"Rajoy es el político que más se parece a Franco por su forma de actuar"

José oneto revuelta. periodista

El informador isleño, testigo y cronista de la transición desde las revistas más influyentes ha recibido el Premio a la Libertad de Expresión del Ayuntamiento de San Fernando

José Oneto, el pasado jueves en San Fernando.
José Oneto, el pasado jueves en San Fernando.
M. Muñoz Fossati /Cádiz

17 de noviembre 2013 - 05:01

José Oneto es Pepe en su pueblo y en el mundo periodístico. A sus 71 años conserva un aspecto envidiable. Su flequillo rubio aún permanece vivo como una seña única, y los almanaques de oficio que atesora mantienen su capacidad de análisis de la realidad. El Ayuntamiento de San Fernando le entregó el pasado viernes el Premio a la Libertad de Expresión, derecho que casi sería como un tercer apellido para este periodista isleño, testigo, cronista y estudioso de un periodo decisivo: la llamada Transición española. Oneto se apresura a expresar su agradecimiento por el premio "como isleño, y por el hecho de que en fechas cercanas al Bicentenario de la Pepa me hayan otorgado los tres grandes, el Agustín Merello, el de la Libertad de Expresión y el de los Clubs Liberales de España".

-Un premio que lleva por nombre 'A la Libertad de Expresión' debe de ser lo máximo para un periodista.

-Evidente, porque si un periodista no ama y defiende la la libertad de expresión no significa nada. Y sobre todo porque la libertad de expresión es un poco el basamento de todas las demás libertades, y en este país en el que muchas generaciones han conocido la libertad de expresión muy tarde, mucho más. Hubo que conquistarla porque durante mucho tiempo estuvo secuestrada por el poder político. Para esas generaciones que no la disfrutamos siempre tiene, entonces, mucho más valor que para otras que las disfrutan y no conocen otro periodo que el democrático.

-¿Cuándo ha ejercido usted más cómodamente esa libertad de expresión?

-Probablemente ahora, aunque hay muchas cortapisas, sobre todo del poder económico. Pero la época más dorada fue la aventura de la transición, porque fue la aventura de un país y de una generación que hizo posible la Constitución del 78 y que se pusieran las bases de probablemente el mejor periodo de la historia española, el periodo donde creció más la riqueza y más se profundizó en las libertades, es decir la conquista de la democracia. Pero evidentemente los años aquellos fueron años de aventura. Ahora estamos en una situación política totalmente distinta, con graves problemas dentro de la propia profesión, que no son precisamente de libertad de expresión, aunque existan, sino que afectan al modelo de periodismo que estamos haciendo.

-¿Se hace periodismo más a gusto contra una dictadura?

-No, hombre, se disfrutaba más entonces porque era un poco una conquista. Cuando no había libertad y había que conquistarla, y aparte de periodismo y aparte de contar historias estábamos contribuyendo al nacimiento de un régimen democrático, la defensa de determinados valores tenía mucha más validez que en cualquier otro periodo de la historia reciente.

-¿Qué parte de la conquista de la democracia española hay que otorgarle al periodismo?

-Yo creo que la principal, primero, es que la transición no se habría producido sin la colaboración de un sector muy importante de la prensa, y después porque en cierto modo fue en la prensa donde se ensayó una y mil veces, antes de conseguir la libertades formales, cómo iba a ser esa transición. En la prensa aparecieron por primera vez personajes del exilio que nunca habían aparecido en España. Y se convirtió en eso que se llamó un 'parlamento de papel', un parlamento que en ese momento estaba secuestrado, y que sin embargo estaba vivo en las páginas de muchas revistas y algunos periódicos.

-¿Tenía entonces más poder la prensa?

-La prensa no tiene poder, en todo caso influencia. Yo no creo en la prensa como cuarto poder, como dicen. Tiene sobre todo la extraordinaria arrma que supone la denuncia de los abusos. El éxito de la prensa está en publicar lo que los poderosos no quieren que se publique. Este es el mecanismo de funcionamiento de una prensa que no ejerce de poder como los clásicos de Montesquieu, sino que ejerce en todo caso de contrapoder.

-Pero ahora se publican páginas y páginas de escándalos, y a los poderosos no parece ni arañarles siquiera la piel.

-Es verdad, porque hay una inflación de casos. En este momento en España hay un problema de saturación de informaciones sobre la corrupción que parece que no afecta al poder establecido, pero sin embargo sí se refleja en las encuestas. Y veremos cuáles son los resultados a medio plazo cuando se produzcan las elecciones.

-¿Cuáles cree usted que serán esos resultados?

-Ya hay un hecho que parece incuestionable, que es que está a punto de desaparecer el modelo en el que se ha basado toda la transición, el del bipartidismo. Los dos partidos más importantes del país están en crisis y está surgiendo lo que se llama un cuatripartito que probablemente hará cambiar mucho los esquemas con los que se ha movido la clase política durante muchísimos años. Además, la propia transición en este momento está en crisis, porque la mayoría del país no ha votado la Constitución, no es consciente de los valores que encarna la transición, y por otra parte, el país está sumido en una crisis mútiple, una crisis económica, social, política en cuanto hay un gran desprestigio de la clase política.

-Parece un panorama preocupante.

-Es que incluso hay una crisis institucional, en tanto hay un desgaste de la Jefatura del Estado. Si a esto se añade una crisis del propio modelo constitucional, porque ya está empezando a discutirse por algunos partidos políticos, estamos en una situación realmente dramática. Y eso repercute en todo, porque estamos en un país que todavía no ha superado una situación económica crítica, que ha hecho que los españoles sean más pobres, que se den cuenta de que por primera vez sus hijos vivirán peor que sus padres, lo que es un fenómeno insólito. Es ahora cuando el país se está dando cuenta de que esta es una crisis que dejará profundas huellas en varias generaciones de españoles.

-Pues si a aquello le llamamos Transición ¿cómo le llamaremos al momento actual de España?

-Podemos llamarle una 'metacrisis', una gran crisis en la que están metidos todos los elementos que han coincidido, porque incluso el modelo de Estado está siendo discutido por Cataluña, que se quiere independizar de España. Creo que nunca este país ha estado en una situación tan crítica como ahora, en la que se está discutiendo absolutamente todo. Y sobre todo cuando cada vez es menos creíble la clase política, que es probablemente lo más preocupante.

-Pues con todo esto, el poder permanece callado.

-Permanece callado, pero sobre todo yo creo que no son conscientes de la gravedad en la que están instalados. Priman más los intereses particulares que, por ejemplo, abordar la reforma electoral,que es un tema clave. La normativa electoral es un producto de la transición que se hizo para consolidar un modelo bipartidista, pero ahora se ha convertido en el poder de los aparatos de los partidos. ¿Qué es lo que ocurre? Que los políticos no se atreven a tocar nada porque tienen deudas pendientes con sus seguidores, con sus militantes y de reparto de poder. Son ellos mismos los que a veces no ven la situación crítica o no quieren verla.

-¿La prensa de esa 'época dorada' habría consentido que un presidente no diera una rueda de prensa o una entrevista prácticamente en dos años?

-Probablemente no. Ni siquiera un presidente de Gobierno en la etapa de la transición se hubiera podido comportar como Rajoy, que tiene mayoría absoluta y probablemente es el político español que más se parece a Franco por su forma de actuar, por su forma de manejar los tiempos y por esa obsesión que tenía Franco de 'mire usted, no se meta en política', y Rajoy procura no meterse nunca en política.

-¿Qué puede hacer entonces este país, o qué podemos hacer los periodistas?

-Los periodistas, en este momento bastante poco, porque a veces la opinión pública ha traspasado incluso los senderos por los que discurría la información, y ha aparecido un fenómeno nuevo, que son las redes sociales. Gracias a ellas, por ejemplo, se ha producido el gran desgaste que ha sufrido la Corona. A raíz de la cacería en Botswana se empezó a hablar de cosas del entorno del jefe del Estado de las que nunca se había hablado. En las redes sociales se ha refugiado gran parte de la oposición más crítica y virulenta y contra el poder. La prensa en este momentto está atravesando además una profunda crisis, una crisis de modelo. Yo no creo que al final el papel vaya a desaparecer, pero necesitamos reflexionar sobre lo que está pasando para que tengamos cada vez menos eco y cada vez más fuerza fenómenos como las redes sociales.

-Pues no parece que haya mucha gente reflexionando sobre eso.

-No, yo creo que no la hay. Nos estamos moviendo por impulsos. No hay una autocrítica de cómo seguimos haciendo periodismo en papel. Yo, que soy un gran lector de periódicos, he pasado horas y horas. Me entusiasmaba, en el periódico encontraba realmente todo, no sólo en los nacionales, sino en los provinciales y locales encontraba verdaderas joyas. En este momento reconozco que cualquiera que esté activo en Twitter y en el manejo del día a día en internet, cuando le llega el papel le da la impresión de que ya lo sabe todo. Yo leo los periódicos en el iPad, en internet, pero sigo recibiendo el papel y me gusta. Porque lo toco, lo subrayo, lo puedo reflexionar, cosa que no puedo hacer en otros medios. Otras generaciones quizá sí puedan. Ahora, reconozco que estamos haciendo los periódicos igual que siempre, estamos contando las historias como siempre.

-¿Y el periodista cómo puede contar esas historias de forma diferente?

-Hombre, lo que hay es una gran contradicción. Yo estoy preconizando un periodismo de calidad, bien trabajado, cosa que está reñida en este momento con los intereses de las empresas, que son las que han precarizado el trabajo de los profesionales, que tienen que atender a todo tipo de trabajo, mucho peor pagados que hace años, y en unas condiciones que no te permiten profundizar en muchas historias ¿La solución es internet? Pues no, mire usted tampoco creo que lo sea, porque ahí hay mucha improvisación, muchos errores, hay cosas sin credibilidad. El periódico al final lo que te sirve es para depurar lo que hay en el mercado. Cuando sale el fenómeno Wikileaks, al final son los grandes medios los que tienen que depurar, dosificar y potabilizar ese alud informativo y le da la credibilidad que probablemente en la red no tiene. Y no sé si la solución es que se pague en internet cuando sobre todo aquí en España en internet es todo gratis. Se paga en medios que son influyentes en tus negocios, pero en otros...

-Es usted un tertuliano destacado. ¿Eso es periodismo o entretenimiento?

-Es periodismo, pero lo han convertido en entretenimiento y en espectáculo. Ya se va a las tertulias de acuerdo con el criterio que vas a defender y no de acuerdo con tu criterio propio. Es corriente que te llamen y te digan qué posición tienes que tomar. Eligen periodistas para que se produzca el choque. Y lo que no hay es debate, que significa exposición de posiciones y la posibilidad de cambiar de opinión durante su desarrollo.

-Ha conocido usted a todos los presidentes de la democracia. ¿Cuál ha sido el mejor?

-El mejor, para mí, ha sido Adolfo Suárez. Tuvo que gobernar en unas condiciones muy complicadas. Creo que la prensa y el país fueron profundamente injustos con él, y gracias a él fueron posibles muchas cosas que ahora sería imposible valorar. Y sobre todo que con él vino probablemente la mejor clase política que ha tenido este país, que no vivía de la política sino de sus profesiones y que una vez terminó el proceso político se volvió a su bufete de abogados, a su oficio normal.

-No se parece mucho a lo que pasa ahora.

-Ahora se está produciendo un fenómeno, para mí peligroso, en los dos grandes partidos, que es la profesionalización de la política. Es decir, el político que surge de pronto y que ni ha sido asalariado, no sabe lo que es cumplir un horario ni tener un jefe, ni ha sido empresario ni sabe lo que es asumir riesgos, pagar nóminas. Su único conocimiento es el partido: entran en las Juventudes Socialistas o en Nuevas Generaciones, y a partir de ahí empieza su carrera política, con lo cual su mundo no deja de ser un mundo muy pequeñito y que tiene que ver muy poco con la realidad en la que estamos viviendo.

-Creo que los dos tenemos en mente a la misma persona.

-Probablemente: el ejemplo es Susana Díaz, que seguramente sea una gran política y tenga posibilidades de serlo más, pero que siempre ha estado en el partido. Ella simplemente recuperó el discurso nacional que había perdido el PSOE en una conferencia en Madrid, y ha dicho cosas que siemprre ha dicho el PSOE y que ahora no se atrevían a defender en público, y simplemente por eso se ha convertido en la triunfadora de la última Conferencia Política y en la mujer clave para cualquier tipo de maniobra sucesoria en el PSOE, tras Rubalcaba.

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