
Vía Augusta
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Insostenible
La aldaba
Toda la propaganda de la industria del cine que se ha pasado décadas exaltando el papel de los Estados Unidos como salvador del mundo se ha quedado en papel mojado. Aquellas películas se han quedado en un producto vintage. Forman parte de otra era, están hechas para otras generaciones. Los Estados Unidos se han olvidado de su responsabilidad en el mundo. Trump solo piensa de muros hacia dentro. Es más un CEO emborrachado en el bar de la última planta de la sede suntuosa de una gran compañía que un presidente al uso de la nación democrática más poderosa. El mundo es víctima de un populismo envalentonado, ayuno de decoro, pasado de rosca y chulesco. Más de 80 millones de norteamericanos así lo quisieron en las urnas en un momento delicado en el que Rusia está en manos de un megalómano con aires de grandeza y China es la amenaza cierta y silenciosa, la fiera que rumia, la tercera en discordia que saca tajada y come terreno. Sufrimos la tormenta perfecta desde una Europa que causa ternura cuando asegura tener un plan contra la guerra comercial emprendida anteanoche por el botarate de la Casa Blanca. Hacen falta cabezas cuerdas y políticos de mucha altura que sepan manejar la situación, que respondan a uno de esos perfiles que aparecen cada cincuenta años. España sufre la tormenta arancelaria con el Gobierno más débil de su historia democrática. Volvemos a los tiempos de aquellos lemas del campo para el que lo trabaja, consumamos productos exclusivamente nuestros y otras proclamas que pretenden salvar los muebles a costa de un empequeñecimiento. Tiempo de crisis, tiempo de poetas. Urge que los dos grandes partidos se pongan de acuerdo, se necesita salir de planteamientos pobres y de discursos huecos, coger altura y saber interpretar el tiempo de crisis que nos ha tocado vivir. Las plantillas que se han usado hasta ahora no sirven. No se trata de que los políticos procuren salvarse con comparecencias teatralizadas y revestidas de solemnidad. Se trata de salvar a las empresas. Y, por supuesto, la hora de que nos digan la verdad. Los Estados Unidos se han vuelto un Saturno dispuesto a devorar a los frágiles hijos de la vieja Europa. El terreno se ha quedado idóneo para el cultivo del estilo adolescente de una izquierda irresponsable. Ay, aquellos tiempos en que si los Estados Unidos se resfriaban, los españoles y el resto de europeos teníamos que meternos en la cama a sufrir una gripe de larga duración. De pronto debatimos cómo aumentar el gasto en Defensa y cómo hacer frente a la guerra comercial. Todo lo que era sólido se ha desmoronado. El tiempo está controlado por malvados. Y el tiempo nos ha alcanzado. El confort hay que trabajarlo a diario. El sistema soporta ya a duras penas a políticos frágiles. La crisis de 2008 arrasó varios gobiernos. El cambio brusco del escenario mundial cambiará muchas más cosas.
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