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Crónicas levantiscas
Juan M. Marqués Perales
¡Por fin la derecha!
Envío
Leo el titular de uno de esos periódicos de los que siempre se predicaba “de gran tirada”, hoy mustio collado: “El plan de Feijóo (¿de dónde habrá salido este acento incorrecto que todos perpetran?) para frenar la subida de Vox: no darle publicidad a Abascal”. No puedo pasar de las primeras líneas porque el texto es de pago y no está uno para tirar el dinero, poco o mucho. La ocurrencia de Feijóo (transijamos con el improcedente acento) me preocupa un poco y me divierte bastante. Me preocupa porque si esa es la estrategia del líder de la oposición respecto del único partido con el que podrá armar un gobierno, ya me dirán ustedes. Pero me divierte porque me imagino la agitación que habrá recorrido tantas redacciones ante tal consigna: hay que volver al silenciamiento –como si alguna vez se hubiera roto–, apretar las filas contra la noticia, contra la realidad que se nos cuela y su reflejo donde más duele a un partido que solo cree en la demoscopia desde los gloriosos tiempos de Arriola.
Santiago Abascal tiene enemigos como debe empeñarse en tenerlos cualquiera que aspire a ser algo en política. Fuera de eso no espera otro destino que el de un Espadas o un Moreno Bonilla, que se van y se irán sin dejar huella más que en listados olvidados de notables olvidables, pasto de prosopógrafos. Pero lo que nadie puede discutirle a Abascal, por más que se empeñen en ocultar el sol con las manos, es que estamos ante el líder más importante de la derecha española desde hace al menos dos décadas, desde los tiempos de Fraga y Aznar, con posibilidades ciertas de expandir su dominio hasta los últimos cincuenta años si, dada su juventud, consigue coronar la obra que comenzó en diciembre de 2013 con la cofundación de Vox. Y ello no por su sorprendente proyección internacional, que ha descolocado por completo al PP y tanto preocupa a la izquierda, sobre todo por haber hecho posible, con un trabajo pertinaz en medio de un hostigamiento general como no se recuerda, la construcción de un partido sobre un cuerpo de ideas hasta hace poco sepultado, y llevarlas a ocupar un lugar central en el debate político. Y con ellas, hacer visible a un gran sector social –la derecha sin más– cuya ausencia o marginación era una gran anomalía de la democracia española. Frente a eso, ¿qué debemos a Feijóo (el del inexplicable acento)?
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