La Janda eólica

La provincia de Cádiz, con 1.315 megavatios, es la primera de Andalucía (quinta de España) en potencia eólica instalada Medina y Vejer acogen aerogeneradores de última generación

Unas vacas pastan junto a tres aerogeneradores de uno de los parques eólicos de La Janda, el pasado jueves en el término de Medina Sidonia.
Unas vacas pastan junto a tres aerogeneradores de uno de los parques eólicos de La Janda, el pasado jueves en el término de Medina Sidonia.
T.r. La Janda

17 de julio 2016 - 05:01

Esta torre sobre la que giran las enormes palas no es de metal, como las otras que salpican el territorio de La Janda. Esta torre es experimental. Aquí se alzan 90 metros de hormigón y, sobre ellos, otros 20 de metal. En el futuro, cuando se construyan aerogeneradores así, ese último tramo será como los otros tres que tiene debajo: de 33 metros cada uno y de un hormigón nada común, con un aditivo especial que le permite soportar muy bien los esfuerzos de tracción y compresión. El hormigón aguanta muy bien la compresión pero no se comporta igual ante la tracción; como la torre oscila, esos elementos especiales lo hacen mucho más resistente. Aquí está, pues, esa máquina que pesa mil toneladas, esta alternativa, este proyecto I+D que busca dar una solución a la instalación de parques eólicos en emplazamientos en los que es difícil conseguir hierro o resulta muy costoso el transporte desde el punto de fabricación hasta el de montaje.

Quien nos explica las características de esta torre construida hace un año es Antonio Martín, delegado en Andalucía de EDP Renovables, la empresa que ha desarrollado este proyecto que forma parte de la fase de investigación tecnológica de la compañía. Estamos en Los Almeriques, en Medina Sidonia. No es casual que el prototipo lo acoja este municipio. Medina ha recibido el V Premio a la Integración de la Eólica 2015 que concede cada año la Asociación Empresarial de la Eólica (AEE). Con 200 megavatios eólicos (74 aerogeneradores) repartidos en siete parques, es el tercer municipio con más potencia eólica instalada en la provincia de Cádiz, que a su vez es la quinta de España (1.315 megavatios, unos 700 aerogeneradores).

El sector da empleo a unas 500 personas en la provincia de Cádiz, que es un gran referente en energía eólica, anota Antonio Martín en esta mañana de levante durante un recorrido en el que nos muestra el prototipo de hormigón, otro parque en Vejer y las dos subestaciones que recogen la energía de los aerogeneradores de La Janda y la remiten a Red Eléctrica.

La torre de hormigón se puede fabricar in situ, señala Martín. Es un método competitivo para parques con más de 50 torres, para uno de 100 megavatios en adelante, si se consideran máquinas de dos megavatios. Los moldes se pueden transportar como un contenedor de 60 pies y se pueden fabricar las torres en el mismo parque, aunque para montarlas es necesario recurrir a grúas de gran tonelaje: cada dovela pesa unas 120 o 130 toneladas. La torre entera, 1.000. Eso evita muchos gastos externos: la logística de transporte de las torres metálicas es muy complicada y muy costosa.

A unos kilómetros de Los Almeriques, en Las Peñuelas, también en La Janda pero en el término de Vejer, rodamos por una de las resistentes pistas sin asfalto por las que han sido transportados los nueve aerogeneradores de 3 megavatios que también ha instalado EDP Renovables en tres parques eólicos. Son máquinas tecnológicamente avanzadas respecto a todas las demás, que son de 2 o de 2,3 megavatios. Bajo la que estamos ahora, de 85 metros de altura, el levante sopla a unos 50 kilómetros por hora, calcula Antonio Martín. Arriba, giran palas que pesan unas 50 toneladas cada una, en una góndola que suma otras 250 toneladas. Son elementos de mucha enjundia a la hora de montarlos. De ahí que haya que usar grúas de 500 a 700 toneladas de capacidad de elevación.

Martín explica que para montar un parque eólico analizan tres elementos: si hay viento suficiente como para poder soportar la explotación estimada en el lugar elegido; si el entorno admite la instalación, si es posible obtener permisos de Medio Ambiente y del Ayuntamiento; y tercero, si es posible pasar a la red eléctrica la energía que genere el parque. No todos los sitios son adecuados. Como paso previo, durante un año como mínimo, unas torres meteorológicas con equipos de medición recogen información que permitirá saber qué cantidad de energía se puede obtener según la turbina que sea colocada. Con esa previsión de energía, la empresa hará cuentas y verá si el parque es o no viable, si puede ser rentable. El estudio de viabilidad se hace para 20 o 25 años, que es generalmente la vida de las máquinas. Un parque eólico es una fábrica de kilovatios hora que debe poner luego en la red eléctrica. Martín lo expresa con claridad: unos fabrican vasos; otros, cucharas... "Nosotros, kilovatios hora".

Si la empresa decide seguir adelante, lo que viene después es la tramitación administrativa. Presentado el estudio de impacto ambiental, Medio Ambiente les dirá sí o no; es una respuesta vinculante. Con el sí llegará la autorización administrativa y entonces la empresa debe conseguir la conexión. Si es con una red de alta se hace a través de Red Eléctrica; si es con una red de media tensión o de distribución, a través de la compañía distribuidora de la zona. En esta zona que visitamos hay siete parques eólicos. Todos están conectados con una subestación que transforma de 30 kilovoltios que generan las turbinas eólicas a 220 que van camino de la subestación de Red Eléctrica que está en Alcalá de los Gazules.

Martín dice que un reciente cambio de regulación, en el modo de establecer el precio del kilovatio hora, ha provocado cierta conmoción en el sector eólico porque las previsiones que se habían hecho al montar los parques cambiaron radicalmente. Eso ha obligado a las empresas a ser muy cuidadosas con el mantenimiento y la optimización. Y las ha llevado a tener una gran capacidad técnica para poder ver y valorar la gestión del parque en todo momento, para que esté disponible con cualquier velocidad del viento. "Nuestro equipos consiguen mantener los parques por encima del 97% de disponibilidad. Eso significa que si hay viento, la máquina está dispuesta para funcionar y eso permite una buena gestión de la energía que estás poniendo en la red".

En torno al 20,8% de la energía consumida en España es ahora de origen eólico. Antonio Martín sabe bien cómo ha sido el camino hasta alcanzar ese puesto porque él empezó con el sector allá por 1986. Él participó en montar en Tarifa el primer parque comercial de Europa. Lo hicieron con máquinas de 100 kilovatios que tomaban el viento por la parte de atrás, con una tecnología muy distinta a la actual pero que funcionaban muy bien, dice Martín; el parque, de 30 megavatios, estuvo funcionando hasta hace poco tiempo. Más adelante ya se montaron máquinas de 330 kilovatios, también en Tarifa. Y posteriormente hubo un salto a las de 700 y 800, y de ahí se pasó al megavatio, al megavatio y medio, y luego a los 2,3 y los 2,5. Hasta llegar a las últimas, como la que hemos visto en Vejer, de 3 megavatios.

Todo ha cambiado mucho: en diseño, en operación y mantenimiento de los parques, y en la tecnología de las máquinas; ha habido un gran avance, comenta Martín. El empuje de la energía eólica en la provincia de Cádiz comenzó en 1992, cuando se montó el parque de Tahivilla. Ahí también estaba él. Y el gran salto, dice, se produjo entre 2006 y 2009. Lo que permitió crecer fue el acceso a la conexión con la red eléctrica. En España puede haber ahora cerca de 23.000 megavatios instalados, con 1.085 parques eólicos. Pero el sector afronta un momento complicado, difícil. "El Gobierno está planteándose parques que tengan un rendimiento de 2.700 kilovatios hora por kilovatio instalado año. Los parques con un rendimiento de 2.000 a 2.200 son inviables. Así que el sector se ha comprimido bastante. No estamos en nuestro mejor momento", anota Martín, que no obstante tiene un convencimiento: "El futuro está en las energías renovables".

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