"En Vox han crecido el autoritarismo y el dogmatisno"
Agustín Rosety | Ex diputado nacional de Vox por Cádiz
El militar retirado abandona el partido de Abascal indignado por el “seguidismo” con Trump en política internacional y por tener una estructura “antidemocrática”
"Con lo de Ucrania hemos llegado a una situación estrambótica. Nuestro argumentario se nos ha venido abajo”
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Los principios de uno son intocables y no pueden plegarse ante otros intereses más superfluos. Este es el mensaje principal que deja Agustín Rosety (Cádiz, 1947), general de brigada de Infantería de Marina ya retirado, diputado nacional por la provincia gaditana entre 2019 y 2023 y que esta misma semana ha dimitido como militante de Vox. En esta entrevista concedida ayer en su domicilio de Roche, en Conil, Rosety justifica su postura por el seguidismo de su amigo Santiago Abascal con Trump en política internacional, sobre todo en todo lo relacionado con la invasión de Ucrania, pero también por la actitud “antidemocrática” que advierte en la actual dirección del que era su partido.
–Antes de analizar las razones de su baja de Vox, ¿se ha podido despedir personalmente de Santiago Abascal? Se lo pregunto porque sé que han sido muy amigos y porque fue el presidente de Vox quien le ofreció entrar en política como número uno por Cádiz al Congreso de los Diputados en las elecciones generales de 2023.
–Es cierto, conozco a Santiago Abascal desde hace más de 20 años y siempre le he tenido mucho afecto porque he apreciado en él su valor y su patriotismo. Pero no, no he podido despedirme de él en esta ocasión. Hace tiempo que no hablo con él, pero en mis dos renuncias anteriores sí lo hice.
–¿Dos renuncias anteriores?
–Bueno, en el verano de 2023, tras convocarse las elecciones generales, decidí no volver a presentarme a unas elecciones y poner fin a mi actividad política. Le expliqué a Abascal mis razones, fundamentalmente porque entonces tenía ya 76 años y, aunque me considero una persona con una buena arrancada aún por delante, también creía que había que pensar en otras cosas. Ahí sí pude hablar con él. Y también mantuvimos una correspondencia cuando hace unos meses decidí dimitir como patrono de honor de la Fundación Disenso, un órgano de debate y discusión vinculado a Vox y donde abordamos cuestiones de interés con profesionales de muchos sectores sin vinculación al partido.
–¿Y por qué dejó la Fundación Disenso?
–Me fui porque un día me di cuenta que allí no pintaba nada. Fue cuando Vox decidió salirse en el Parlamento europeo del grupo ECR (grupo de los conservadores y reformistas) para integrarse en el grupo Patriots. Yo eso no lo entendí. No entendí que nos alejáramos de nuestros socios naturales como era Fratelli (el partido de la presidenta italiana, Giorgia Meloni), para aliarnos con el partido del presidente húngaro (Víktor Orbán). A mí me parece bien que Hungría, en defensa de sus intereses, se acerque más a Rusia, pero nuestra posición geopolítica es claramente diferente a la de ellos. Ese cambio de grupo se aprobó sin que nadie en Vox nos consultara. Hombre, yo no es que fuera alguien muy importante, pero algo sí tenía que ver en ese asunto. Y como no entendía ese cambio de postura, pues me fui de la Fundación. Ahí sí le escribí a Abascal, le expliqué razones y me contestó muy cariñosamente. Y aunque sopesé la opción de dejar también el partido, al final me quedé por los muchos amigos y compañeros que tenía allí.
–Y así hasta esta semana, cuando ha decidido acabar con su afiliación a Vox. ¿Por qué?
–El sábado publiqué un artículo en un medio digital en el que expresaba mi malestar con el seguidismo de Abascal a Trump en el tema de la guerra de Ucrania. A partir de ahí me llegaron muchos ataques y descalificaciones en las redes, algunas de ellas vinculadas a Vox, que me hicieron la tarde-noche del lunes acabar con esa relación.
"Dicen en Vox que el partido tiene ahora relevancia internacional, pero las elecciones hay que ganarlas aquí”
–Habla usted de “seguidismo” con Trump pero me imagino que usted se alegraría de su victoria en las elecciones estadounidenses, ¿no?
–Pues claro que me alegré porque lo contrario, que ganara Kamala Harris, hubiera sido muy perjudicial para todos. Sí, me alegré mucho de la victoria de Trump, pero sus reacciones posteriores no dejan de sorprenderme. Yo es que tengo la mala costumbre de pensar todos los días, y últimamente no entiendo muchas cosas de las que hace, sobre todo en política exterior.
–Con Gaza y Ucrania, entiendo.
–Sí. Mire, Trump tiene un objetivo claro, y no quiere perder tiempo despistándose con otras cosas. Él sólo quiere preocuparse del Pacífico porque su problema se llama China, un país que es un claro competidor estratégico y que, aunque aún no es una superpotencia mundial, aspira a serlo. Esa es su única preocupación, pero para poder centrarse en ella Trump necesita arreglar cuando antes el tema de Gaza y el de Ucrania. Él quiere irse cuanto antes de Oriente Medio, como hizo años atrás en Siria, una decisión que por cierto se demostró luego que fue un error porque dejó un vacío que aprovecharon Rusia e Irán. Ahora quiere hacer lo mismo en Gaza, de ahí esa propuesta tan extraña de crear esos balnearios o resorts allí, y de ahí también que esté presionando para que Arabia se implique, para que Israel ejerza allí de sheriff de la región, para que Egipto y Jordania acojan a la población que continúa en Gaza y para que Irán se vaya olvidando de su armamento nuclear. Él es así, es un magnate de los negocios y actúa con una prospección de mercado. Y el otro problema que quiere solucionar cuanto antes está en Europa.
–Donde ha culpado a Ucrania de iniciar la guerra con Rusia.
–Eso de Trump me escandalizó. Escucharle decir que Ucrania no debería haber empezado esa guerra y que tenía que haber negociado antes con Rusia me pareció indignante. Porque la realidad es que aquí hay una potencia que es Rusia que ha violado los tratados y ha allanado las fronteras de un estado soberano, algo que está salvaguardado por el orden internacional. ¿Eso ahora no vale nada?
–Pues Santiago Abascal avaló en cierto modo las palabras de Trump sobre Ucrania en una conferencia de partidos conservadores celebrada recientemente en Washington.
–Recuerdo que nuestros padres nos decían aquello de ‘no vayas con malas compañías que te puedes ver arrastrado’, ¿no? Pues eso es lo que ha pasado aquí, que hemos llegado a una situación estrambótica, esquizofrénica. Es que todo nuestro argumentario de los últimos años se nos ha venido abajo. Es que yo mismo, siendo portavoz de Vox en la Comisión de Defensa en el Congreso de los Diputados, redacté nuestra posición en este asunto, una posición atlantista, junto a nuestros aliados y en defensa del orden internacional. Y ahora hemos pasado a la proximidad con Trump, un presidente que ha condenado a Ucrania, que ha cambiado el orden de las cosas y que pretende crear una verdad nueva como que fue Ucrania la que empezó la guerra. Y eso no se puede aceptar.
–¿Y qué le ha pasado a Abascal para cambiar de opinión?
–Pues que le nombraron presidente de Patriots. Eso ha sido un halago que al parecer le ha gustado no tanto a él, porque me consta que Abascal siempre ha rechazado a los aduladores, y sí al partido. Porque desde la estructura de Vox llevan un tiempo diciendo que el partido está adquiriendo ahora una relevancia internacional que antes no tenía, pero parece que se olvidan que las elecciones hay que ganarlas aquí. Y también van diciendo que el partido ahora está creciendo, que vamos por cuarenta y tantos diputados... pero parece que se olvidan también que venimos de tener 52 diputados. Creo que es una evidencia que los últimos tiempos nos estamos dejando muchas cosas por el camino como nuestros principios, nuestras ideas, aunque realmente en Vox nunca hemos tenido un programa electoral, y unas posiciones que eran muy sólidas frente a la de otros partidos más cándidos. Y le pongo como ejemplo que desde el estrado del Congreso yo me opuse en nombre de Vox a la entrada de Ucrania en la Unión Europea y en la OTAN, a diferencia de las posturas de PSOE y PP. Les recordé que había unos tratados según los cuales si alguien atacaba a un estado miembro nos estaba atacando a todos, y que eso nos obligaba a todos los países a defendernos mutuamente. Y, sinceramente, yo no veía ningún ánimo bélico en nuestro entorno, de ahí que defendiera que en España teníamos que ser más cautos.
–Todo esto que cuenta usted se produce en paralelo con un goteo constante de dimisiones en Vox, algunas de ellas de dirigentes de mucho peso dentro del partido. ¿Una cosa tiene que ver con la otra?
–Hombre, aunque sea de manera indirecta, algo tiene que ver, claramente, y la explicación está en el cambio en la dirección del partido. Antes Vox tenía una dirección mucho más coral, con gente que mantenía posiciones diferentes. Antes no había una identificación concreta porque había conservadores, católicos, liberales, nacionalistas españoles, tradicionalistas... El reto era saber coordinar todas esas corrientes. Y, sin poner etiquetas, había gente como Javier Ortega Smith, Iván Espinosa de los Monteros, Santiago Abascal, Macarena Olona, Víctor González, Buxadé... Fueron saliendo uno a uno, la cuestión se fue simplificando y sólo quedó Buxadé que, por cierto, a lo mejor tampoco era tan importante cuento le dejó luego su puesto a Garriga. La situación es que ahora definen la línea política de Vox personas que a lo mejor no son ni militantes. Hay un entramado que ha hecho cambiar al partido.
–Pero usted entró en Vox con mucha ilusión.
–Y tanto, porque teníamos mucho campo por delante, mucha libertad de acción, y las relaciones con todos los movimientos sociales eran muy gratificantes. Pero después inventaron el aparato y todo cambió. Vox ha sido un partido nuevo, y hay ejemplos de partidos nuevos que acabaron mal como Ciudadanos o UPyD. Y eso pasaba porque adolecieron de la falta de una estructura. Y al no haber estructura de partido la gente se dedica a trepar, a una lucha interna por el poder, a buscar su puestecito. Y al final todo es una guerra civil, un ruido interno que se lleva el partido por delante. Y eso es lo que ha pasado en Vox.
–¿Hay alguna posibilidad de que usted vuelva algún día a Vox?
–Es que no veo cómo el partido puede cambiar. Alguien ha propuesto crear otra cosa diferente a Vox, otro partido. Pero yo creo que eso sería un error porque supondría dar muchos pasos hacia atrás. El espacio político está, aquí y en toda Europa, el partido que ocupe ese espacio también está, y sólo faltaría definir el proyecto político, que ahora no existe. Y para arreglar Vox desde dentro hace falta una democracia interna que ahora es inexistente. Mire, yo tengo el convencimiento de que un partido político debe luchar siempre por ampliar las cuotas de poder para poder transmitir sus ideas, y por eso no entiendo que esas cuotas de poder las estemos desaprovechando, como ha sucedido por ejemplo en Castilla y León o en otras muchas zonas. Parece que nada de eso le importa al aparato. Algo parecido a lo de Castilla y León sucedió aquí en Rota con una concejala nuestra que era muy valiosa y a la que el partido no le daba libertad. Como vimos que tenía razón en sus argumentos, la llevamos a Madrid para que expusiera sus razones, pero el aparato no quiso escucharla y se fue. En Castilla y León ha sucedido algo parecido, que el aparato no quiso escuchar a nuestros compañeros. Allí han propuesto ya la refundación del partido, volver al Vox del pasado, y yo eso lo he apoyado porque creo que es lo que hay que hacer. Hay que volver al Vox del principio. En Vox han crecido el autoritarismo y el dogmatismo y hay que corregir esa deriva que no nos lleva a ningún sitio.
"El problema de Vox es que tiene un hiperliderazgo que no deja que otros líderes florezcan”
–¿Santiago Abascal es insustituible en Vox?
–Todos somos sustituibles. Eso lo tengo clarísimo, aunque algún adulador haya salido en las redes diciendo que todos somos prescindibles en el partido menos Abascal. Es un dirigente de Vox que lleva mucho tiempo manteniéndose a base de eso desde hace mucho tiempo
–¿A quién se refiere?
–Pues a Gavira (Manuel, portavoz de Vox en el Parlamento de Andalucía). Puso eso en las redes y yo le contesté que todos somos prescindibles, y más en un partido político. El problema que tiene Vox es que cuando hay un hiperliderazgo, no dejan que otros líderes florezcan. Ahí estaba por ejemplo Iván Espinosa de los Monteros, que se fue por voluntad propia pero porque a lo mejor no le dejaron otra opción. Por casos como ese no hay renovación del partido. Hoy Abascal es imprescindible porque la estructura del partido se ha empobrecido en una línea que considero que es bastante antidemocrática.
–Por cierto, ¿ve usted a Gavira como candidato a la Presidencia de la Junta? ¿Qué futuro le ve a Vox en Andalucía?
–Gavira se ha definido a sí mismo muchas veces como un soldado, como alguien que hace lo que le dicen desde arriba. Es decir, que no es un líder. Bueno, la verdad es que Vox no tiene ningún líder autonómico porque en Madrid temen a cualquiera que despunte un poco. En cuanto a Andalucía, está claro que hoy aquí la garantía de éxito es la del PP, que se ha beneficiado de lo mal que lo hizo el PSOE, bajo cuyos gobiernos la brecha de esta tierra con el resto de España sólo hizo ensancharse. La lástima es que Vox , que tenía una buena posición de partida, no creció más y no pudo entrar en el Gobierno andaluz. Si hubiéramos entrado podríamos haber cambiado muchas cosas porque el PP tiene sus carencias como partido socialdemócrata que es. Que Vox pueda crecer ahora es complicado, porque el partido tiene una estructura antinatural, con unos órganos provinciales elegidos a dedo por la dirección nacional y que sólo cumplen las órdenes que les trasladan unas cadenas de emisarios. Eso es demoledor.
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