“Si no leemos, no podemos escribir; y si no podemos escribir, no podemos pensar”

Sergio Blanco | Dramaturgo

El dramaturgo uruguayo sube a la escena del Falla con cinco trabajadores hospitalarios que relatan su experiencia en ‘Covid 451’

La obra se representa hoy y el domingo a las 19.30 horas

El dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, ayer ante las puertas del Teatro Falla.
El dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, ayer ante las puertas del Teatro Falla. / Julio González

–Llega al FIT de Cádiz ‘Covid 451’, que parece un proyecto interesante, actual original, arriesgado... ¿Cómo surge?

–Es un proyecto que se hace en cada lugar con el cuerpo sanitario de ese lugar y gira en torno al tema de la pandemia. La idea surge en el confinamiento, en marzo. Yo soy uruguayo pero vivo en París, donde tuvimos un confinamiento muy severo, muy estricto. Y en ese momento sentí la necesidad de los demás, de los otros, el déficit de alteridad. Y me surge la idea de proyectar un espectáculo donde subiera a escena personal sanitario, todo el personal que trabaja en los hospitales y darles la palabra, contar su historia desde su mirada. El texto fue escrito por mí primero.

–Un texto base.

–Sí, se podría decir que era un texto base. Lo escribí y después lo voy modificando con los sanitarios. Ese texto va evolucionando, cambiando, se va alimentando con las historias de cada una de esas personas, historias muy interesantes de personas que estuvieron en primera línea viviendo la pandemia.

–¿Cómo fue el proceso de selección de los sanitarios?

–Fue un sistema de audición, trabajamos por las plataformas virtuales, fuimos encontrando distintos médicos, enfermeros, distintos perfiles y después se hizo una selección de cinco personas para Cádiz: una médica, una enfermera, un auxiliar de enfermería, una auxiliar de limpieza y una trabajadora social. Están representadas las personas que uno se puede encontrar en el mundo hospitalario. Y el proyecto se empieza de manera virtual, trabajando a distancia, y los últimos quince días ya llevamos trabajando todos juntos en la ciudad. El texto se va reescribiendo en cada ciudad.

–Es un texto vivo.

–Sí, esa imagen es linda. Es un texto vivo que se va nutriendo y que a mí, que trabajo en la autoficción a partir de vividos personales, me lleva a lo que yo llamo alter-ficción: a partir de las historias de los demás, empezar a crear ficciones, con los cuerpos, con los vividos, con las historias de las demás personas.

–¿Se tienen que aprender el texto o estamos ante una lectura sobre el escenario?

–Bueno, el texto está allí. Tenemos un dispositivo de siete escritorios porque en escena también está el diseñador audiovisual del espectáculo, que tiene una serie de proyecciones. Y tenemos los textos delante nuestra, textos que se leen pero que no siempre son leídos. Hay pasajes que son dichos, otros que son dialogados, es un dispositivo que es muy abierto. Pero hay mucha importancia en el acto de leer. Digo en el propio texto que no lo llamo lectura dramatizada, que es otra cosa y muy interesante, sino que esto pertenece más a la lectio escénica, lecturas escénicas que se practicaban mucho en la Roma antigua donde todo el énfasis está puesto en el acto de leer. Hay una ecuación que es muy interesante: si no leemos, no podemos escribir; y si no podemos escribir, no podemos pensar. El pensamiento, entendido como los comportamientos y las emociones, está muy vinculado al acto de escribir, que está muy vinculado al acto de leer.

–¿Qué mensaje cree que le va a llegar al espectador?

–Uno nunca sabe qué mensaje le va a llegar porque el espectador construye el espectáculo junto con nosotros, es alguien que se sienta y está recibiendo toda una serie de discursos y que va construyendo la partitura junto con nosotros.

–¿Pero que se pretende al menos que le llegue?

–Creo que es un espectáculo que trata de mostrar el momento que estamos viviendo, que no es un momento fácil, que es complejo no solo desde el punto de vista sanitario, sino también económico, social y cultural, porque hay muchos paradigmas que van a cambiar. Está cambiando la disposición de muchas disciplinas humanas, incluso de la ciencia a la que estamos exigiendo una certeza que tampoco puede dar. Parecía que la ciencia tenía un discurso hegemónico pero está demostrando que también es biodegradable, el discurso científico evoluciona y va cambiando. Y toda esta incertidumbre que estamos viviendo se traslada en el espectáculo, que pone la esperanza en que va a venir un mundo mejor, que la humanidad conoció muchas epidemias y pandemias que siempre llegaron y pasaron. Vamos a poder salir adelante.

–¿Tuvo la tentación de poner en escena a algún político?

–No, algún político no; nunca trabajé con políticos, pero bueno, me está dando la idea para un proyecto interesante en el futuro: poner políticos en escena. En todo caso, a mí me interesa mucho mezclar la realidad y la ficción, es muy interesante poner en escena cuerpos reales y personas no intérpretes.

–Lo digo porque al final las decisiones que se toman sobre la pandemia (buenas, malas, acertadas, contradictorias...) vienen de los gobiernos.

–Bueno, sí. Pero por suerte en Europa tenemos un sistema democrático donde no solo los gobiernos toman decisiones, sino que también tenemos distintos espacios donde podemos discutir las decisiones, oponernos, reelaborarlas... Pero puede ser una idea interesante la de trabajar con políticos.

–¿Qué le esta pareciendo esta edición del FIT?

–Yo he tenido la posibilidad de venir en muchas ediciones con espectáculos míos, a dar seminarios, conferencias, tengo un vínculo con Cádiz de muchos años, y esta edición me parece estupenda, excelente, arriesgada. Pese a todo se está defendiendo esta noción de de festival, de fiesta y de encuentro de las artes escénicas. El trabajo de Isla y de Miguel es extraordinario.

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