¡Por fin la derecha!

Crónicas levantiscas

27 de febrero 2025 - 03:05

La derecha es la hija de las revoluciones y la madre de su reacción. Se bautizó así por la ubicación diestra de sus diputados en la asamblea revolucionaria francesa, el partido de las tradiciones, del orden y de la propiedad privada que evolucionó hacia el liberalismo político y económico ante la ferocidad del Estado. Los crímenes del estallido soviético y la bota que el comunismo impuso sobre la mitad del Viejo Continente la cargó de razones. Ha tenido que ser la fundación de José María Aznar, la Faes, derecha pata negra, la que plante cara a Donald Trump en forma de un comunicado en el que trufa con humor la oposición “al cliente de Stormy Daniels”, a su política arancelaria y su apoyo al dictador que lidera la plutocracia rusa. Ni es moral lo de ir de actrices porno, ni liberal lo de castigar a los agricultores con barreras aduaneras ni de derechas lo de respaldar a este siniestro ex coronel de la KGB.

“Si estás en un sitio donde llaman al partido de Le Pen ultraderechita cobarde, preocúpate: ya sólo podrás competir con Gengis Kan”, aconseja la fundación de Aznar a los chicos de Vox, éstos que han participado en Washington en la convención ultra donde se alzan los brazos a la vez que aplauden el expansionismo del viejo imperio ruso. Abascal, “quintacolunista de Putin”. Ahí queda eso, Aznar ha impuesto su contundencia ante los titubeos de Alberto Núñez Feijóo, cuya principal aportación a esta crisis geoestratégica sideral es el consejo de apaciguar a Donald Trump.

La derecha alemana da otro ejemplo. Friderich Merz, futuro canciller democristiano, se ha marcado como objetivo reforzar a Europa para independizarla de Estados Unidos. No es lo mismo que lo sostenga un alemán que un francés. Desde De Gaulle, los francos recelan del tutelaje norteamericano, de ahí su propia carrera nuclear, pero en Alemania esto ha sido un tabú desde la Segunda Guerra Mundial, es un giro germano que se explica por el apoyo que Elon Musk y J.D. Vance han dado a los ultras de Alternativa para Alemania durante la reciente campaña electoral, pero también por convicciones. Ningún dirigente alemán se había atrevido a tanto.

Merz intentará gobernar con los socialdemócratas, porque los templados se pueden encontrar en el mismo arco en tiempos de mudanzas. La ultraderecha y la extrema izquierda, también, porque no se repelen, sino que se retroalimenta. Vox, hijo de Podemos y de la revolución catalana.

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