Enrique / García-Máiquez

Materia de Humanidad

Su propio afán

30 de marzo 2015 - 01:00

EL Senado español, para no dejarnos mal a los que abrigamos serias dudas sobre su utilidad, ha propuesto "que las manifestaciones culturales, religiosas y populares de la Semana Santa española se incluyan en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco". No puede gustarme menos, y qué sobredosis de mayúsculas. Oh, espera: todavía puede gustarme menos, porque desde el grupo popular, promotor del asunto, "se ha insistido en los motivos económicos que han impulsado esta moción". Alguien les dijo "Es la economía, estúpidos", y en vez de quedarse con la segunda parte, pusieron cara de listos, se centraron en la economía y de ahí no salen ni en Semana Santa.

Es una manifestación más de la epidemia de titulitis. No se mira el contenido, en absoluto, sino a la redacción rumbosa y rimbombante del currículum. Se ve en la universidad, en el mundo laboral, en la política; y ahora quieren hacerlo con la Semana Santa. A ver si luego van a querer que haga un Máster en Fiestas Populares o un Grado en Folclore.

Y a la Unesco, ¿quién le ha dado vela en este (Santo) Entierro? No creo que someter el valor de nuestra antiquísima y eterna Semana Santa al juicio de ese neo organismo sea respetar la jerarquía de las cosas ni la separación de los ámbitos ni nada de nada. En esa lista suya estaría, encima, junto a los castellers y la dieta mediterránea… No sé yo.

Pero lo más absurdo de la propuesta es que la Semana Santa se considere "Patrimonio Inmaterial". Nada puede ser más falso. La Semana Santa es la apoteosis de lo material. El protagonismo es de las espléndidas imágenes, tan sólidas, tan barrocas, tan corpóreas. Y en su estela van todos los sentidos: los perfumes, tan densos, la música, tan táctil, la noche, tan fresca… Nuestra Semana Santa desciende directamente de todas las reacciones que la Iglesia ha tenido que sostener, de santo Domingo a la Contrarreforma, contra la proteica gnosis espiritualista. La Semana Santa es la apoteosis de la Encarnación, que es el dogma menos inmaterial. El Logos se hizo carne.

Mientras escribo, mi hija pinta a mi lado y me informa: "Ahora le voy a poner la barba a Dios". Y, en efecto, Jesús es un Dios con toda la barba, sin metáforas. Una barba real, histórica, con todos sus pelos. La Semana Santa celebra el patrimonio contante y sonante de su Humanidad materialísima, y es lo único que hay que reconocer.

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