
La aldaba
Carlos Navarro Antolín
El fervor mitinero y el fervor tuitero
La aldaba
La vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, la lía parda en el mitin del congreso de los socialistas de Málaga con una soflama que cuestiona la presunción de inocencia y con otra en la que enfrenta modelos de universidades con argumentos que resultan cuando menos irresponsables. Ha marcado la actualidad nacional en el arranque de la semana. Es el peligro del populismo: abordar desde una perspectiva simple asuntos que son complejos y que merecerían, sin duda, un debate con rigor. También deben ser los efectos de combinar un puesto de alta representación institucional con el de candidata. La emoción, la aceleración y el fervor son malas influencias. El ministro Óscar Puente le arrea al alcalde de Sevilla en las redes sociales por la gansada de la carta en catalán, que realmente fue una gansada propia de la política fatua y efectista que nos lastra y que, por supuesto, no es patrimonio de ningún partido en exclusiva. El miembro más mostrenco del Gobierno de España sigue erre que erre a pesar del paso de los días. Resulta que el alcalde Oseluí le responde en el mismo foro. Sufrimos una política tan de baja estofa en la que no se ruega ya aquello de que te sujeten el cubata, sino directamente pareciera que te sueltan la advertencia en toda regla: “Eso no me lo dice usted en la red social Equis”. Nadie pone cordura, nadie eleva el nivel, nadie guarda el perfil institucional. Todos se sitúan por encima del cargo que ostentan temporalmente. Los temas de interés general son pisoteados en un mitin sin rigor alguno, o maltratados y manoseados en unas redes convertidas en fosas sépticas. Y son ministros del Reino de España y alcaldes de grandes ciudades a los que se debería exigir discursos más sólidos o reacciones más equilibradas, según los casos.
España es un gran patio de corral donde unos arrean a otros a la vista de todos. Y los arreados se levantan y cargan contra los primeros. Una cuestión importante y relevante para una sociedad como la necesidad de reforzar y potenciar la universidad pública se hace a costa de demonizar a las privadas aludiendo a que son una “amenaza para los hijos de los obreros”, “chiringuitos” o entidades “donde se compran los títulos”. Así, sin anestesia y desde el púlpito tronante de una Vicepresidencia del Gobierno. Sin analizar la razón por la que las privadas se han hecho un hueco en el negocio de la educación. Solo falta el palillo en la comisura y una alfombra de serrín en la taberna. El alcalde responde y se mete en el jardín contra el ministro de Transportes mientras otras ciudades andaluzas gobernadas por el PP han obtenido inversiones de su departamento. Pero sonriamos que huele a azahar, la marea de la primavera nos llevará a la playa serena de las tardes cada vez más largas y pronto viviremos otros fervores más edificantes: los de la pasión.
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