Montero intensa...

La esquina

05 de abril 2025 - 03:05

Es extraño que un líder político concite la unanimidad de jueces, fiscales, periodistas y contertulios. Unanimidad en su contra. Lo acaba de lograr María Jesús Montero, vicepresidenta, ministra de Hacienda, número dos del PSOE y secretaria general y candidata del PSOE andaluz a la Junta. La más poderosa después de Sánchez.

Ha rectificado –a regañadientes– el disparate que cometió al conocerse la absolución por el Tribunal Superior de Cataluña del futbolista Dani Alves, condenado en primera instancia por un delito de agresión sexual. Montero podría haber discrepado, como otra mucha gente, de la sentencia absolutoria diciendo algo así: no estoy de acuerdo con el tribunal porque no ha valorado suficientemente el testimonio de la joven denunciante de la violación.

Podría, sí, pero entonces Montero no sería Montero. He aquí lo que en realidad dijo: qué vergüenza que todavía se cuestione el testimonio de una víctima y se diga que la presunción de inocencia está por delante del testimonio de mujeres jóvenes, valientes, que deciden denunciar a los poderosos, a los grandes, a los famosos.

Un disparate, repito. La presunción de inocencia en materia penal está consagrada en la Constitución (artículo 24) y en todas las declaraciones de derechos humanos del mundo contemporáneo. No es para menos: es un pilar básico del Estado de Derecho y su implantación supuso un salto civilizatorio descomunal. Antes de él reinaban la arbitrariedad y la inquisición. Bastaba una denuncia anónima para conducir a alguien a las mazmorras y que fuera él o ella quien tuviera que demostrar que no era un sodomita o una bruja.

Por eso la inocencia presunta en un proceso penal va por delante de los testimonios acusatorios de las mujeres denunciantes, ya sean jóvenes y valientes o mayores y cobardes (y eventualmente, inmigrantes o menores, que también son colectivos vulnerables), y protegen a los imputados, ya sean poderosos, grandes y famosos o desposeídos, pequeños y anónimos. Es un derecho universal y preferente.

Pudiendo haberse opuesto a la sentencia de Alves con argumentos, mostrado solidaridad con la denunciante y confiado en que el Tribunal Supremo acabe condenándolo, María Jesús Montero prefirió secundar a Irene Montero cargando contra la Justicia machista (impartida, en este caso, por tres mujeres y un hombre). No quería ser menos intensa que la otra.

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