Horizonte y frontera

27 de abril 2024 - 06:00

Teníamos que comprar unos zapatos para una señora mayor en silla de ruedas a la que se le han hinchado mucho los pies. Llevarla a ella de compras era inviable. Por suerte me acordé de una tienda de barrio conocida por su enorme variedad de zapatillas y alpargatas, Calzados Loli. Evidentemente tenían la solución: podíamos llevarnos 3 ejemplares de distintos modelos, probárselos in situ y otro día, cuando nos viniera bien, devolver los sobrantes y pagar los que más nos interesaran. No nos conocían, no nos pidieron nada a cuenta, solamente nos asesoraron y se fiaron de nosotros.

Esta forma de hacer las cosas era muy habitual cuando yo era pequeña. En mi familia, a mi padre le gustaba comprar y tenía buen gusto, sin embargo, a mi madre le daba mucha pereza hacerlo así que, si necesitaba un bañador, por ejemplo, él iba y le traía varios modelos para que ella se los probara en casa tranquilamente y decidiera.

Defender hoy día este modelo de venta sé que no tiene sentido, acabará siendo arrollado. Me doy cuenta de que resistirse es agarrase inútilmente a un estilo de vida que está por desaparecer. Pero sigo creyendo en las ventajas del pequeño comercio frente a los inconvenientes de las grandes superficies y las compras por internet.

No quiero, sin embargo, parecer uno de esos seres gruñones, que solo añoran el pasado mientras su entorno se da cuenta de que son ellos los que no saben adaptarse al futuro. No creo que cualquier tiempo pasado sea mejor, ni mucho menos, lo que pasa es que tampoco estoy dispuesta a dejar ir sin pelearla una forma de vida más humana en aras de la fría masificación.

Así las cosas, este fin de semana, gracias al estupendo curso de cine impartido por el crítico Javier Ocaña, he encontrado referentes en los que apoyarme, lo cual siempre viene bien. Han sido ni más ni menos que los personajes de John Ford, ese filmador de crepúsculos que tan bien retrató a los seres que se movían en la frontera. Todavía me sigo quejando de los mismos asuntos, pero ahora me encuentro menos sola, he aprendido a entrever qué buscaba John Wayne cada vez que se marchaba con sus insólitos pasos de nuevo hacia el horizonte...

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