Enrique / García / Máiquez /

Retama en flor

De poco un todo

19 de enero 2014 - 01:00

Nicolás Gómez Dávila nos lo ha advertido: "Idea poética no es la que podría servir para un poema, sino la que sirvió". O sea, que no hay numerus clausus poético. Eso puede concretarse en las flores. Las rosas son maravillosas (y además riman), pero no son más líricas (o no deberían) que las feraces corregüelas, tan cantadas, por cierto, en la poesía japonesa. ¡Cuánto se ha escrito de los cerezos en flor!, sobre todo, de nuevo, los japoneses. Algo menos, pero también, se loó la flor temprana de los almendros, y lo merece de sobra. Pero todavía hay muchísimo que escribir de la flor blanca y multitudinaria de las retamas. También florecen en invierno -ya han florecido- y son exquisitas.

Corremos el peligro de que nos pasen desapercibidas al no haber sido tan admiradas (recuerdo un poema de Luis Cernuda, pero es a la retama amarilla; y otro de Leopardi, claro, pero que la contempla poco, distraído con sus filosofías). Alberti se fijó al paso: "Los ondulados / senderos que aureolan los blancos retamares". Yo hice ayer una foto a uno de esos arbustos altos, cargado hasta el desvanecimiento de florecillas blancas, y luego he pensado que por suerte para los escritores aún no se ha inventado la fotografía con olor, porque bastaría el aroma de la retama en flor, sin necesidad de una prosa, para que se te inunde el alma de felicidad y frescura. Recuerda al jazmín, pero aún preadolescente, casi niño, menos seguro de sí mismo.

Las florecillas son muy bonitas, aunque no destacan ni mucho menos como las flores de porcelana del almendro. Las de la retama se dirían hechas a pellizcos pequeños de miga esponjosa de pan. Y luego está el problema del contraste. Sobre los troncos negrísimos del almendro, qué fotogénicas quedan sus flores blancas. Sobre el verde blancuzco de la retama, las suyas van de camuflaje. ¡Mejor para su olor, que, entre el frío y la lluvia, tan lejos de la primavera, nos sobrecoge de improviso con una intensidad turbadora!

Decía Blaise Pascal que todos los problemas de los hombres nacían de nuestra incapacidad para quedarnos media hora a solas en una habitación. Este artículo sobre las retamas se encara pascalinamente o lo pretende con los revueltos problemas del mundo. Siendo enero y con el viento que hace fuera, bastan diez minutos de contemplación de las flores de la retama, un tercio del tiempo de la habitación a solas, para ser más bueno y más alegre.

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