Cervantes y sus árabes

Puente de Ureña

26 de marzo 2025 - 06:00

En el Quijote, aparecen los moros como responsables de las narraciones del archifamoso caballero andante. En el Quijote, en sus inicios aparece el primer autor, el segundo autor, el traductor morisco y Cide Hamete Benengeli. Y ya se lía en una discusión de sí el que habla "en un lugar de la mancha…" es Cervantes, o es una mixtura Cide- Cervantes, o es Cide Hamete. Tenemos en primer lugar la versión truncada en ocho capítulos hecha por "el primer autor" y transcrita, se supone que fielmente y sin comentarios hasta donde termina, por el segundo autor, y este no se limita a transcribir, sino que comenta la traducción de su empleado, el morisco aljamiado, de una copia del original de Cide Hamete que dura hasta el fin de la Primera Parte.

Este segundo autor encuentra la Segunda Parte del original de Cide Hamete aunque no nos dice cómo, y manda una traducción que edita y comenta. El segundo autor, entonces, es responsable de todo lo que leemos: copia la traducción del primer traductor, y añade sus propios comentarios a la traducción del morisco aljamiado, sabiendo que todas las traducciones se remontan al original de Cide Hamete, (el aberengenado). Otro presunto narrador es el "desocupado lector" al que Cervantes al fin de la primera parte, le sugiere que: todo lo cual te esenta y hace libre de todo respecto y obligación, y, así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calunien.”

Pues, Avellaneda, en su Quijote plagiado, utiliza al sabio Alisolán, otro morisco, quien presenta sus disquisiciones: El nombre del sabio creado por Avellaneda ha sido, incluso, tratado en clave anagramática en pos del descubrimiento, mediante la aplicación de sutiles combinaciones, de un autor concreto.

El mismísimo Menéndez Pelayo no pudo sustraerse a la tentación, y creyó ver en el texto indicios que apuntaban al hecho de que el Quijote apócrifo fuera obra de Alonso Lamberto, escritor de la época aún no del todo bien conocido: ¿Y no dejaría el incógnito autor del Quijote alguna indicación de su persona en el texto de su mismo libro? [...]. Tal pensaba yo, cuando de pronto hirieron mi vista las primeras palabras del primer capítulo del falso Quijote, las cuales a la letra dicen así: "El sabio Alisolán, historiador no". Soy poco aficionado a los anagramas [...] pero éste, para casualidad, me parece mucho. En esas cinco palabras van embebidas las catorce letras del nombre y apellido de Alonso Lamberto, sin más diferencia que el haber cambiado la m en ene. Luego algo hicieron señalando a Tirso de Molina y, más tarde, Alisolan fue Argensolizado. Había visto al aragonés, escondido allí en la primera línea del Avellaneda, mirándome quieto, frío, sin parpadeo, como miran los lagartos, desde el misterio de su nombre y de sus tres apellidos: "El sa—bio Ali—Solan histori—ador". Con el leve cambio de lugar de una ene y de una erre, resulta: «el sa—bion Al—i —sola histori—ardo», es decir: las cuatro terminaciones del nombre y de los tres apellidos de Argensola el mozo: Gabri—el León—ardo Al—bion i Argén—sola, disimuladas en las cuatro terminaciones- de las cuatro primeras palabras del libro de Avellaneda: ...el ...ardo ...bion i ...sola. Y tomando el Al de Alisolán, y dándole su puesto lógico, queda:...el ardo ...Albion i ...sola.

Era el aragonés, el Argensola; de los tres, el más malo; el autor moderno, impertinente y disparatado, que no sabía el trabajo que costaba componer un libro, que no sabía el trabajo que costaba hinchar un perro. Arrojé el bastardo Quijote lejos de mí y me acosté en la cama. Mis nervios se habían agotado y mi espíritu se adormía con las últimas solicitaciones de una ira dulce, suave, melancólica. Los Argensola impidieron el crecimiento económico de Cervantes.

¿Cómo en la Isla? El olvido es el cieno de la tierra. Polvo que flota sin el sol. Nada entre nadie sin mañanas. Eco.

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