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Hay una familia en Purullena, pequeño municipio de Granada, cuyos dos hijos aspiran a salir del pueblo para ir a la Universidad a estudiar Medicina y Enfermería. El otro día recibieron la visita del ministro Óscar Puente y éste relató sus aspiraciones en uno de los actos de partido del fin de semana, para poner en valor la educación superior pública como ascensor social. Sospecho que entonces ya sabía bastante de la polémica que se venía encima esta semana con la decisión del Gobierno de endurecer los requisitos para abrir y mantener universidades privadas en España.
El asunto, como es habitual, se ha convertido en un enfrentamiento de negras y blancas, sin espacio para lo gris, con un PSOE como inquisidor de la universidad privada y un PP que le pone la alfombra roja al capital. Esta polémica no es nueva en Andalucía, donde hay cinco universidades privadas, cuatro de ellas autorizadas por el Gobierno de Moreno Bonilla en los últimos años. Los rectores de las diez públicas ya se han pronunciado en varias ocasiones de forma muy dura contra la manga ancha de la Junta.
Pedro Mercado, el rector de Granada, una de las universidades españolas mejor situadas en los rankings internacionales, admite que cualquier iniciativa privada es legítima y constitucional pero insiste siempre en la necesidad de que todas, públicas y privadas, se manejen con las misma reglas del juego.
No acabo de ver el problema en endurecer los requisitos y que haya informes vinculantes, que sirvan para algo. Pero también hay que vigilar y cambiar muchas cosas en universidades públicas donde ni la docencia ni los apoyos a la investigación están a la altura. Mismas reglas para todos, universidades buenas y universidades excelentes; nunca malas, como se ha dicho.
La Junta de Andalucía ha defendido la creación de privadas en este territorio para retener o retornar a miles de estudiantes que se tienen que marchar fuera al no acceder a las públicas andaluzas. Para eso también ayudaría darles a éstas el apoyo necesario, sobre todo con la financiación. Esos chicos de Purullena tendrán que conseguir unas notas estratosféricas para aspirar a la universidad pública de su tierra. Para ser médico o enfermera ya no sirve de nada la vocación, ni basta con ser sólo un buen estudiante; ahora es imprescindible una nota de acceso casi milagrosa. La alternativa, para quien pueda, es pagar. Son esas notas de corte (la escasez de plazas) las que están poniendo el puente de plata a la privada.
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