
El Alambique
Jesús Andrades
Ser pregonero
Tribuna Económica
Cuando se publiquen estas líneas el lector conocerá detalles de los aranceles prometidos por Trump que son desconocidos cuando se están escribiendo. No anticipemos, por tanto, valoraciones, pero preparemos el terreno revisando algunos datos de la balanza de pagos española.
Recordemos que tras la entrada del euro, la posición comercial de España frente al resto del mundo se vio perjudicada por lo que podríamos llamar una apreciación estructural de la divisa, que fue justo lo contrario que ocurrió a Alemania, la gran beneficiada. Resumamos diciendo que si ambos hubiesen mantenido sus respectivas monedas, es probable que la peseta se hubiese depreciado, mejorando nuestra competitividad, mientras que la de Alemania habría empeorado por la más que probable apreciación del marco. El euro fue, por tanto, una divisa sobrevalorada durante años para la economía española, mientras que para la alemana fue al revés.
Sobrellevar la carga resultó especialmente costoso durante los primeros años. Cuando el euro entró en funcionamiento en 1999, aunque no circulara hasta 2002, la balanza de bienes y servicios española (exportaciones menos importaciones) reflejaba un déficit del 0,4% del PIB. A mediados de 2008, cuando el estallido de la burbuja especulativa, había ascendido hasta el 5,9%, pero a partir de entonces la caída de la demanda interna propició un proceso de corrección, que se intensificó tras la recuperación de los ingresos por turismo a finales de 2010 y permitió finalizar 2011 con un modesto saldo positivo del 0,3% del PIB. Desde entonces, los ingresos han superado los pagos, permitiendo que el saldo de la balanza básica, que incluye a la corriente y la de capital y determina la capacidad/necesidad de financiación externa de la economía, haya podido cerrarse en positivo ininterrumpidamente desde el último trimestre de 2012.
La mayor parte de la balanza básica está integrada por la balanza por cuenta corriente (la de capitales es siempre positiva, pero irrelevante), cuyo significado es especial porque refleja la contribución del sector exterior al nivel de vida. Se obtiene añadiendo al saldo de exportaciones e importaciones de bienes y servicios el de transferencias corrientes con el exterior (las que se destinan a financiar el consumo) y venía cerrándose en negativo desde 1999, hasta que desde 2012 se mantiene en positivo.
El sector exterior lleva más de una década mejorando el poder adquisitivo de los españoles. Los ingresos por turismo lo hacen todos los años y los de exportaciones han resultado cruciales para superar los momentos más críticos, como el de 2008 o la pandemia. En 2024 el superávit por cuenta corriente fue de 48,4 miles de millones de euros, equivalente al 3% del PIB y superando ampliamente al de 2023 (2,7% del PIB). El saldo de transferencias corrientes fue negativo en mil millones, pero ampliamente compensado por el fuerte superávit de los ingresos turísticos, 9,6 mil millones. El resultado es que la capacidad de financiación de la economía española alcanzó el pasado año un récord histórico de 65 mil millones de euros, un 4,1% del PIB. Son algunas cifras que reflejan la realidad amenazada en España por la guerra comercial de Trump.
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