"En política sólo triunfa quien orienta su vela hacia donde esté soplando el viento"

Alfonso Moscoso. alcalde de villaluenga del rosario

Con apenas 44 años de edad ya es el alcalde más veterano de la provincia. Tras 18 años en el cargo ha conseguido que Villaluenga, su pueblo, suene dentro y fuera de la provincia con más fuerza que nunca.

Alfonso Moscoso, fotografiado el pasado jueves en la hemeroteca de 'Diario de Cádiz'.
Alfonso Moscoso, fotografiado el pasado jueves en la hemeroteca de 'Diario de Cádiz'. / Lourdes De Vicente
Francisco Sánchez Zambrano

07 de mayo 2017 - 06:55

GOBERNAR el pueblo más pequeño de la provincia de Cádiz no es un hándicap. De eso puede dar fe Alfonso Moscoso (PSOE), que en los 18 años que acumula como regidor de Villaluenga del Rosario ha logrado, entre otras cosas, llevar a Alejandro Sanz a dar un concierto en este rincón de la Sierra ante 8.000 personas, establecer un cheque-bebé antes de que lo hiciera Zapatero y, sobre todo, impulsar una industria del queso que hoy da trabajo a medio centenar de personas. Pero si de algo está especialmente orgulloso no es por nada de esto. Para Moscoso es más importante que Villaluenga ya tenga agua corriente todos los días del año y, sobre todo, que en su pueblo "todos los vecinos estamos unidos, sin que existan disputas".

-A usted le fichó para la política Alfonso Perales. Casi nada.

-Sí, fue antes de las elecciones municipales de 1999. Yo tenía 26 años y trabajaba en la Caja San Fernando, aquí en la Sierra. Perales y Antonio Mateos (ex alcalde de Grazalema) me convencieron para entrar en política, porque yo ni militaba en el PSOE. Me dijeron que querían alguien formado y cualificado que sacara a Villaluenga del anonimato.

-Es raro que no buscaran a un cunero, porque usted es villalonguense, ¿no?

-Sí, sí, aunque es verdad que estuve muchos años fuera. La EGB la hice de interno en el colegio de los Maristas de Bonanza (Sanlúcar), el BUP y el COU lo estudié en Ubrique y después me saqué el título de Graduado Social en Jerez. Y de ahí al banco. Curiosamente antes de ser candidato a la Alcaldía tuve que superar una especie de primarias, porque había otro aspirante en el PSOE. Le gané y después superé al PP por apenas 15 votos. Me costó porque estaba María José García-Pelayo obsesionada con Villaluenga y con la Diputación.

-Recuerdo un mitin suyo en esa campaña electoral de 1999. Usted dijo públicamente que "a ver si en el pueblo nos llevamos todos bien". ¿Lo ha conseguido?

-Yo diría que sí, y además es una de las cosas de las que estoy más orgulloso. En estos 18 años he intentado actuar siempre con transparencia, honradez, respeto y honestidad, intentando ser conciliador y tolerante. En otros pueblos cercanos los vecinos están divididos por su ideología o por otras razones, y la gente no se saluda o no entra en un bar determinado. Eso afortunadamente no pasa en Villaluenga, donde todos los vecinos están unidos en defensa de su municipio y de sus puestos de trabajo. Porque es verdad que la unidad hace la fuerza.

-No sé si será por su gestión, pero el nombre de Villaluenga suena hoy más fuerte que nunca.

-Bueno, hacia ahí iban dirigidos nuestros esfuerzos, aunque al principio tuvimos que preocuparnos de otras cosas más básicas, como que hubiera agua potable. Porque en el verano de 1999, cuando llegué a la Alcaldía, en el pueblo apenas había tres horas de agua en las casas, como máximo, y nos surtían camiones cisternas.

-A las puertas del siglo XXI y sin agua...

-Pues sí, y solucionar ese problema era una demanda vecinal constante, hasta que lo pudimos arreglar. Y en estos años también hemos abierto la Escuela de Espeleología, donde está la Federación Andaluza de Espeleología, hemos rehabilitado la antigua Posada para abrir un hotel conveniado con Tugasa, hemos hecho un consultorio nuevo, hemos remodelado el colegio, tenemos ahora cosas que antes no había como una biblioteca, un centro de día, una ludoteca o una guardería, hemos remodelado la plaza de toros, que tiene más de 200 años de historia y que hemos logrado adaptar a la normativa de juegos y espectáculos, y hemos arreglado carriles y senderos…

-A principio de 2007 se inventó usted un cheque-bebé para impulsar el nacimiento y el empadronamiento de niños en Villaluenga. El Gobierno de Zapatero lo instauraría a finales de ese año. Parece que le copió la idea...

-Pues no lo sé, pero en todo caso yo pagaba más que él, porque el Gobierno daba 2.500 euros por hijo y nosotros, 3.000 euros. En Villaluenga estuvimos pagando ese cheque durante cuatro años y logramos que la media anual de nacimientos pasara de entre cero y uno a una cifra de entre seis y nueve niños.

-Todo para que la juventud se quede en el pueblo, que es la obsesión del mundo rural.

-Hombre, es que si no rejuvenecemos el pueblo, no se puede fijar la población y nos iremos despoblando. De ahí también que en 2003 adoptáramos medidas de cara a facilitar viviendas de autoconstrucción para jóvenes en terrenos municipales. El suelo se vendía en 900.000 pesetas y nosotros subvencionábamos la operación con 600.000 pesetas, por lo que el vecino sólo tenía que pagar 300.000 pesetas. Se construyeron así casi 20 viviendas para jóvenes.

-Explíquele a otros alcaldes de la zona cómo logró que en 2007 Alejandro Sanz diera un concierto en Villaluenga y cómo consiguió meter a 8.000 personas en el pueblo ese día.

-Bueno, tampoco es ningún récord, porque ahora con la Feria del Queso viene más gente. Este año, por ejemplo, se metieron en Villaluenga 15.000 personas en un sólo día. Pero, en cualquier caso, lo de Alejandro Sanz sólo tenía el objetivo de poner a Villaluenga en el mapa. Los años anteriores habíamos mejorado y embellecido mucho el pueblo y la siguiente fase era darle publicidad. De ahí las corridas televisadas por Canal Sur, los conciertos de famosos en las ferias, y también el espectáculo de Alejandro Sanz. Movimos nuestros hilos en Madrid, cerramos el concierto, lo vendimos como un evento medioambiental y todo salió bien.

-Imaginación al poder, que se dice.

-Es que si no es así no logramos nada. Mi máxima es que los alcaldes de los pueblos pequeños tenemos que trabajar el doble que otros para conseguir la mitad. Porque para que se nos abra una puerta tenemos que insistir mucho.

-¿Qué es más difícil, ser alcalde en un pueblo o en una gran ciudad?

-En un pueblo, sin duda, porque lo que nosotros tenemos que gestionar es la micropolítica. En los pueblos los vecinos exigen al alcalde de todo, porque creen que tenemos que saber de todo: arreglo de calles, abastecimiento, depuración, fiestas, ocio, cementerio, deporte, caminos rurales... Y además tenemos que mantener una relación personal exquisita con todos los vecinos y en cualquier momento.

-Decir hoy Villaluenga es lo mismo que decir queso. ¿Qué porcentaje de su gestión está dirigida exclusivamente al queso?

-Una parte mayoritaria. El queso es el motor de desarrollo económico, actual y de futuro, para fijar la población al municipio. Y no es que sea un sector estratégico para Villaluenga, sino que es un sector de vital importancia. Cuando llegué a la Alcaldía en 1999 sólo había una fábrica, la cual llevaba tres años funcionando. Ahora hay cinco fábricas y antes de que acabe el año habrá dos más. Y esas siete fábricas producirán el 40% del queso de la Sierra de Cádiz, tendrán a 48 personas contratadas de forma directa, con amplísima mayoría de jóvenes y mujeres, y servirán para mantener a 120 ganaderos de toda la provincia. Somos el pueblo de España que tiene más queserías por habitante, y Villaluenga depende del queso para su supervivencia. De ahí que yo incida tanto en la defensa a ultranza del queso.

-Y tanta defensa ha originado una guerra en el sector, porque Villaluenga busca la Indicación Geográfica Protegida (IGP) de sus productos queseros y otros productores defienden la Denominación de Origen Protegida (DOP) de los quesos de la Sierra.

-Pues sí, pero esa guerra no tiene razón de ser. Todos los informes que tenemos nos dicen que, al igual que está establecido en el sector del vino, pueden coexistir la IPG de Villaluenga y la DOP de la Sierra. No hay por tanto choque de intereses y yo, como alcalde, defiendo ambas iniciativas. Pero los poderes públicos tenemos que tener en cuenta que ambas reclamaciones son certificados de calidad que solicitan las empresas y nosotros debemos de abstenernos de perturbarlas. Porque cada vez que un político hace una injerencia en una demanda empresarial, lo que hace es cargársela.

-No me dirá que no suena pretencioso que Villaluenga tenga una calle que se llama Alcalde Alfonso Moscoso...

-Entiendo que desde fuera pueda parecer algo pretencioso. Pero quiero dejar claro que sólo intenté satisfacer las demandas de los vecinos. Hubo una recogida de firmas, 400 de los 500 vecinos de Villaluenga pidieron una calle para el alcalde y el pleno lo aprobó. ¿Que yo me podía haber negado? Pues sí. Pero lo pregunto al revés: ¿Puede ir un alcalde en contra de la opinión mayoritaria del pueblo? Porque no admitir la voluntad popular también podía ser criticable.

-¿Echa de menos la presidencia de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de Cádiz?

-No, no. Allí estuve nueve años (2003-2012), fue una etapa muy gratificante porque conseguimos muchas cosas para la comarca, como la red de guarderías infantiles, la empresa pública Aguas Sierra de Cádiz, una red de escombreras o el impulso turístico a la comarca, pero ya acabó y toca mirar hacia adelante.

-Usted, que lleva muchas elecciones siendo el alcalde de la provincia con más respaldo popular en las urnas y que es también el regidor más veterano, ¿se siente valorado en su partido?

-Es una pregunta difícil de responder, porque estoy muy contento siendo alcalde de mi pueblo, que es lo que quería, pero también pienso que los cargos públicos de los partidos los deberían representar aquellas personas que tienen más experiencia, más trayectoria y que han demostrado una buena gestión. Pero está claro que en política sólo triunfa quien orienta su vela hacia donde esté soplando el viento en cada momento. Y mi vela siempre ha estado orientada en un mismo sentido, porque mi objetivo siempre ha sido darle respuesta a las necesidades de los vecinos, ya fuera en el Ayuntamiento o en la Mancomunidad.

-¿Sabe quién le cortó las alas en su partido? Porque usted sonó varias veces como delegado de la Junta pero eso jamás cristalizó.

-Pues no lo sé. Si lo supiera, le habría pedido explicaciones a esa persona.

-Y para colmo, en 2015 no repite usted como diputado provincial. ¿Fue un palo muy duro?

-Yo diría más bien que fue una decepción. Yo creía que tras cuatro años de trabajo en la oposición, tres de ellos como portavoz adjunto del Grupo Socialista, había aprendido qué es lo que no había que hacer en un gobierno, porque las políticas que había aplicado el PP habían asfixiado a los pueblos pequeños. Yo aspiraba a revalidar mi cargo de diputado para poder aplicar esa experiencia y ese trabajo. El hecho de no repetir me lleva a pensar que no lo haría tan bien como diputado.

-¿Y le compensa su actual trabajo como asesor en el gobierno de la Diputación?

-Sí, porque tengo la posibilidad de dar mi opinión y de asesorar sobre cuáles deben ser las distintas políticas que se deben poner en marcha en los pequeños municipios para que tengan un desarrollo socioeconómico, una diversificación económica y una fijación de la población al territorio. Y aquí me gustaría decir como alcalde que Irene García es la mejor presidenta que ha tenido la Diputación para los pequeños municipios. Está poniendo en marcha muchos planes de empleo, proyectos, inversiones e infraestructuras en unos tiempos muy complicados.

-¿Cuál va a ser el futuro político de Alfonso Moscoso?

-Yo también me hago esa pregunta. Ser alcalde de Villaluenga es un ciclo que se está acabando, aunque no sé si ese fin se producirá en las elecciones de 2019 o en las siguientes. Me gustaría ejercer otro tipo de responsabilidades políticas porque creo que por experiencia, trayectoria y gestión puedo aportar bastante, y porque puedo contribuir a la renovación en mi partido... Pero la política es como es.

El alcalde que gobernó 4 años sin oposición

Alfonso Moscoso ha ganado cinco elecciones municipales en Villaluenga y, a excepción de la primera, la de 1999, en la que ganó al PP por apenas 15 votos, en todas las demás ha repetido como el candidato de la provincia de Cádiz con un mayor respaldo electoral en las urnas. Tanto es así que en sus 18 años como alcalde únicamente ha conocido a seis personas que le han hecho oposición, y tres de ellas estuvieron con él en el primer mandato. Pero la palma se la llevó en las elecciones locales de 2003, cuando la candidatura del PSOE que él encabezaba arrasó en las urnas y consiguió la totalidad de las siete actas de concejal con que cuenta Villaluenga, sin que dejara sitio para la oposición. Aquel 7-0 hizo historia pero, aunque parezca mentira, Moscoso no guarda especial buen recuerdo de aquel mandato corporativo. "Nadie me cree cuando digo que gobernar sin nadie en la oposición tiene su dificultad, pero es así. Cuando eso sucede los concejales piensan que se puede gobernar de cualquier manera, saltándose las normas, y entonces la oposición la tenemos que ejercer desde el propio gobierno", reflexiona. Afortunadamente para él ese 7-0 no se repitió, dando paso a dos 6-1 y al actual 5-2./F.S.Z.

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