradecer a tantos y tantos profesionales que dieron más de lo esperado por sus pacientes en honor a esta profesión. Que menos que cuidar al que cuida para que su labor no sea regida únicamente por su vocación de servicio y se pueda reforzar la señal de pertenencia que debiéramos sentir con nuestro sistema sanitario, ejemplar en todo el mundo por su acceso universal para todo el que enferma, pero no tanto por el reconocimiento a sus sanitarios.

Recientemente una ministra de sanidad cometió la torpeza de afirmar que los médicos cobran un sueldo igual que el de un ministro, no debió hacer esa comparación porque el médico a diferencia de otras profesiones no cobra sueldo sino honorarios, nos dedicamos a una profesión de honor y servicio que va más allá de una transacción económica, basta con que cada uno de nosotros recuerde la mirada de sus pacientes cuando les atendemos en situación de necesidad, no hemos de confundir valor y precio. El desgaste profesional es hoy por hoy una realidad y en mi opinión es necesario un cambio en el modelo organizativo para que los profesionales de nuestra sanidad pública se sientan cuidados y reconocidos.

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