La venganza de América

¡Oh, Fabio!

04 de abril 2025 - 03:03

Trump, como diría Braudel, no es más que la espuma de la historia producida por corrientes profundas que se nos escapan. Un arcángel iracundo enviado por algún dios rencoroso, si queremos ponernos tremebundos. O una marioneta movida por el antiquísimo aleteo de una mariposa. Tomemos por ejemplo su antieuropeísmo. Probablemente tenga la misma raíz que el anticolonialismo de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Son dos personas muy distintas que, sin embargo, comparten un extraño odio al Viejo Continente. Es cierto que el de Sheinbaum se limita a las furibundas prédicas antiespañolas, pero es que no puede hacer otra cosa. A los pobres no les queda otra arma que la impotencia. Trump, sin embargo, sí puede hacer mucho daño. Privilegios de rico. Ha comprendido que la UE es mucho más dependiente de la economía internacional que EEUU y está dispuesta a volarla para eliminar de una vez a esa señorita de la historia que es Europa desde el siglo XV. Trump, que probablemente es un supremacista del tebeo, no sabe que es el ángel vengador de los pueblos derrotados y oprimidos del mundo y la historia. Incluso de China, su próximo contendiente en el campo del honor. Con Europa no acabarán las lanzas zulúes, sino las casacas azules.

Pese a que nos han intentado convencer de lo contrario, EEUU siempre tuvo vocación imperial. Lean el libro de Pekka Hämäläinen Continente indígena. La implacable pugna por Norteamérica (Desperta Ferro) y lo comprenderán. Pero el país nacido de las doce colonias cometió un error. Nunca mató a la madre, de nombre Europa. Y ya es hora. Trump no es un aislacionista, sino un imperialista llamado a culminar el destino manifiesto del Mayflower. El rubio es el brazo vengador de la América blanca. God kill Europe.

Trump es también una herramienta de no sabemos qué poderes para descoyuntarlo todo. Con su llegada, el mundo se ha invertido. La izquierda se ha hecho atlantista, librecambista y visita al Santo Padre con sonrisa beatífica. Está ahora más cerca de Churchill que de Marx. La derecha, por su parte, se está volviendo a escindir en dos grandes continentes, como fueron nuestros liberales y carlistas en el siglo XIX. Es muy difícil que se vuelvan a encontrar.

No sabemos si mejor o peor, pero estamos asistiendo al nacimiento de un Nuevo Mundo. Como en el siglo XV. Pero esta vez no será Europa la que mandará.

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