
La aldaba
Carlos Navarro Antolín
El fervor mitinero y el fervor tuitero
Alto y claro
EN su nuevo cometido de líder de los socialistas andaluces y candidata a la Presidencia de la Junta, María Jesús Montero se está encontrando con dos problemas. Y los dos los está gestionando bastante mal. El primero, es el exceso de funciones: atender al mismo tiempo la Vicepresidencia del Gobierno y el Ministerio de Hacienda, el más complicado del Ejecutivo, y su dedicación política a Andalucía es una tarea que va más allá de lo que es exigible a una persona. Incluso para Montero, que ha demostrado a lo largo de su ya muy dilatada trayectoria pública que tiene una enorme capacidad de dedicación y que es persona a la que no acobardan los retos. El segundo, consecuencia del anterior, es que está sometida a una sobreexposición mediática que la obliga a hablar todo el tiempo sobre todos los asuntos. Es muy difícil con tanto micrófono por delante no meter la pata más pronto o más tarde. Si a eso se añade una personalidad expansiva y una necesidad permanente de llamar la atención, la cosa se complica todavía más.
Es lo que le acaba de suceder. Sus declaraciones del fin de semana sobre la presunción de inocencia y la sentencia sobre la acusación de violación contra el futbolista Dani Alves no tienen un pase, ni siquiera en el calor de un enfado que podría ser hasta comprensible. Es sencillamente una aberración en boca de una de las principales figuras políticas del país por los cargos que ocupa. La propia interesada ha venido a reconocerlo en una rectificación que ha llegado tarde, tres días después, y que se ha quedado a medias. Si a ello se une la atropellada frase de que las universidades privadas son un atentado a la clase trabajadora, hay que concluir que María Jesús Montero no ha tenido unos días, por decirlo con palabras suaves, demasiado afortunados.
Ella misma, o alguien de su entorno más próximo, debería de iniciar una reflexión sobre si su desembarco en Andalucía está alcanzando los objetivos con los que había sido diseñado. Si estos eran, de entrada, menoscabar la base electoral de Juanma Moreno y ponerlo nervioso para que cometiera errores, no parece que se estén cumpliendo. El presidente de la Junta ha recibido a su nueva rival reforzando su papel, quizás demasiado impostado, de hombre tranquilo, dialogante y que no levanta la voz.
Por lo visto hasta hora, parece que los errores los ha cometido Montero. Quizás un poco de sosiego, incluso en los momentos de mayor excitación mitinera, sería una forma de empezar a corregir el rumbo.
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