Lo que nos merecemos

13 de noviembre 2022 - 06:00

Ante capítulos indescriptibles como el ocurrido en el pleno municipal, me viene a la cabeza esa máxima de que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece. ¿Realmente es esto a todo a lo que puedo aspirar?

Yo no he reventado un pleno, no he dado codazos a nadie ni he proferido amenazas. Así que, ¿por qué cargar con la culpa de un comportamiento que no está en mis manos? Los únicos que deben avergonzarse y pedir perdón son los protagonistas de la trifulca. Pero aún así, creo que en última instancia buena parte de la responsabilidad es nuestra.

Quienes se sientan en el salón de plenos lo hacen porque mis vecinos y yo así lo hemos decidido, y no solo quienes votaron al equipo de gobierno. El impacto que tenemos desde la ciudadanía para conformar la clase política es mucho mayor del que queremos admitir.

Se nos ha olvidado mirar más allá de un eslogan de campaña y preguntarnos realmente qué nos ofrece cada candidatura, analizar si son quimeras o tienen sentido. Se nos ha olvidado exigir, reivindicar, reclamar cuando no se está cumpliendo. Hemos debilitado -con nuestra ausencia- el movimiento asociativo, clave a la hora de elevar las preocupaciones de la ciudadanía ante las instituciones.

La famosa frase de los gobernantes que nos merecemos tiene una versión actualizada, supuestamente del novelista y político André Malraux, según la cual cada pueblo tiene “los gobernantes que se le parecen”. Quizás así se entienda mejor nuestra influencia.

Nos quejamos de la adición al postureo de nuestros concejales, mucho aparentar y poco hacer. Pero luego nos limitamos a soltar exabruptos y loas en las redes sociales, en lugar de tener un papel activo en el día a día de nuestra ciudad. Cada noticia de este diario, hasta la más aséptica, genera comentarios encendidos cargados de descalificaciones y acusaciones sin fundamento, pero lamentamos que nuestros representantes no sepan mantener un diálogo constructivo. Ensalzamos figuras que son puro escaparate y artificio, y luego echamos de menos gobernantes equipados con conocimientos y sentido común para dirigirnos.

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