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Hablar sin descanso para la mente es un deporte peligroso porque se corre el riesgo de incurrir en errores incapacitantes, quien parlotea todos los días y todo el día deja de ser el guardián seguro de unas palabras que se toman libertades perversas ante el mínimo despiste. Hay charlatanes irredentos, como Donald Trump o Miguel Ángel Revilla, a quien el Emérito le ha dado cuerda para que lo entrevisten 100 veces más en El Hormiguero o en el programa sabatino de José Yélamo. Por favor, Majestad, llegue a un acuerdo en el acto de conciliación: qué inquisición más grande ésta de tener que escuchar otra vez la plasta cántabra del vendedor de anchoas.
María Jesús Montero dista de ser una charlatana, pero su grado de exposición es más que peligroso. El pasado fin de semana estuvo en la apertura de cuatro congresos provinciales del PSOE; comenzó el viernes en Huelva, el sábado viajó a Granada y a Jaén, y el domingo, a Málaga. Además de ser la líder del PSOE andaluz, es vicepresidenta del Gobierno, ministra de Hacienda y vicesecretaria general del PSOE, lo que le obliga, entre otros asuntos, a responder a las preguntas en el Congreso, a negociar in extremis con los socios de Sumar y los aliados de Junts, a controlar las cuentas del Estado y aplacar las trifulcas de las partidas balcánicas de su partido.
Así se explica que haya puesto el Estado de derecho del revés en uno de sus mítines al quejarse de que, en la sentencia del caso Alves, el tribunal hubiese priorizado la presunción de inocencia sobre la declaración de la víctima. Tal era la burrada que la vicepresidenta pidió disculpas dos días después, y lo hizo así: “En la literalidad de la expresión que utilicé se puede concluir que cuestioné la presunción de inocencia, pilar del Estado de derecho. La retiro y pido disculpas por ella”. Más allá de esta correcta rectificación, la vicepresidenta mantiene las críticas a la actuación del tribunal en un asunto tan delicado y técnico –hay dos sentencias, radicalmente, enfrentadas– que hubiera merecido una pensada antes de dar una opinión en un mitin.
Porque ésa es la equivocación de María Jesús Montero, por muy buenos equipos que tenga, por muy leales y preparados que estén, éstos no suplantan del todo a su persona, cualquiera de los tres cargos que ostenta requeriría otro sosiego. Montero no sólo va acelerada, además tiene que convencer al PSOE andaluz de una improbable victoria, un día de éstos va a petar.
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