
Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Insostenible
LA anomalía que supone que varios ministros se mantengan en el Gobierno del Reino de España mientras ejercen la oposición a varios ejecutivos autonómicos del PP ha superado las cotas de lo sostenible. Acaba de demostrarlo en la semana para olvidar que ha protagonizado María Jesús Montero, claramente superada por la multiplicidad de cargos que encarna: vicepresidenta primera, ministra de Hacienda, vicesecretaria general del PSOE, secretaria general del PSOE-A y candidata socialista a la Junta de Andalucía.
El principal desatino fue cuestionar, para discrepar de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que absuelve al ex futbolista Dani Alves revocando la condena previa de la Audiencia de Barcelona por un delito de agresión sexual, la prevalencia de un principio básico de un Estado de derecho como es la presunción de inocencia frente a la denuncia de “mujeres jóvenes y valientes”. La soflama populista no tiene un pase hasta el punto de que tuvo que pedir disculpas aunque sin admitir del todo su responsabilidad: “Si de la literalidad de la expresión que utilicé se puede concluir que yo he puesto en cuestión ni más ni menos que la presunción de inocencia, que es un pilar de nuestro Estado de derecho, pues evidentemente la retiro y pido disculpas por esa expresión”. ¿Cabía otra conclusión acaso? Además de ser profundamente antidemocrático, su planteamiento refuta la estrategia de defensa de Sánchez en todos los casos de corrupción que afectan a su entorno familiar y político. Y quizás eso explique que tras tres días sin rectificar, lo hiciese finalmente a regañadientes.
En el caso de Montero es obvio que una agenda alocada le está pesando y dentro del PSOE preocupa que esté superada. Pero no es solo ese el problema: su censura a las universidades privadas es compartida por el Gobierno y ha sido incluso expresada por Sánchez personalmente. En el afán por crear polémicas artificiales que pongan en aprietos a los gobiernos autonómicos de Madrid y Andalucía se ataca y menosprecia a instituciones académicas, docentes y hasta alumnos. Y lo hace un Gobierno en el que varios ministros y el presidente tienen títulos expedidos por universidades privadas.
Son cortinas de humo para tapar lo importante: el Ejecutivo de Sánchez no gobierna, no es capaz de aprobar leyes porque ya no tiene una mayoría que le respalde y hasta se incumple la Constitución para no hacerlo evidente y se opta por ningunear al mismo Parlamento que legitima que se invistiera a Pedro Sánchez tras perder las elecciones.
La duplicidad de un Gobierno que hace la oposición a las autonomías es insostenible.
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