Pulso en el PSOE de Cádiz: Los jarrones no son para la Casa del Pueblo

Las altas exigencias de los críticos de Ruiz Boix, que querían tener cierto peso en la nueva ejecutiva, abortaron la opción de una candidatura de consenso

María Jesús Montero no ha vetado la continuidad de Ruiz Boix como secretario general

Ruiz Boix acata las órdenes de Montero y negocia una lista de unidad en el PSOE de Cádiz que parece imposible

El alcalde de Rota, alternativa a Ruiz Boix para liderar el PSOE de Cádiz

Ruiz Boix, fotografiado en la sede provincial del PSOE de Cádiz en la campaña electoral de las municipales de 2023.
Ruiz Boix, fotografiado en la sede provincial del PSOE de Cádiz en la campaña electoral de las municipales de 2023. / Julio González

“Querían que fuera un jarrón chino, una simple figura decorativa al frente del PSOE de Cádiz. Y me niego”. Durante los tres últimos días, el actual secretario general de los socialistas gaditanos, Juan Carlos Ruiz Boix, viene repitiendo este mensaje a todos los compañeros de su partido que le preguntan las razones por las que no ha sido posible cerrar una candidatura de consenso en este proceso que ya se ha abierto para elegir a una nueva dirección del partido en Cádiz y que desembocará en un congreso provincial a celebrar el sábado 6 de abril en la capital gaditana.

Una vez que se clausure ese cónclave todo se habrá olvidado, los socialistas, como es habitual en ellos, serán capaces de cerrar filas –con mayor o menor ilusión, cierto es– detrás de la nueva dirección, pero hasta que eso suceda en la provincia se va a vivir –de hecho se está viviendo ya– una lucha de poder para hacerse con las riendas del partido. Y, como es habitual también en este partido, a esta lucha de poder –una más y ya van muchas– no le falta un perejil porque está jalonada de reencuentros imprevistos, deslealtades que duelen, confluencias de intereses más que sorprendentes y posiblemente muchas dosis de venganza.

La realidad actual del PSOE de Cádiz es que hay dos candidatos –precandidatos aún, para ser más exactos– que aspiran a la secretaría general: Juan Carlos Ruiz Boix, alcalde de San Roque, diputado nacional y que aspira a la reelección en un cargo orgánico al que llegó a finales de 2021, y Javier Ruiz Arana, alcalde de Rota, diputado provincial y que en los últimos cuatro años ha ocupado una de las vicesecretarías generales en la ejecutiva provincial.

La nueva secretaria general del PSOE andaluz, María Jesús Montero, dejó claras semanas atrás sus pretensiones en un acto de partido celebrado en el Campo de Gibraltar: prefería una candidatura de consenso en la provincia de Cádiz. Sin embargo, hasta ahora todos los movimientos que se han dado en ese sentido están muy lejos de ese objetivo.

Es verdad que aún quedan dos semanas por delante para intentar llegar a ese acuerdo con el que sueña Montero, pero todo apunta a que los 5.000 militantes que tiene el partido en la provincia estarán llamados a decidir quién es su nuevo líder en unas primarias que se votarían en la jornada del domingo 16 de marzo.

Pero, ¿por qué no se ha llegado a ese consenso que sí se alcanzó hace cuatro años, cuando el regidor roteño terminó retirando su candidatura tras el acuerdo impulsado por Espadas y sellado en su momento entre Ruiz Boix e Irene García, su predecesora al frente del PSOE de Cádiz?

El guante que lanzó María Jesús Montero lo cogió al vuelo el aún secretario provincial del partido, que en los días previos al congreso regional de Armilla abrió negociaciones con los dirigentes más destacados del partido, muchos de ellos posicionados abiertamente en contra de su gestión. Bueno, con todos no, porque Ruiz Boix viene repitiendo a diestro y siniestro que el alcalde de Chiclana, José María Román, ni si quiera le coge el teléfono. Y es que las diferencias entre ambos, manifiestas desde hace tiempo, se agravaron después de que Román haya criticado abiertamente la gestión de Ruiz Boix y después también de que este último reprochara en público a la agrupación socialista chiclanera su escasa implicación, su poco trabajo y su mal resultado en las pasadas elecciones europeas.

Esos acercamientos entre los dos bloques del PSOE gaditano no llegaron a nada, es verdad, pero estaba claro que la prueba de fuego vendría inmediatamente después del congreso de Armilla. Y así fue, porque volvieron a verse las caras en la tarde-noche del pasado lunes en la sede regional del PSOE andaluz, en la sevillana calle de San Vicente.

Fernando López Gil e Irene García vuelven a ser aliados cuatro años después.
Fernando López Gil e Irene García vuelven a ser aliados cuatro años después. / D.C.

Allí, y bajo el arbitraje del nuevo responsable regional de Organización del partido, Francisco Rodríguez, a la sazón alcalde de Dos Hermanas, ponían las cartas sobre la mesa por un lado Juan Carlos Ruiz Boix, que pocas horas antes había formalizado ya su precandidatura a la secretaría general, y por el otro Irene García y Fernando López Gil. Curioso lo de estos dos dirigentes, que hace ahora 13 años forjaron una alianza que logró acabar con el pizarrismo en la provincia –cuando Irene García llegó a la secretaría general en Cádiz–, que mantuvieron esa buena relación durante muchos años pero que tomaron caminos diferentes cuando en 2021 la política sanluqueña dejó tirada al susanismo para apoyar a Juan Espadas en aquellas primarias en el PSOE andaluz. Irene García se convertía entonces en una traidora para muchos referentes del socialismo gaditano, que aún le recuerdan sus palabras en un acto de partido en la Sierra: “¿Alguien tiene dudas de dónde está Irene García?”, le preguntaba ella misma a los periodistas con Susana Díaz a su lado. Y a los pocos días se pasó al bando de Espadas.

Pero el irenismo tampoco perdona a Ruiz Boix, al que muchos ven también como un traidor tras plantearle un pulso –y terminar ganándolo– hace cuatro años a quien era su jefa y quien confió en él durante casi una década tanto en la estructura provincial del partido como luego en la Diputación. Y también le reprochan que no cumpliera el compromiso adquirido en 2021 con Irene García para conformar una ejecutiva provincial de consenso. El papel irrelevante que ha tenido el alcalde de Rota como vicesecretario general en este órgano de dirección es, dicen, el mejor ejemplo de ello.

Los críticos a Ruiz Boix tenían hace cuatro años dos patas y ahora son tres. Siguen frente a él los partidarios de Irene García, lo que queda del romanismo –con el alcalde de Chiclana, José María Román, como principal referente y pidiendo en las últimas semanas abiertamente el relevo de Ruiz Boix al frente del partido– y ahora se les ha sumado el núcleo duro del PSOE de San Fernando, representado por Fernando López Gil y por Patricia Cavada, la alcaldesa socialista más votada en toda la provincia y la segunda de Andalucía sólo por detrás del regidor de Dos Hermanas. Hace cuatro años el tándem López Gil-Cavada apoyó a Ruiz Boix pero todo se rompió en el congreso provincial en el que se eligió a la nueva dirección. Ahí el secretario general del PSOE isleño pidió una vicesecretaría general del partido, Ruiz Boix se negó ofreciéndole un puesto de menos rango y al final nadie de La Isla entró en esa ejecutiva provincial. Durante todos estos años López Gil y Cavada se han mantenido ajenos a todo, han repetido hasta la saciedad que siempre harían lo que ordenara la dirección federal y ahora se sienten validados tras el ascenso del primero de ellos en la estructura regional del partido, donde se ha convertido en el número cinco de la ejecutiva de María Jesús Montero. Gracias a eso se ganó un sitio de privilegio en la mesa que negociaba el lunes un acuerdo en Cádiz.

En el sector oficialista ya ven deslealtad en Ana Carrera, alineada ahora con López Gil

La discusión en torno a una hipotética candidatura de consenso que borrara el trago de las primarias tenía como piedra angular que Ruiz Boix se mantendría como secretario general. Y ello venía dado porque María Jesús Montero en ningún momento ha vetado la continuidad en el cargo del alcalde de San Roque. Montero preferiría que no hubiera primarias pero tampoco quiera llegar cortando cabezas. O, al menos, no ve necesario que haya que cortarlas en Cádiz, porque en otras provincias andaluzas sí que están cayendo líderes bajo la excusa tan manida de una necesaria renovación. En el caso concreto de Ruiz Boix, es verdad que bajo su etapa al frente del partido el PSOE no ha podido saborear ni una victoria electoral en la provincia, sufriendo cuatro derrotas a manos del PP, pero también es verdad que apenas lleva cuatro años en el cargo y que hace unos meses fue el primer líder del partido en toda Andalucía en pedir la cabeza de Juan Espadas como secretario general del PSOE andaluz. Primero lo hizo de manera más o menos pausada, tras la debacle de las elecciones europeas en junio del año pasado, y posteriormente lo hizo ya con más vehemencia alentado por los movimientos que iba intuyendo en Ferraz. Es indiscutible que Ruiz Boix arriesgó, le salió bien la jugada y ahora se siente validado para, al menos, intentar la reelección.

Montero sí ha propuesto que los nuevos secretarios provinciales que salgan elegidos estén más en sus territorios, lo que obligaría a Ruiz Boix a despedirse del escaño en el Congreso de los Diputados al que llegó hace ahora dos años. Pero eso no toca ahora. Ya lo verá en todo caso si sale reelegido secretario provincial.

Allí en la sede de San Vicente Ruiz Boix no se negaba al consenso. Llegaba dispuesto a escuchar a sus críticos. Pero lo que escuchó no le gustó. Cuentan que Irene García propuso que la presidencia del partido –un cargo honorífico– fuera para José María Román y que la cotizada cartera de Organización recayera en el isleño Jaime Armario, que a esa hora aún no había renunciado a la secretaría general. Y López Gil subía la apuesta defendiendo que la presidencia del PSOE de Cádiz fuera para Patricia Cavada y que al frente de Organización continuara la arcense Ana Carrera, que ha asumido este cometido en los últimos cuatro años. Esta propuesta dolió y duele mucho tanto a Ruiz Boix como a sus principales correligionarios (Alfonso Moscoso, Javier Pizarro o Juan María Cornejo). No quieren hablar de traición por parte de Carrera pero sí hablan abiertamente de deslealtad. Y es que Ana Carrera apoyó hace cuatro años la candidatura de Ruiz Boix en contra del posicionamiento de su compañero Isidoro Gambín, que era entonces alcalde de Arcos. Y esa afinidad hizo que el flamante secretario general del PSOE de Cádiz le confiara a Carrera primero el área de Organización y después incluso la portavocía del Grupo Socialista en la Diputación, cuando Ruiz Boix cambió ese escaño por el del Congreso de los Diputados. Hoy Ana Carrera está del lado de López Gil.

Ruiz Boix pensó que en una ejecutiva unitaria pasaría a ser una figura decorativa, y se negó

Pero es que, aparte de los nombres, los críticos a Ruiz Boix exigieron la mitad de los puestos de la nueva ejecutiva, que el propio López Gil fuera vicesecretario general... y el actual secretario provincial del PSOE se imaginó como un jarrón chino al frente del partido, como un simple elemento de decoración sin poder decisorio alguno. Y llegó a la conclusión de que no, de que los jarrones no son para la Casa del Pueblo, y ahí acabó la reunión. Y sus críticos reaccionaron al día siguiente formalizando una candidatura diferente que ya no iba a encabezar Jaime Armario –pese a tantos meses de viajes y reuniones por toda la provincia intentando conformar esta alternativa– y sí el alcalde de Rota, que curiosamente no estuvo en la cita de San Vicente y cuyo nombre ni siquiera fue puesto sobre la mesa para ocupar algún puesto de relevancia en esa ejecutiva de consenso que no se pudo cerrar.

Todo puede pasar en política, y más en un partido como el PSOE de Cádiz donde se ha vivido ya de todo... o casi, casi de todo, como dice el anuncio. Aún hay tiempo de alguna llamada, de alguna reunión o de algún acuerdo muy postrero, aunque eso ahora mismo no se atisba. Lo que sí se ve en el horizonte son unas primarias a las que oficialistas y críticos llegan convencidos de poder llevarse la victoria. Con jarrones o sin jarrones de por medio, todo se dilucidará el domingo 16.

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