Enrique / García / Máiquez /

Otra de Soria

Su propio afán

07 de septiembre 2016 - 01:00

EL columnismo es un trabajo en equipo, aunque parezcamos solitarios corredores de fondo del periodismo. Se llama columnismo, como en la columnata de Bernini o en el Partenón, y no dolmenismo o menhirismo u obelisquismo. No tiene sentido, por tanto, que yo escriba otra vez el artículo sobre la torpeza de Mariano Rajoy nombrando a su dimitido ex ministro y papelista de Panamá como representante de España en el Banco Mundial. Otros columnistas ya nos han explicado que el nombramiento podía haber sido evitado y hasta qué punto es un bofetón con la mano abierta en la cara de pan de Albert Rivera, con el que se acababa de firmar un pacto regeneracionista, justamente. Dentro del PP tampoco están muy contentos. Sospechan que el bofetón a Rivera es, en realidad, una patada en el propio trasero.

Como todo eso está escrito, me concentraré en la recepción popular de esta noticia, pues, además de su propio interés político, supone un agravio implícito al público en general. Con este nombramiento, tan innecesario incluso para la supervivencia económica de José Manuel Soria, que no pasa hambre el hombre, el Gobierno parece estar diciendo que en España no hay otras personas capacitadas para un puesto así. Me explico: si contra todas las reglas de la oportunidad negociadora y del instinto político, se nombra a un ex ministro, se da a entender que no había alternativas igual de fiables y de capacitadas, pero más discretas.

Como eso es inverosímil, la lógica del hombre corriente recurre a otro fantasma de nuestro mercado laboral y de nuestra vida pública: los contactos, las relaciones personales, los padrinos, las puertas giratorias, las solidaridades en la sombra y, en definitiva, los enchufes. Fantasmas o realidades, el nombramiento de Soria expande a pie de calle la sensación de que hay un club selecto de poder con entrada reservada y que las piezas (los piezas) se van moviendo, pero lo mínimo, y siempre de oca en oca y tiran porque les toca.

De esa forma, el PP no sólo ha sembrado un desconcierto interno en sus círculos monolíticos, no sólo se ha reído en toda la cara del pacto con Ciudadanos y no sólo ha dado munición a un agotado Podemos y a un obseso Pedro Sánchez, ¡no sólo!, también ha ofendido el subconsciente colectivo de los españoles más apolíticos. Pero no había nadie mejor en toda España para ese puesto que no fuese próximo al presidente de Gobierno, qué casualidad.

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