Francisco J. Ferraro

Una oportunidad para Europa

La tribuna

11743956 2025-04-06
Una oportunidad para Europa

06 de abril 2025 - 03:05

Las medidas arancelarias de Donald Trump han provocado una sensación de caos económico en el mundo. Trump ha justificado su iniciativa con reproches a la práctica totalidad de los países por aprovecharse de Estados Unidos, pero, aunque en el fondo los déficit comercial y presupuestario se encuentran en su argumentario, la motivación más inmediata de este showman televisivo es que el mundo entero esté pendiente de él. Con la presentación de las medidas desde la rosaleda de la Casa Blanca, Trump ha querido poner de manifiesto su poder disruptivo. Poder que quiere refrendar los próximos días poniendo en cola a todos los países en demanda de rebajas, como expone con claridad: “Todos los países nos llaman. (…) Ahora harán cualquier cosa por nosotros”, y negociará con cada país aranceles con concesiones políticas, regulatorias y territoriales. Por tanto, los efectos de las subidas arancelarias no se pueden precisar porque dependerán de los resultados finales de este mercadeo casi universal. No obstante, serán negativos porque habrán dinamitado el orden comercial multilateral conseguido durante décadas de negociaciones, y porque la inseguridad se ha instalado en los mercados, con caídas generalizadas de las bolsas y con aplazamiento de inversiones y proyectos empresariales.

A pesar de esta inseguridad y de los efectos muy negativos en algunos países, no se espera que la guerra comercial provoque impactos macroeconómicos graves. Se apunta a una posible reducción del crecimiento mundial previsto del PIB inferior al 1%, que aumente la inflación en medio punto y que provoque una notable reducción del comercio internacional.

En Europa el impacto en el PIB sería algo inferior a la media mundial (hasta un 0,4%), aunque en Alemania puede ser más intenso por la dependencia de sus exportaciones, singularmente automovilísticas. Y en España aún inferior (entre el 0,11 y el 0,27% según estimaciones del Banco de España y la Cámara de Comercio de España respectivamente) por la menor dependencia de las exportaciones a Estados Unidos, aunque las producciones más expuestas (aceite, vinos, acero, aluminio, maquinaria y material eléctrico, química y farmacéutica) la sufrirán con más intensidad, a falta de las preceptivas negociaciones y la búsqueda de mercados alternativos.

En cualquier caso, lo más grave de la iniciativa trumpiana es la intención de promover una guerra comercial basada en falacias y ayuna de racionalidad económica que provocan una incertidumbre generalizada. Iniciativa económica que se suma a otros comportamientos perturbadores del gobierno de Trump, como su apoyo sin límite a Netanyahu en las matanzas y estrategia de anexión de Gaza y Cisjordania, el pretendido entendimiento con Putin en detrimento de Ucrania con sus intenciones depredadoras, el desprecio a sus aliados europeos y a la viabilidad de la OTAN y otros muchos gestos contrarios al orden internacional, en el que Estados Unidos, con sus aliados occidentales, ha sido el referente democrático de un mundo basado en acuerdos e instituciones multilaterales.

En este marco de creciente desconfianza internacional hacia Estados Unidos, la Unión Europea debe afirmarse en sus valores de referente de la democracia liberal, la cultura, la solidaridad y la civilización occidental. Sus restricciones son conocidas (mosaico plurinacional, economía no suficientemente competitiva, hiperregulación, ausencia de seguridad propia, abultado gasto público), pero también es conocido que las crisis han sido históricamente un acicate para avanzar en la integración europea, y ahora, aunque no nos encontremos ante una crisis económica, hay una conciencia de crisis que, según se desprende de las encuestas, se atribuye a orígenes externos (Trump, Putin), por lo que la mayoría de los europeos entiende que se debe responder con más unidad y aceptando sufrir algunas restricciones. Un marco social favorable a aumentar la integración, que se complementa con algunos líderes europeos (Macron, Merz, Starmer, Tusk) que apuestan por hacer frente a los retos del presente unidos. Entre ellos, dos retos parecen urgentes: el primero, una negociación de la Comisión Europea (sin interferencias gubernamentales) de las medidas arancelarias basada en contramedidas, y también regulatorias de los servicios tecnológicos; y el segundo, en materia de defensa, para lo que sería conveniente acelerar los pasos para ir construyendo una defensa europea en un marco de mayor integración política, pues solo con un ejército bien pertrechado con una unidad de mando militar europeo, la UE será percibida como un actor geopolítico relevante en el mundo. Abordar estos retos no será gratuito, pero los ciudadanos europeos los apoyarán mayoritariamente si tienen al frente a políticos audaces y responsables.

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