Los botellones contra el Carnaval

El Palillero

28 de febrero 2025 - 03:05

Pasa con los botellones lo mismo que sucedió en la década pasada con las barbacoas del Trofeo. Comenzaron como una consecuencia de la fiesta. Sin embargo, terminaron por devorarla. De modo que las barbacoas del Trofeo pasaron a ser un inconveniente para la ciudad de Cádiz. El mismo Ayuntamiento, que las había alentado en los tiempos de Teófila Martínez, y trató de incorporarlas al Libro Guinness de los Récords, optó por reconducirlas. Y, cuando se vio que no era posible, se las cargaron (bien cargadas) en los tiempos de Kichi en la Alcaldía. Y ya a nadie se le ocurre recuperarlas. Pero el botellón del Carnaval resulta más difícil de prevenir.

Con las barbacoas muchos jóvenes del resto de Andalucía, sobre todo de las provincias de Cádiz y Sevilla, venían para emborracharse en la playa. Con la excusa del Carnaval, muchos jóvenes del resto de Andalucía (y no sólo de las provincias de Cádiz y Sevilla), vienen para emborracharse donde puedan. En este caso, en las calles del casco antiguo. En el centro histórico y en los barrios, especialmente en la Viña y el Mentidero.

En el origen del botellón está el alcoholismo, guste o no reconocerlo. Vivimos en una sociedad demasiado alcoholizada. Parece que no se puede celebrar una fiesta sin beber a lo grande. Ese uso social no es sólo de los jóvenes, que en algunos casos lo han aprendido de sus padres y madres. No vamos a pedir un Carnaval sin alcohol, porque sería utópico e irrealizable. Pero se debe advertir que para divertirse no hace falta emborracharse, sino más bien al revés. Y hay que tener educación y respeto. Por las personas, y también por el patrimonio artístico y el mobiliario urbano. Cádiz asume estos días convertirse en el basurero de Andalucía.

Y así hay escenas terroríficas, como la Catedral vallada para evitar el vandalismo. Sin entrar en su significado para el culto religioso, es el monumento principal de Cádiz y el más visitado por los turistas. Dejarla como en una cárcel es una medida bien asumida por el Ayuntamiento que preside Bruno García. Aunque es lamentable que necesiten llegar a esos extremos para garantizar algo que es de elemental civismo.

El alcalde ha dicho claramente que está en contra de los botellones. Los vecinos del Cádiz de intramuros, en su inmensa mayoría, también están en contra, porque soportan sus consecuencias. Según lo que ocurra este año, habrá que adoptar medidas de choque para que el Carnaval en la calle no pierda su esencia; ni se transforme, sin remedio, en un botellón con disfraces y muy poca vergüenza.

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