Trump y la diabetes

Quizás

04 de abril 2025 - 03:03

Los demócratas tenemos un enemigo extraordinario en la figura, el pensamiento y las acciones deTrump. A Trump no le gusta la democracia, le molestan sus procedimientos, a los que considera lentos y complicados, cree que si le dejan dirigir su país del mismo modo que lo hace en sus negocios, todo irá mejor. Y muchos norteamericanos hartos de que sus dirigentes fuesen ineficaces a la hora de resolverles los problemas del día a día, han comprado el argumento. Los políticos profesionales y con ellos los funcionarios, docentes y universidades entre otros, son innecesarios, y la solución está en gestionar el mundo de igual forma que él lo hace con sus lujosos hoteles.

Añadamos a esto el miedo que la sociedad actual, sin fronteras y dominado por tecnologías supranacionales al alcance de todo tipo de razas y creencias, provoca en las clases medias cristianas, blancas y occidentales por la pérdida de la hegemonía que han disfrutado históricamente; y tendremos el resultado de un presidente condenado por delitos fiscales y probado mentiroso compulsivo, al mando de nuestro presente y futuro. Todo mientras enfrente los demócratas se alejan, envueltos en un inaceptable sentimiento de superioridad de la vida real de las clases medias y más humildes de la sociedad. Entonces llega alguien que exhibe la buena marcha de sus negocios, que promete seguridad y prosperidad, ahorro de costes innecesarios y contundencia ante la delincuencia; y aunque todo esté basado en mentiras, ingentes cantidades de dinero, y en el apoyo directo de los enemigos de la democracia liberal como la Rusia de Putin; gana con el apoyo mayoritario de sus compatriotas.

Prometió parar guerras en semanas. No lo ha hecho. El comercio mundial se ha llenado de aranceles que acarrean ya un significativo encarecimiento de la vida y una pérdida de puestos de trabajo que hacen que la recesión se agrande en el horizonte. Europa o Canadá ya no consideran a EEUU el líder en quien confiar. En Gaza continua el genocidio. La Europa social que tuvo dos guerras mundiales el siglo pasado, ahora sólo habla de rearmarse. En Groenlandia tiemblan y no es por el frío. No es un problema que nos sea ajeno, Trump está cambiando el mundo, también el nuestro. La sociedad civil que cree en la democracia, la solidaridad y la educación, tiene que quitarse las telarañas y movilizarse. En California, pero también aquí. Porque el ideario de Trump, como la diabetes, es una enfermedad silenciosa.

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